Tal cual si fuese un doloroso malestar estomacal que se anida en lo profundo de las entrañas cuando se carga con tanto remordimiento y arrepentimiento, se presentaba en Marco al remembrar todo lo sucedido aquella tarde donde casi arrollo a Michelle y el, sin saber la razón, reacciono de la peor forma posible, escapando.
De ninguna forma lo habia pasado bien desde aquel momento.
Su mente no encontraba el suficiente interés en la clase, se pulverizaban sus intentos por concentrarse en ella. Todo lo que le pasaba por la cabeza se tornaba en todo lo sucedido desde entonces.
Esa noche en casa, despues del accidente en moto, lo tuvo al borde de perder la cabeza. Por fortuna sus padres no llegarían hasta más tarde cuando él se encontraría mejor. Sin embargo, la paranoia le perseguía, le atacaba, no porque lo descubrieran, sino por la vergüenza de no haber hecho lo correcto.
Metio la motocicleta lo más rapido que pudo a la cochera y cerro, angustiado, esperando que nadie lo hubiera visto. Quitarse el casco le costó trabajo por lo temblorosas de sus manos. Subio a toda velocidad a su habitación, se encerró y se sentó en la orilla de su cama. El color amarillo de sus paredes contrastaba con el rojo carmesí del tapete del piso y colocando las manos en la cabeza, dirigió la mirada a esa fibra felpuda que parecía absorber sus pies.
Marco estaba en shock, el miedo lo invadía, sus ojos lo transmitían, abiertos como nunca; la vergüenza le conquistaba el rostro con una mueca desencajada y la preocupación le gobernaba el pulso, sentía que la sangre le reventaría la cabeza.
Sin saber cuánto tiempo paso asi, absorto, con los pensamientos aglutinados, reviviendo la escena, las emociones que se repetían una y otra vez a la par de los sobresaltos de adrenalina y conmoción.
De pronto, rompió en un llanto mudo, no se percató como le rodaban las copiosas lagrimas sobre las mejillas y comenzaban a dejar una marca oscura en el tapete rojo que parecía adquirir un color nuevo cada que unas de ellas eran absorbidas. Fue hasta que la nariz se le constipaba agudamente por ello y entonces comenzó a oir sus sollozos censurados. Se deslizo de la orilla de cama sobre sus piernas y dejo, dócilmente que el lamento lo tomara y le arrebatara de las garras del miedo, la vergüenza y la preocupación.
Encontró esa sórdida especie de paz cuando las lágrimas le lavaban esas crueles emociones, comenzó regresar la razon a él.
"No sé cómo pude ser tan tonto. -aspiro con dificultad- ¡Debí haberme quedado! ¡¿Y si está más que herida?! -el mero pensamiento lo disparaba a la locura- No. -se dijo con un poco de calma- La cara de Bazan no era de tanta alarma, -recordó con el mayor detalle el momento- se tomó la molestia de mirarme "así". Si hubiese sido... -titubeo, no quizo rozar nuevamente la oscuridad- otra cosa, no lo habría hecho. -Sentencio buscando mayor seguridad- Si no fue grave, no creo que haya alguna investigación o algo asi. -Necesitaba reconfortarse- Es imposible que me puedan reconocer con el casco y ademas aún no tiene placas la motocicleta. -Eso ultimo le dio más animo- ¡Sí! ¡Asi es!"
Por un rato todo ese dialogo interno le ayudo a cambiarse de ropa, recuperar un semblante más normal y poder pensar mejor. Aun con ello no logro controlar el pensamiento que le decia que habia sido un cobarde, un pusilánime. Si se desconcentraba ese pensamiento le hacía tanto daño que podria volver a ese estado de shock, no podia permitirlo asi que lo mantuvo a raya.
Esa noche pudo actuar con cierta normalidad con sus padres, pero al momento de la noche para dormir, no le dio el refugio que creyó tener y cabildeando entre posibilidades, miedo, vergüenza y preocupación se pasó la noche sin mayor descanso.
Al día siguiente fue a la escuela, ni de broma llevaría la motocicleta, eso lo delataría, prefirió caminar. Hizo todo lo posible por lucir normal, y la cotidianidad y el trato de sus compañeros lo hicieron más facil. No compartía clase alguna con Michelle, salvo el taller de recuperación donde solo habían cruzado miradas y una que otra palabra, nada profundo, la rubia le era algo insoportable. El saber que tendría que verla ahi y tal vez cruzar palabra lo tenían mas que nervioso.
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Promesas Rotas
RomanceHay personas que aprenden a hacerse invisibles para sobrevivir. Remy Bazán es una de ellas. En el último rincón del salón de clases, un chico que escribe lo que no puede decir ha construido muros tan altos que ya ni él mismo recuerda cómo se ve el m...
