- PRÓLOGO -

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De pie con ceño serio, recargado en el umbral de la puerta de la casa el paramédico aun con su maletín de primeros auxilios con la otra mano miraba hacia dentro.

Un sabor amargo en el paladar le persistía. Él ya tenía años en esa profesión y en su trayectoria muchas experiencias tan extrañas como bizarras le fueron puestas a sus ojos. Pero esa tarde en esa casa, la escena no la podía superar.

- Tenemos que irnos. -su compañera de ambulancia le informo sin anunciarse-

El paramédico no la miró, siguió observando hacia adentro de la casa. Ello atrajo la curiosidad de su compañera.

- ¿Qué sucede? -se unió a ver lo que tenía a su compañero tan absorto-

Alzando la barbilla y girando el cuello primero a la izquierda, luego a la derecha, la paramédico buscaba aquello, pero no había nada extraño. En otras llamadas que atendieron llegó a existir imágenes dantescas llenas de sangre o extremadamente dolorosas, esta no era así.

Al notar que su compañera intentaba detectar lo que tenía captada toda su atención y no le era posible descifrar, el paramédico dijo.

- Es el niño. -trago saliva- No se ha despegado de ella.

Ya entendiendo, su compañera miró al niño de cinco o seis años con uniforme de kinder. Sentado a lado del sofá donde se encontraba la occisa, con las piernas recogidas, abrazadas por sus brazos. Dejó de mirarlo y puso su atención en su compañero.

- No hay nada que hacer... -suspiro- La llamada llegó muy tarde. -sentenciò ella-

- Si, lo sé. -hizo una mueca de dolor- Ese niño... dejó de llorar hace rato y ahora su mirada...

Se separó del umbral y se pasó la mano por el cabello en gesto desesperado.

- Está en shock... es un niño... -su compañera busco razonar con el paramédico-
- También lo sé... Es su mirada... en todos estos años...

Mordiéndose el labio afino la mirada al niño, impotente, desconsolado. Como si desatara de un grillete dio un paso dentro de la casa y se acercó al niño. Se puso en cuclillas y le habló.

- Hola pequeño... -titubeo- ¿Estas bien? -no obtuvo respuesta-

El paramédico miró a su alrededor, el padre del niño no estaba en la habitación, la policía estaba con él en el jardín detrás de la casa.

- ¿Hay alguien a quien pueda buscar para ti? -se dirigió nuevamente al niño-

La infinita misericordia del paramédico bañaban al niño, que parecía que sus palabras le tardaban en llegar. Finalmente el niño alzó la vista para encontrarse con sus ojos. "Nunca podré olvidar esa mirada", pensó para sus adentros.
El niño negó con la cabeza a la pregunta.

- Lo siento mucho, pequeño... -se le formaba un nudo en la garganta- De verdad lo siento. -el niño regresó la mirada a la nada-

Con suavidad se puso de pie y se reunió con su compañera en la puerta de la casa.

- Él va a estar bien, los niños son resilientes. -aun miraba con sorpresa a su compañero que siempre había mostrado un gran temple para los casos más difíciles-

Regresó la vista por última vez al niño que seguía inmovil donde tenía mucho rato y miró a su compañera.

- Tú sabes que hemos visto tantas cosas... -suspiro-

- Claro que sí... -respondió ella y comenzaron a salir del pórtico de la casa dirigiéndose a su ambulancia-

- Es solo que sus ojitos... -mientras decía eso los de él se aguaban- su mirada... Dios...

- ¿Que paso? -se impacientaba su compañera- ¿Qué viste?

Se detuvieron al llegar a las puertas traseras de la ambulancia, él jalaba aire, no quería llorar.

- En todos estos años... nunca había visto esa mirada...

- ¿Cual mirada? -su compañera cuestionaba-

- Una tan inocente... una mirada que sabe ha perdido todo.

Sabía que su compañero no era de corazón frágil, pero lo que le relataba era sorprendente viniendo de él, no lo comprendía.

- Vamos. -le puso una mano en el hombro- Va a estar bien... aún le queda el resto de su familia... -apretó el hombro del fornido paramedico-

- Perdió a su madre... a esa edad... ¿Cómo te recuperas de eso?

La paramedico abrió las puertas y tomó de la mano de su compañero el maletín y lo puso dentro mientras él lucía desencajado ante aquel niño que ahora era huérfano de madre.

- Tenemos que irnos. -repitió su compañera- Hay que reportarnos a la base.

- Perdón... -la miro a la cara- No sé... mirar a un niño así de inocente perder a su madre me obligo a hacerme tantas preguntas... -apretó los labios antes de terminar- ¿Qué sentido tiene tu vida si perdiste a la persona que mas te amaba, a la que tu mas amas cuando todavía no entiendes nada de la vida?

Promesas RotasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora