El eco de sus propios pasos era amortiguado por la espesa neblina que la rodeaba. A pesar de que el lugar estaba iluminado, no podía ver nada, esa niebla no le dejaba. Siguió caminando con cautela, esperando una escalera, un mueble, algo que ella no fuera capaz de ver y le hiciera tropezar. Pero, nada, solo ella y el eco acolchado de sus pasos; la neblina no cedía, al contrario, parecía más espesa y si fuera así, tampoco sabría si lo era, solo podía vislumbrar esa iluminación lechosa a todos lados donde ella girara.
"¿Estaré muerta?", no con angustia, con calma se preguntó. Se detuvo un momento para sopesar esa cuestión. Sin embargo, algo le decía que no era así, comenzó a racionalizar y algo dentro de ella le decía que no era eso por lo que se encontraba ahí. Podía verse las manos y su esbelta figura, vestía la bata de laboratorio y así recordó. "¡Algo exploto en el laboratorio!", exclamó con preocupación, "¡Me exploto a mí!", con alarma chillo. Pamela recordó que el matraz le había explotado a ella, también recordó que no traía puestas las gafas protectoras y se preguntó nuevamente si no había muerto, pero mientras el pensamiento le pasaba por la mente de repente pudo sentir y ver como alguien le pasaba a un lado y casi le tocaba el hombro. Instintivamente, ella corrió tras de él y grito un "espera", aunque se esforzó no lograba alcanzarlo, estiró su brazo en un último intento por lograrlo, pero se desvaneció en la blancuzca neblina.
Jadeando se detuvo y puso las manos en sus rodillas para poder recuperarse, justamente cuando escucho: "Vamos gatita, tú puedes alcanzarme". De golpe, como si de un resorte se tratara, Pamela se irguió y sintió un mareo repentino. Miro a esa estéril nada, con los ojos perdidos, ella sabía a quién pertenecía esa voz, "Si estoy muerta..." su rostro empezó a constiparse.
Solo una persona le había llamado así con tanto cariño. Un lejano y tenue eco se oyó nuevamente, alguien se acercaba, ella se petrifico. Aun sin poder ver nada, ella sabía quién era "ese" que a cada paso estaba más cerca de ella. Sus ojos se aguaron, no tenía miedo. Si ya se había terminado todo para ella, el que "él" llegara por ella para acompañarla hasta la eternidad, no sería menos que una bendición. Y de la sorpresa una alegría emergió en su vientre. Ahí estaba, de frente como la última vez que lo pudo mirar de así.
Era más alto que ella de cabello negro y una frente cuadrada, era mayor que ella y sus facciones eran las de un chico guapo. Ella le tocó con la mano temblorosa la mejilla para saber si estaba realmente ahí o era un fantasma. Él la miró, la tomó por la cintura con la confianza y naturalidad que Pamela casi había olvidado, su cuerpo se tornó ligero y lo abrazó con ambos brazos, lo atrajo a ella y ella a él para fundirse en uno solo. Si así era como terminaba todo, con el chico que ella había amado más en la vida, todo estaba bien para ella, se marcharía en paz. Cerró los ojos, buscando que ese abrazo nunca se terminara.
Abrió los ojos, después de lo que para ella pudieron ser horas, los párpados le pesaban mucho era por que algo no le permitía poder abrir los ojos, era algo suave, una súbita irritación le recorrió el rostro, picaba y le ardía.
- No te muevas. -una desconocida voz masculina le ordenó- No te toques la cara, tienes vendajes en casi todo el rostro, no te preocupes.
No emitió ninguna respuesta, pero se asustó. Había salido de un abrazo que pareció eterno con "él", dándole tanta paz y de pronto despertó y no sabía que estaba pasando.
- Tranquila Pamy. -inmediatamente reconoció la voz de su padre, en tono reconfortante le hablaba- Todo está bien, son solo precauciones.
El suave tacto de la mano de su madre le llegó cuando le tomó el brazo, era ella sin duda.
- Mi niña... -la voz tranquila de su madre le llegaba- Estas en el hospital y estamos contigo, no hay nada de qué preocuparse.
Sus padres estaban ahí y ello la confortaba, pero al mismo tiempo no podía parar de pensar que todo era serio, ¿qué le había pasado? "¡Mi cara!" exclamó con miedo, le ardía, "¿Estaré desfigurada?" o peor aún se preguntó, "¿Quedare ciega?" En un milisegundo esas y otras preguntas más le recorrieron el pensamiento, y el miedo le recorría el alma.
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Promesas Rotas
RomanceHay personas que aprenden a hacerse invisibles para sobrevivir. Remy Bazán es una de ellas. En el último rincón del salón de clases, un chico que escribe lo que no puede decir ha construido muros tan altos que ya ni él mismo recuerda cómo se ve el m...
