-XXXV-

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Aun siendo temprano, con la ausencia de los rayos matinales, una vez más, esperando en una corta fila, por su expreso doble con leche de dieta y un "shot" de vainilla, dentro de la cafetería de la sirena donde conoció a un cortes chico que se ofrecio a pagarle su bebida por el olvido de su cartera, Pamela aguardaba, meditabunda. No le habia sido facil conciliar el sueño la noche anterior, el dilema en que se encontraba no salía de su mente. Esa mañana, se esforzó por salir temprano, estar lista pues deseaba ser el primer rostro que Lorgia mirara en la escuela; aun no habia decidido si debía contar todo o no; pero no podia permitir que alguien lo hiciera por ella y por mucho que lo negara, temía por la reacción de su amiga. Nunca habia tenido un conflicto con Lorgia y no deseaba que, por un chico, tuvieran diferencia alguna, apreciaba mucho la relacion con Lorgia. Sin embargo, se detuvo a pensar si sería mejor renunciar a Remy, un rotundo "No" se soltó de inmediato en su reflexión, no quiso darle mucho espacio a ese pensamiento, no queria saber hasta dónde podría llegar lo que estaba sintiendo por el joven escritor.

Ya hace mucho tiempo se habia prometido que no entregaría su corazon a otro hombre, que todos eran iguales y de pronto Remy se asomó en su vida y lo deseo para ella, no habia recapacitado ¿para qué? pero lo queria. Cuando entro a la vida de él, todo cambio, lo miro... "puro", se dijo, "No es como los demas" y en efecto no lo era, el problema era que no era la única que lo habia notado, primero fue la rubia descarada que lo encontró y lo saco a lucir de ese lúgubre lugar donde habitaba apartado del foco del interés de cualquiera del ecosistema de la escuela. Al principio, Pamela pensó que era todo obra de Michelle, que habia maquinado todo para que el relumbrara, pero ¡oh sorpresa! no habia sido asi. Ahora, era el objeto de deseo de tres de las chicas más relevantes de la escuela, claro estaba, que si Michelle era relevante solo era por lo descarada, revoltosa y escandalosa que ella era, juzgo Pamela.

De la meditación que la tenía absorta, una voz la saco, la llamaban a tomar su orden de una mano desconocida; miro su blanco reloj de numeros en pedrería rosa, para darse cuenta de que aún tenía tiempo de más, movió su cabellera al respingar la nariz con tono de desaire y se sentó en la silla más cercana, con un silencio, solo interrumpido por el chocar de tazas y el sisante murmullo de la máquina de expreso, solo ella y un par de alejadas personas se encontraban en la cafetería, Se sentó en la tercera mesa del lugar, una simple mesa de madera rubia con forma redonda que ya habia visto sus mejores momentos.

Despues de poner sus bebidas en ella, dejo la palma de la mano sobre la superficie ya no tan tersa como una vez fue. Al tocarla, dejo que la finura de sus dedos en la madera como una caricia, lentamente cada uno de ellos llegaron al borde como si se aferraran a romper el contacto. Un disimulado suspiro lanzo ahogando lo que su corazon le estaba recordando. Los castaños ojos de la morena se cerraron un momento.

"Hoy hace tres años..." -en voz baja, muy baja, como si elevara una plegaria dijo. Una serie de recuerdos se apoderaron de su pensamiento. Ya hacía mucho les habia retirado el poder que tenían sobre ella, no podían herirle.

De un talante sofisticado y altivo, todos en la escuela, podrían definir a la sexy morena, Pamela. Demandante, inalcanzable, caprichosa y elitista, eran adjetivos asociados comúnmente a ella, su reputación era intachable incluso en su aprovechamiento escolar; las chicas deseaban estar cerca de ella, los chicos suspiraban cuando la miraban y sus miradas se fijaban en ella. Todo ello, ella lo sabía, era inteligente para sacar provecho de eso. Si bien Pamela sabia manipular a los hombres, cosa que desde más joven se dio cuenta que podia hacer, definir que la mayoria de los hombres eran iguales, no era fortuito, nada de ello fue un regalo. Esa reputación no era gratuita. Tener una relación amistosa con Lorgia tampoco lo era.

Como cualquiera de nosotros, ella tambien sufrió. Hubo aquel que le rompió el corazon; pero como muchos en la adolescencia, ella guardo silencio, no lo compartió, lo conservo para sí, pues lo vivido, "Hoy hace tres años", no fue un simple romance juvenil que termino con un abusado y un abusivo, ni por mentiras o por deslealtad, no. Solo Pamela entendió que lo vivido no podia derrotarla, que debería ser fuerte, mejorar, evitar los riesgos del corazón y aparentemente lo logro. Con solemnidad, tomo asiento en ese lugar en la cafetería, acaricio la mesa que tenía mucha historia para ella, le rindió honor, por quien ya no estaba y dio un corto sorbo a su expreso doble con leche de dieta como si de un brindis se tratara.

Promesas RotasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora