-XLIV-

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La mañana discurría como de costumbre, maestros entraban, maestros salian.

Esa mañana en el salón de clase, Lorgia se encontraba sentada en su habitual lugar dando una revisión a los apuntes recién realizados, enfocada como siempre. Esa mañana había recibido una noticia que no le tenía tan emocionada como se esperaría. Una de sus compañeras de clase le dijo que ese día, viernes, le celebrarían una fiesta por su regreso. Claro que le gustaba divertirse, pero en ese momento habían varios temas que tenía entre manos; los exámenes finales estaban a menos de dos semanas de distancia, aunque no le estaba siendo difícil ponerse al corriente le estaba dedicando todo su tiempo libre a ello, los clubes que presidia estaban a punto de cerrar actividades por el fin de semestre, Pamela le absorbía tiempo para ayudarla con algunos temas que no estaba entendiendo y ese era su ultimo semestre, ella se graduaría y aún tenían pendiente ir a comprar su vestido para eso. Y luego estaba el tema de la rubia.

Muy a pesar de sus bajas expectativas ante el compromiso de Michelle a su pedido de ayuda y las condiciones que Lorgia le había impuesto, ella se estaba comportando sorprendentemente bien. Estaba buscando un psicoterapeuta ya, pero sin mucho éxito, le dio tres días más, y si no la llevaría con Elia, le marcaría para saber si tenía agenda para la rubia y le adelantaría cuál era el caso. Otra tarea más por realizar. Michelle se estaba esforzando en sus trabajos del taller de recuperación, estaba ocupada y sin pensamientos que no le traía ningún provecho, pero todo ese progreso se estaba orquestando por la guia de Lorgia, la rubia le buscaba a menudo después de la escuela para pedirle consejo. Lo que más trabajo le estaba dando con la rubia era el caso de Marco, parecía no entender la negativa de Michelle y si no se resolvía pronto, sería un problema mas por resolver, era probable que tuviera que intervenir.

De tal modo que no tenía tiempo para una fiesta en su honor, pero igual no podía negarse porque sus demas amigas y amigas de su circulo social tambien estaban padeciendo toda la falta de atención y tiempo que estaba poniendo en esos asuntos y Lorgia, tenía que retribuirlos. Como siempre, no se amilanó por ese pequeño reto y resolvió que lograría todo como siempre.

Aspiró con seguridad y alzó la barbilla para ver a Pamela entrar al salón de clase.



En la puerta del salón, la figura atractiva de la morenita se presentaba. Faltaba poco ya. Eran sus últimas semanas en la preparatoria y la graduación estaba muy cerca, los exámenes finales pronto. Pamela entró en su característico estilo de la moda. Medio salon la miro entrar en unas botas largas amarillas y unas mallas blancas y un sueter negro que lucia muy abrigador por las frescas temperaturas del otoño.

Estaba de buen humor, tuvo éxito al contactar a Dulce, la niña que escuchó en el hospital y la conocería muy pronto, ya estaba planeando la cita que tendría con ella. Sin embargo, la fiesta de Lorgia era un tema que la tenía un poco distraída, como siempre ya todo estaba prácticamente arreglado, los invitados ya estaban invitados, todo sería en su casa, no seria la fiesta mas grande pero si debería de ser una buena para recordar. Ya había pedido a algunos de los asistentes que colaboraran con algunos detalles que ella se quiso deshacer y esa tarde tendrían un rato para divertirse como siempre.

Avanzó para sentarse cerca de Lorgia cuando miro en la penúltima fila en la segunda mesa a Erick y le saludo con la mano.



Él alzó la mano tímidamente.

Había sido puntual al inicio de clases, preparado en su lugar de siempre Erick tenía una meta. Al mirar entrar a la novia de su gran amigo Asaim, esta vez una reacción muy distinta le vino a la mente.

Promesas RotasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora