Con un vaso blanco lleno de café, frente de sí, Remy fue el primero en llegar a su aula. Durmió pocas horas, pero descansadas, haber abierto el corazón con su padre había sido un bálsamo para todo el dolor experimentado semanas atrás.
El fuerte viento se estaba colando por la puerta abierta que era el marco del crepúsculo. Cuando salió de casa pudo sentir que el viento ya sabía a invierno. El abrigo azul rey lo protegía, como lo había hecho en Puebla, la bufanda de Pamela le caia de los hombros y en su bolsillo interno estaba la pluma blanca que Michelle le regalo al calor del sexo.
Exhalo y un poco de vaho salía de su boca, atrajo para sí el vaso de humeante café para darle un pequeño trago. Aún faltaba casi media hora para el inicio de los exámenes. Después de ese día las clases eran un mero trámite y los profesores solían faltar mucho. Él no tenía intención de asistir esa última semana.
No sabía si continuaría con ese cronograma; hablar con su padre cambiaba tanto, suspiro. Contarle todo, era un alivio, sobre todo lo que vivió en Puebla con Laura. Su rostro se volvió triste.
Detuvo su paso y poso su mirada en él. Lucía como el día anterior pero un poco mas retraído. Iba a ser muy difícil dejarlo ir y no sabía si podrían seguir siendo amigos. Dejo de mirarlo, Debía hablar con él, poner todo en su lugar, ya todo estaba decidido.
"Clap-clap", no tenía que voltear, Remy ya sabía quien era sin siquiera verla. Miro al frente, a ese vaso humeante.
"Clap-clap", su andar siempre fue así, mil veces la oyó mientras él se ensimismaba en un rincón oscuro de su mente.
"Clap-clap", se acercaba, iba hacia él. Era claro que no iba a escapar de ella, que la culpa de haber estado ausente cuando ella lo necesitaba no había sido lavada.
Ella estaba ahí, frente él cerca a su campo de visión. El vestido gris oxford bajo ese abrigo blanco la hacia ver mayor, como siempre, su cabello era más largo que la última vez que la miró, como siempre estaba perfectamente peinado y un collar de perlas adornaba su cuello y pecho. No quería mirarla a los ojos, ella siempre tuvo ese poder; mirarte como si lo hiciera desde una alta atalaya.
La razón por la que no busco a Lorgia el día anterior, fue porque ella era la última amiga que había tenido y le había fallado. Ya cargaba con el peso de la muerte de Eduardo y saber que Lorgia estuvo en un sanatorio y que su egoísmo lo alejo de ella para estar ahí, era algo que no se podía perdonar. El dolor de verla tan indiferente en ese lugar lo único que había hecho era acrecentar la vergüenza que tenía con ella. De todo su "cronograma" ella era la excepción, simplemente no tenía el valor.
- Remy... -pronunció suavemente-
No quisó mirarla, estar bajo su escrutinio. Ella era la prueba mayor de que era un completo fracaso como amigo. La lastimó y la dejó a su suerte.
- Remy... - insistió ella- Hola... mírame... por favor...-suplicó-
Se obligó a mirarla.
Lejos de encontrar esa afilada vista que ella poseía, encontró algo totalmente distinto.
Sus ojos contenían lágrimas. Un vacío en su estómago se hizo.
- Lorgia... -titubeo- ¿Qué pasa? -no quería verla llorar, ni a Pamela ni a Michelle, les había dañado tanto a ellas tres-
- ¿Podemos hablar? -estiró la mano para sacarlo de la banca-
No se lo ordenó, no era esa voz que él conoció, de mando. Cauteloso le tomó de la mano y se puso de pie y salieron del salón.
Anduvieron hasta la jardinera más alejada de la explanada de la escuela, Lorgia se sentó en su grácil forma e invitó a Remy a hacerlo. Serio e inexpresivo, erguido sin mirarla.
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Promesas Rotas
RomanceHay personas que aprenden a hacerse invisibles para sobrevivir. Remy Bazán es una de ellas. En el último rincón del salón de clases, un chico que escribe lo que no puede decir ha construido muros tan altos que ya ni él mismo recuerda cómo se ve el m...
