Ese día durmió, como ya era costumbre, como el infierno.
No había tenido pesadillas para variar, pero se había quedado gran parte de la noche pensando en las palabras que le había dicho su capitán.
-"Quizá no sean pareja nuevamente pero por lo menos amigos si podrían ser".
Habían pasado meses desde que Yu había roto con él, y siendo la magnánima figura de autoridad y respeto que era, se estaba comportando como un adolescente enojado e idiota. Le aplicaba la ley del hielo cuando podía, y cuando no, la trataba como la plaga.
Y es que estaba furioso. Furioso porque rompió con él, furioso porque seguía desesperandolo su actitud rompe reglas, pero sobre todo, furioso consigo mismo por extrañarla, y por caer tan bajo para tratarla mal. Parte de él, una mucho más grande de lo que quería aceptar, aún la amaba.
¿Había llegado a decírselo? ¿Que la amaba?Quiza debía decírselo, aún si no servía de nada ya.
¿Quizá debía luchar por ella?
Entre debates internos y otras torturas mentales, se pasó la noche entera. Hasta que llegó la mañana, o bueno, su equivalente en el espacio. Se levantó puntual como siempre, por mucho que su cuerpo gritaste que no lo hiciese. Se limpio como siempre, se vistió como siempre y se arregló como siempre. Lo único que no hizo como siempre fue peinarse.
No había vuelto a cortarse el pelo desde que Yu le había dicho que le gustaba más. Era demasiado largo para peinarlo como acostumbraba así que ahora lo tenía atado en una cola de caballo. Lo sentía poco profesional pero algo lo impulsaba a mantenerlo así. Una vez listo, se saltó el desayuno pues tenía un deber muy importante ese día.
De los siete pasajeros a bordo del Aurora, cuatro de ellos pertenecían a los Estados Mongoles. Todos estaban ahí con un propósito, un favor de Alterra para quedar en buenos términos con su trans-gobierno rival. Diez años atrás se había perdido una nave mongola, la Degasi, en esa región del espacio, llevando a un importante jefe empresarial y a su hijo y sucesor. Diez años después, los mongoles seguían buscándolos. No era para menos, la desaparición de ambos había sido el caos para la corporación de la que eran líderes y de los propios mongoles como conglomerado. Alterra los apoyaría llevándolos a la vecindad de su última transmisión y ahi entraba Keen.
Su deber del día era supervisar los escaneos de largo alcance cerca del planeta donde creían podrían haberse estrellado, 4546B, y reportar al Emisario Jochi Khasar de los mongoles. Si encontraban algo, tenían todo listo para una expedición al planeta oceánico pero la verdad es que no esperaban hallar nada. Se necesitarían varios milagros para que alguien pudiera sobrevivir durante 10 años en una tumba de agua abandonada por Dios.
Así que se dirigía ahí, a la sala de mapas con los escáneres de largo alcance. Pero antes de llegar , se topo de frente con la mujer, no de sus sueños, pero si de su insomnio.
-Buenos días, Jefa Oficial Técnica- dijo el intentando ser cortés, pero sonando frío en su lugar.
-Buenos días... Oficial Keen- respondió ella, también incomoda por lo que veía.
Se veía más hermosa que de costumbre, sus mejillas más llenas, sus labios más rosados. Tenía que hacerlo, pedirle disculpas, suplicar su perdón. No podía seguir así. No obstante, en su largo mirar a Yu, notó algo que hizo que su corazón se rompiese de nuevo.
Yu traía una chaqueta, muy grande para ser suya. Y si eso no fuera suficiente para delatar que no le pertenecía, el nombre E. Berkeley bordado en ella lo confirmaba. Conocía al tal Berkeley, era uno de los subordinados de Yu en la bahía de robótica. Ingeniero por lo que sabia, alocado y sagaz, igual que ella. ¿Por qué estaba usando su chaqueta?
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Hope runs deep
FanfictionRyley Robinson es el famoso único sobreviviente de la Aurora tras estrellarse en el lejano planeta 4546B. Pero, ¿y si el no hubiera sido el único? ¿ Y si algún otro hubiera sobrevivido? ¿Habrían colaborado para hacer más sencillas las cosas o todo h...
