Ryley Robinson es el famoso único sobreviviente de la Aurora tras estrellarse en el lejano planeta 4546B. Pero, ¿y si el no hubiera sido el único? ¿ Y si algún otro hubiera sobrevivido? ¿Habrían colaborado para hacer más sencillas las cosas o todo h...
Era probablemente pasada la medianoche, y en la Isla, lo único que se escuchaba era a los reptadores de cueva, acechando a las aerorrayas en sus nidos mientras dormían.
Los gritos habían cesado, y Ozzy, acostado panza abajo contra el piso del hábitat, dormía semi tranquilamente bajo las horribles luces perpetuas del hábitat. Su espalda completa había sido rodeada de vendas con bioplasma. De vez en cuando, una mueca de dolor atravesaba su rostro durmiente, lo que ponía al borde del pánico a sus compañeros, que permanecían despiertos y vigilando, sentados uno frente al otro en la parte más trasera del hábitat. Tras unas horas, parecía que lo peor había pasado.
Keen, no obstante, cuál centinela, no se había permitido conciliar el sueño, custodiando todo al milímetro a Ozzy. Lo único que le hizo detener su observación un momento fue un ruidito salido de Robinson frente a él. Un ronquido leve. El hombre se había quedado dormido aparentemente pero, al segundo, su propio roncar y un fuerte cabeceo lo despertaron, haciendo que tratase de ponerse alerta nuevamente.
-Debería descansar, Robinson.- dijo Keen, estoico y apagado como era últimamente usual.
- No estoy cansado- replicó Ryley a la vez que intentaba suprimir un bostezo que hizo al mismo Keen también bostezara, aunque también le dio una pizca de risa. Ryley parecía un niño pequeño que no quería ir a la cama.
-Si es por Lawson, no se preocupe, yo puedo vigilarlo.
Ryley no dijo nada por un rato, bastante serio en su mirar hacia Ozzy. No obstante, al fin rompió el silencio.
-Eso que hizo con Ozzy fue... Impresionante. ¿Dónde aprendió a hacerlo?
- Servicio militar. Nunca lo había hecho, pero lo había visto antes para cerrar heridas causadas por explosiones y puñaladas.
-Ah... Tiene sentido.
Hubo otro silencio incómodo, pero Ryley sentía que conocía un poco más a Keen por ello. Por todos los comentarios por encima que este hacía, Ryley entendía que el oficial había estado en servicio activo por lo menos una vez en su vida. Quizás por eso era tan severo y lugubre. No lo había visto nunca, así que no estaba seguro pero sabía que el estrés post-traumático podía arruinar vidas tanto o más que la misma guerra, así que se decidió a subirle los ánimos un poco.
-Salvó la vida de Ozzy. ¿Sabe?
Pero lejos de alegrarse, Keen solo se puso más serio.
-Solo cumplía con mi deber. Es lo menos que puedo hacer... En especial después de todo lo que he hecho.
Hablaba de la caída del Aurora. Aún se echaba la culpa. Ryley no dijo más, también muy serio. Y aunque cansado, de verdad no se sentía con ganas de dormir. Así que se dispuso a escuchar los mensajes que había descargado de la base Degasi 3. No obstante esto solo los puso de peor ánimo.
- "¡Por favor dejen de pelear y escuchen! ¡Estamos enfermos!- era la voz del joven Torgal."
-"¿Qué?
-¿Cómo?"
-" ¿Han estado tosiendo, verdad? ¿Sienten comezón? ¿Ampollas?"
-"Seh."
Los mismos síntomas que habían tenido los supervivientes del Aurora y Quinn hasta ahora, ahora era innegable que era lo que había enfermado al joven Bart, pero las revelaciones no acababan ahí.
- "Es una bacteria alien. Esta en todas partes. Cada organismo en este planeta la tiene. Esta alterando nuestro código genético"
-¿Qué?- está contestación no vino de la radio sino de enfrente suyo, era Keen. Mirando con incredulidad a la PDA y sus propias manos.
-¿Cómo están sobreviviendo las criaturas si están infectadas?- hizo Paul Torgal la pregunta que Keen y Ryley se preguntaban.
-No lo sé aún- fue la respuesta que dio Bart y que ambos temían. Las siguientes grabaciones no eran mejores. Solo describían más peleas entre el grupo, la temeridad de Maida, ¿¡Cómo demonios había matado una mujer un Leviatán!? Se preguntaron Keen y Ryley silenciosamente, ambos pensando en su propio encuentro con uno que casi los mata. Aún más peleas y luego, el fin.
- "¡Salió de la nada! ¡Un kraken alien, más grande que un Cyclops! ¡Abrió un agujero a través del casco reforzado! ¡Apenas conseguí mi respirador a tiempo! ¡Se lo dije! ¡Le dije que otros vendrían!"
Era la voz de el Jefe, Paul Torgal. Sonaba sin aliento y en completo pánico, con una mezcla de rabia y terror en su voz.
- "La ruptura me arrojó fuera del hábitat, y el monstruo se dio la vuelta y se lanzó a toda velocidad hacia mi. Justo cuando sus tentáculos estaban por alcanzarme, Maida apareció de la nada. Un deslizador marino en una mano y un pedazo de metal dentado en la otra. Decidida a asesinar a la bestia, o morir intentándolo. Lo último que vi de ella fue que tenía el metal clavado en su cuello mientras el monstruo intentaba su mejor esfuerzo para quitársela de encima, retorciéndose hacia la oscuridad. Estoy seguro de que ella consiguió su deseo, de una forma u otra ."
Lo contaba como si fuera una historia de terror pero esta era de verdad. Su voz se hizo más lenta cada vez, más calma.
-"Entonces, pensé ver una luz, debajo de mi en lo profundo. Esperaba que tal vez Bart hubiera nadado lejos y la seguí. Ahora me preguntó si realmente vi algo."
Y cada vez más lenta y más calma.
-"Mi oxígeno está bajo. El hábitat ya no existe. No puedo ver el cielo. Algo... Algo seguramente tiene el olor de mi sangre."
Y así, la trasmisión paró. Las últimas palabras de Paul Torgal, presidente de Torgal Corp. y Jefe de la Degasi. Ahogado o cazado pero igualmente muerto tras la destrucción del hábitat que Marguerit Maida había atraído por sus acciones imprudentes, accidentales, si, pero imprudentes igualmente. ¿Ella? Obvio había muerto también. Nadie sobreviviría a un Leviatán Segador solo con un cuchillo improvisado, no importaba que tan temeraria o estúpida fuera. Y ya sabían que el joven Bart Torgal había muerto también, enfermo y solo en la isla.
E igual que Paul Torgal, ellos, supervivientes del Aurora, habían seguido la señal en la oscuridad esperando encontrar la salvación. Pero en su lugar, hallaron nada más que dolor y desesperación, y aun así habían sido afortunados. Pero cuanto tiempo seguirían así, la espalda de Ozzy como un recordatorio muy claro de lo cerca que estaban de uno de esos destinos fatales.
- No tenemos más pistas, ¿Verdad?- dijo Ryley, con voz apagada
-No. No las tenemos
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Gracias por leer.
La verdad es que me he sentido un poco desmotivada para seguir escribiendo esta historia por motivos personales. Puede que me tome un descanso, puede que no. Ya veremos. Pero de que la acabo la acabo.
Espero que les haya gustado el capitulo, nos vemos la próxima.