Capitulo 40: Vida tranquila

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Café y huevos rehidratados revueltos.

Era el desayuno de esa mañana de Avery Quinn, orgulloso capitán de la nave comerciante de clase Bulldog, Sunbeam.

Esa mañana se había levantado muy temprano, se dió un buen duchazo, se vistió de forma casual, aunque conservando su chaqueta de capitán con el logo de Alpheratz. Se hizo la comida en la cocineta que tenían, comió su huevo con lentitud y bebió su taza de café con placentera calma. Luego lavó su plato y sartén, se sirvió otra taza de café y se fue a la pequeña sala de mando, en donde su navegante y primer oficial, Joseph Beck, pilotaba tranquilamente.

-Buenos días, Joseph.

-Buen día, Avery.

- ¿Algo que reportar?

-Nah, todo tranquilo. A este paso volveremos a Sirrah en cosa de dos horas.

-Buen trabajo. Ya puedes ir a descansar, Joseph.

-Gracias, Jefe.

El pelirrojo se retiró a su camarote y Avery tomó su lugar en los controles. No mucho más tarde se le unió en la cabina Emily Peters, su oficial médico que apoyaba en funciones cuando no había nada que hacer en la enfermería. Nayeli Reyes, su jefa ingeniera encargada del mantenimiento de sistemas y motores y Manuel Rodríguez, su técnico de comunicaciones.

-Buenos días, Jefe.

-Hola, muchachos- dijo mirando a su alrededor- ¿Dónde esta nuestro grumete estrella?

-Se quedó dormido. Seguramente.- respondió Emily con hilaridad.

- ¿De nuevo?

Todos se rieron, y Avery suspiro, exasperado.  Unos diez minutos más tarde llegó alguien mucho más joven que todos ellos, su cabello castaño oscuro y piel apiñonada delatando una cierta familiaridad con Avery. Este le dedicó una ceja alzada, causando una visible sensación de incomodidad en el muchacho.

-Ahm ... Buenos días.

-Buenos días, Edward- contestó Nayeli- ¿Se te pegaron las sábanas?

-Ahm, quizás un poquito- dijo tímidamente, sentándose en su lugar, justo al lado de Manuel y frente a los sensores de largo alcance.

El viaje siguió sin dilaciones, con mucha tranquilidad, cada uno trabajando en sus cosas. Alguien puso un playlist de música muy antigua, rock alternativo de los 2050's, y no tardaron en hacerle burla por ello.

-¿Quién escucha eso? Eso es de viejos-se rió Emily.

-Oye. ¡The Lazy Lights es un clásico!- dijo Manuel, ligeramente ofendido.

Así era gran parte de la vida en la Sunbeam, llena de tranquilos viajes y mañanas amenas. Adivinanzas, música vieja, uno que otro podcast con una taza de café. No obstante, estaba por empezar la otra parte de esa vida.

-Tierra santa a la vista- dijo Manuel y todos se aprestaron en sus posiciones. En el gran cristal del la sala de mando se apreciaba ya, una gran estructura metálica en la profundidad del espacio. Esa era la Estación Sirrah. Quizá no era tan grande como las estaciones de Alterra, Sol o los Estados Mongoles, pero era la gloria y orgullo de Alpheratz, el Trans-gobierno al que pertenecían. Acto seguido, se oyó estática en la radio, seguida por una voz de hombre.

-Aquí la Estación Espacial Sirrah de Alpheratz. Nave clase Bulldog, identifíquese.

-Aquí la Nave de Comercio Sunbeam- dijo Manuel, encendiendo su contestador en el relé de comunicaciones- Traemos un cargamento de Helio-3. Solicitando permiso para atrancar.

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