Un silencio sepulcral.
Por un momento pensó, al despertar después del impacto, que de verdad lo habían mandado al sepulcro porque no podía escuchar nada. Fue hasta pasados unos segundos que empezó a volver su oído. Primero un pitido, después los sonidos propios del gran arrecife profundo. El fluir del agua, los rechinidos de los crustapodos, los cantos de las rayas. Aunque ya no había rastro del rugido del Segador ¡Oh, por Orión! ¡El Segador!
-¡Padre! ¡Marguerit!
Sus ojos reaccionaron después, buscando, tratando de enfocar desesperadamente a su padre, a Marguerit. Pero, para su horror, se dio cuenta que ninguno de ellos estaba ahí.
El primer Segador muerto que había traído Marguerit yacía en el lecho marino y empezaba a ser devorado por los crustapodos. A su lado, el Cyclops que lo había cargado, destruido, justo como la base que tanto trabajo les había costado hacer a esa profundidad. El propio Maldito Cacharro estaba severamente dañado, podía oír el metal crujiendo bajo la presión, y el vidrio roto del parabrisas goteaba. Necesitaba repararlo inmediatamente antes de que algo decidiera terminar el trabajo no obstante, le daba igual su seguridad. Le daba igual todo. Tenía que hallar a Padre y Marguerit, tenían que estar vivos, tenían que estar bien.
-¡Padre! ¿¡Me oyes, cambio!?- intentó llamar con la radio integrada de su casco, pero no hubo respuesta. -¡Marguerit, responde, cambio!
Quizá las comunicaciones se habían dañado quizá, estaban demasiado lejos para hablar. Si, debía ser eso. No obstante, se dio cuenta de que antes de cortar transmisiones, había un último mensaje en su PDA, con su padre como remitente.
- ¡Salió de la nada! ¡Un kraken alien, más grande que un Cyclops! ¡Abrió un agujero a través del casco reforzado! ¡Apenas conseguí mi respirador a tiempo! ¡Se lo dije! ¡Le dije que otros vendrían!
Sonaba tan enojado, sonaba tan asustado. Había escuchado a su padre en ese estado constantemente las últimas semanas, pero nunca a ese grado, y eso hizo que su corazón comenzara a crujir.
- La ruptura me arrojó fuera del hábitat, y el monstruo se dio la vuelta y se lanzó a toda velocidad hacia mi. Justo cuando sus tentáculos estaban por alcanzarme, Maida apareció de la nada. Un deslizador marino en una mano y un pedazo de metal dentado en la otra. Decidida a asesinar a la bestia, o morir intentándolo. Lo último que vi de ella fue que tenía el metal clavado en su cuello mientras el monstruo intentaba su mejor esfuerzo para quitársela de encima, retorciéndose hacia la oscuridad. Estoy seguro de que ella consiguió su deseo, de una forma u otra.
Había presenciado la primera parte, antes de que él Segador lo noqueara, y ya lo consideraba una historia de terror. Pero de la segunda no tenía idea. El Segador se había llevado a Marguerit.
Si, ya había matado uno. Pero golpeándolo a muerte con un Cyclops como un ariete. No tenía ninguna oportunidad esta vez. Sintió su garganta cerrarse solo de pensarlo, pero no tuvo ni tiempo para llorar por ella pues las palabras de su padre continuaban.
-Entonces, pensé ver una luz, debajo de mi en lo profundo. Esperaba que tal vez Bart hubiera nadado lejos y la seguí. Ahora me preguntó si realmente vi algo.
No había encendido las luces de Maldito Cacharro porque no quería que lo siguieran. Solo quería estar solo un momento... No...no podía ser...
-Mi oxígeno está bajo. El hábitat ya no existe. No puedo ver el cielo. Algo... Algo seguramente tiene el olor de mi sangre.
El mensaje termino ahí, pero las lágrimas solo habían comenzado. No podía ser, ¡No podía ser!
Salió del Maldito Cacharro. Dañado y con un límite de 500 metros no le serviría para nada. Tenía que buscar a su padre. No tenía ni idea de cuando era el mensaje pero tenía que encontrarlos. Tenía que ser de hace unos minutos. Tenía que seguir con vida
Bajó todo lo que pudo, pues era a dónde su padre dijo que había ido. Bajó hasta que su cuerpo empezó a gritar por la presión y su oxígeno empezó a agotarse. Bajó hasta que pudo ver pozas de salmuera verde a lo lejos. Bajó. No obstante, ni su padre ni Marguerit estaban ahí. Estaba listo para volver a su Submarino y seguir buscando, pero fue entonces que la vio. Una única aleta, y el tobillo que todavía salía de ella... Sin nada más pegado.
-Padre...
Pero de nuevo, el universo no le dio tiempo para siquiera procesar ni shock, ni miedo, ni luto, pues la criatura que estaba cenándose esa pierna apareció frente a él. Un enorme crustapodo.
-¡Ahhhhhh!
Nadó. Nadó a todo lo que su cuerpo podía. Quizá la criatura ya no tenía hambre pues no le siguió, pero a Bart le dio igual. Siguió nadando. Llegó al Seamoth y subió. Tan rápido que el vidrio roto temblaba, amenazando con reventarse. Y siguió subiendo. Hasta que salió de la caverna, hasta que salió a la superficie. La isla Flotante estaba justo ahí. Lo sabía, había ido ahí a propósito. Era el único lugar que se le ocurría era seguro, así que llegó directamente a la cala interior y salió a la playa prácticamente arrastrándose.
-¡Padre! ¡Marguerit!
Llamó por ellos. Gritó por ellos, buscándolos genuinamente como si pudiera encontrarlos de verdad, como si estos de verdad fueran a responder. Chapoteando en la playa, tropezando en la arena hasta que cayó de rodillas, sus lágrimas ya inevitables derramándose en las aguas igual de saladas.
-Marguerit...Padre...
Era un llanto feo, nada recatado y lleno de moquera y berridos, pero daba igual. ¿Quién le reprocharía por ello? Estaba completamente solo en ese planeta ahora, solo en el universo. Y así siguió, llorando en la arena mojada como un niño. El niño que su padre aun creía que era, que había creído... la palabra con la que Marguerit lo describía, porque era un niño, solo un muchacho.
-¡Papá! ¡Quiero a mi papá!
Y ante la luz crepuscular que iluminaba la laguna, Bart simplemente se rindió.
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Hope runs deep
FanfictionRyley Robinson es el famoso único sobreviviente de la Aurora tras estrellarse en el lejano planeta 4546B. Pero, ¿y si el no hubiera sido el único? ¿ Y si algún otro hubiera sobrevivido? ¿Habrían colaborado para hacer más sencillas las cosas o todo h...
