Ryley Robinson es el famoso único sobreviviente de la Aurora tras estrellarse en el lejano planeta 4546B. Pero, ¿y si el no hubiera sido el único? ¿ Y si algún otro hubiera sobrevivido? ¿Habrían colaborado para hacer más sencillas las cosas o todo h...
En general, el universo siempre ha considerado a la muerte como una tragedia, pero es una aún mayor, enterrar a alguien más joven que uno mismo, especialmente si es por mucho. Padres que enterraban a sus hijos, mentores que enterraban a sus alumnos y, en este caso en particular, un hermano mayor enterrando a su hermanito.
No se movió de la playa en toda la noche, aferrado al cuerpo, abrazándolo con tal dulzura que podría partir el alma. Era tonto. Conforme Eddy creció, había dejado de abrazarlo. No recordaba el porque, ¿A Eddy le dio vergüenza al crecer? ¿Algún complejo machista no resuelto? Ahora se arrepentía. Desearía haberlo abrazado más, cuando aún valía. Desearía poder hacerlo en ese momento.
Los Alterranos habían sido sumamente amables con él. Uno de ellos, el que tenía una mohicana sobrecrecida con tinte que alguna vez había sido azul tomó un submarino pequeñito, volvió con unas extrañas algas y las convirtió en algún tipo de tela con la que cubrió a Eddy. El Oficial Keen mantuvo a raya una suerte de arañas mutantes para que no se acercaran al cuerpo ,y un hombre que aún se notaba un poco regordete pese a que probablemente no había comido bien en días le dio algunas extrañas frutas preparadas de forma sorprendentemente fina. Incluso la mujer bajita y el hombre tullido habían ayudado a cavar la tumba con los demás, teniendo que usar cuchillos y sus propias manos para hacerlo, a falta de mejores herramientas, y mientras tanto, le dieron su espacio.
El alba llegó entonces, promesa de un nuevo día. Un día que Edward ya no presenciaria. Había llegado el momento. Tenía que dejarlo ir.
Tenía que dejarlos ir a todos.
El Oficial Keen lo ayudó a levantarse, sus piernas entumecidas por estar toda la noche en cuclillas. Su rostro bañado en la sal de sus lágrimas. Frente al hueco que sería la morada final de su hermano, se puso de pie, y todos lo rodearon a una distancia prudente, incómodos, tristes, inseguros de que hacer o decir. Porque si, era el funeral de un extraño. Pero era un extraño que había muerto en un intento de ayudarlos, un extraño que había sufrido lo mismo que ellos. Eso lo hacía cercano. No obstante, fue el propio Avery el que rompió el momento incómodo y el silencio, hablando con una voz sorprendentemente firme para alguien que había llorado por doce horas seguidas.
-Yo tenía... Dieciocho años cuando me dijeron que sería hermano mayor y diecinueve cuando Eddy nació. Le pusieron Edward Quinn Jr , por nuestro padre. Tenía veinticuatro y el cinco cuando nuestros padres murieron. Un accidente astronautico, una tragedia para otro día. La verdad no es necesario que hable de... Las cosas que tuve que hacer y dejar de hacer para poder criar a un niño. Cualquiera con medio corazón y medio cerebro hubiera hecho lo mismo por su hermanito y además mi Nana hizo la mayor parte del trabajo. Lo que quiero decir es... Que Eddy fue la única familia que tuve por muchísimo tiempo. Y vaya que... Que familia más genial tuve.
Quería decirlo directamente. Pero por más que lo intentaba, el dolor no lo dejaba hacerlo sin tartamudear.
- Edward era... Un desastre. No limpiaba su cuarto a no ser que una rata muriera entre las montañas de basura. Siempre se despertaba tarde... aunque tuviera treinta alarmas listas. Estaba... podrido del cerebro con tanto tiempo que pasaba pegado en su PDA... viendo vídeos estúpidos.
Parecía exasperado, pero dentro de él también había una sonrisa, una nostalgia profunda.
- Pero Eddy era amable. El primero en prestar dinero aunque no comiera esa semana. La clase de persona que te llevaba un balde de helado y una cubeta de pollo cuando terminabas con tu ex de 6 años. La clase de persona que dejaría todo por ayudar a otro... El fue el primero en decidir venir aquí, a ayudar.
Todos escucharon sin emitir palabra alguna. Por respeto a él y al fallecido Edward que había muerto por ellos. Pero lo hacían atentos, llenándose los oídos y el corazón con la extensión completa de su tragedia. Pues no solo había perdido a Edward...
-Y luego hice más familia. Amables como Edward, geniales como Edward. Amigos en espaciopuertos y naves en los que serví que se convirtieron en mis camaradas, mis oficiales, mis compañeros en la Sunbeam, mi hogar. Joseph Beck, el mejor navegante, con el acento más fuerte que pudieras escuchar y un apetito voraz por las salchichas bratwurst. Manuel Reyes, el técnico de comunicaciones más profesional con un gusto insano por el rock del los 2050's. Nayeli Reyes, la ingeniera más inteligente que conocí, con el peor sentido del humor y un interés rarísimo por coleccionar piezas de cada nave en la que trabajó. Y Emily Peters, la médico que me salvó de resfriados y parásitos por años, y la que me enseñó a como cocinar un huevo sin quemar la nave entera.
Esto es lo que empezó a hacer que la solemnidad del grupo que escuchaba a Avery se empezara a quebrar. Todos acababan de pasar por la misma situación después de todo. Igual que Avery perdiendo a su familia y amigos con la Sunbeam, con el Aurora se habían ido más de un centenar de colegas. Amigos, compañeros, rivales por cosas estúpidas, incluso amantes. No obstante, no se habían permitido llorar por ello, al menos no lo suficiente. No había habido tiempo, pensando tan profundamente en tener que sobrevivir, en el aquí y el ahora, sin oportunidad de reflexionar o mirar atrás. Y así, con este tiempo de al fin decir adiós, lo hicieron . Un adiós para el Capitán, valiente hasta el final. Una despedida para Berkeley, muriendo por su amada. Un pensamiento para Ronnie, que quién sabe que habría vivido en sus últimos momentos. Un bye para Marika, que apareció y desapareció de la vida de la misma forma fugaz.
Y así, continuaron en sus pensamientos, con las lágrimas colándose en los ojos de Ryley y fluyendo como cascadas en el caso de Yu. Con un leve temblor de los labios de Ozzy, un dolor en el pecho de Danby y una sombra en el rostro sereno de Keen. Porque era un adiós para Tammy y Rosita de contabilidad, la promiscua Wilson, y el oficial Grey. Para Lilian y la Altanera y Masters, el Jefe Torune y Donato Zerboni y ese tipo que no sabían cómo se llamaba pero siempre los saludaba en el pasillo.
Pero ahora, tras la despedida, solo quedaba seguir con la vida, tal como siguió el funeral. Dando un beso en la frente cubierta de Eddy, Avery depósito su cuerpo con delicadeza en el hueco, y luego con ayuda de todos lo cubrieron de arena. Ahí dormiría para siempre. Al menos era un lugar bonito, en la calida arena, frente al mar y el cielo lleno de lunas y estrellas y rayos de sol. Luego, entre los hombres no lisiados del grupo, lo cubrieron con una gran piedra para asegurarse que los reptadores no se acercaran, y bajo las cuidadosas instrucciones de Avery, Ryley talló con su cuchillo, un nombre, dos fechas, y una frase.
"Edward Quinn. 1 de junio de 2335- 19 de septiembre de 2354..."
"Amado hermano".
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Gracias por leer de nuevo. Con esto terminamos el "Arco de la Sunbeam". Ahora solo nos queda seguir.
Espero que les haya gustado, nos vemos la próxima.