Capitulo 48: De sueños y revelaciones

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- ¡Ryley! ¡Despierta, Ryley!- dijo una voz mientras lo agitaba del hombro.

El aludido parpadeó, súbitamente confundido. ¿Por qué ya no estaba en el naufragio? ¿Dónde estaba Avery...? ¿Quién era Avery? No conocía a ningún Avery.

Es más, ni siquiera estaba en el mar. ¿Porque creía que estaba en el mar? Era algo muy estúpido. Estaba en su casa, en plena oscuridad de su cuarto y la comodidad de su cama. ¿La mano que lo agitaba? ¿La voz que lo llamaba? De su madre. Su gentil madre con su tez canela y sus ojos redondos cuál olivas

-Ryley. Se te hará tarde para desayunar. Te conseguí tu favorito.

-¡Waffles! - grito Ryley emocionado, aunque su voz sonó súbitamente muy aguda. Aunque esa siempre había sido su voz. No sabía porque por un momento se imagino con voz de adulto.

Tomó a su madre de la mano, caminando juntos por el diminuto pasillo de su habitación y ambos se sentaron a la mesa. Eran waffles re-hidratados. Una trabajadora como Magali Robinson jamás podría costear ingredientes para hacer unos frescos. Pero era mejor que nada.

-¿Dormiste bien?- preguntó la mujer y el pequeño Ryley agitó mucho la cabeza, su diminuta boca atascada hasta el fondo de waffles a medio masticar. La propia mujer no obstante, tenía ojeras tan grandes como si no hubiera dormido en siete años.

-Tuve un sueño raro- dijo el pequeño.

- ¿Ah si?- preguntó la mujer, sorbiendo su taza de café americano. ¿Que soñaste, bebé?

-Estaba en el mar- respondió el pequeño- Como los hologramas que pasan en clase. Me había caído ahí en una nave espacial. Y había un señor, se llamaba... Álvaro... Creo.

- Jeje, suena a un lindo sueño- dijo su madre, riéndose de las ocurrencias de su hijo, mientras lo tomaba del hombro. Pero luego su risa se detuvo, y comenzó a agitarlo, fuerte. Muy fuerte.

- Mamá... me lastimas.

-¡Ryley! ¡Despierta, Ryley!

¡Pero ya estaba despierto! ¿¡Por qué lo estaba agitando otra vez!? Los ojos de su madre lo miraron fijamente, pero ya no eran las bonitas olivas redondas. Eran un azul tan brillante que parecían estrellas destellando. Cuatro estrellas. Y ya no tenía un cuerpo. Hablo con su voz, igual de maternal que siempre pero... No era su voz.

-¿Qué eres...?

-¡Ryley!

Espera un segundo. ¿Estaba en el Seamoth? ¿Cuando había llegado ahí? Ya no estaba su madre, ni la misteriosa silueta. Solo Avery, agitándolo con pánico.

-¿¡Qué... Qué pasa?

Se sintió súbitamente mareado, y sintió un líquido escurriendole de la nariz. Por alguna razón no traía su casco así que pudo usar su mano para intentar limpiarse, descubriendo con horror, que era sangre lo que goteaba de su rostro.

- ¿Avery?

Al escuchar que lo llamaban, Avery dejo de agitarlo y suspiró aliviado, aunque dejó caer su peso en el asiento, como si estuviera exhausto.

- No me hagas eso... Pensé que te había dado un ictus.

-¿Qué... Qué me pasó?

-Vi que no me seguiste cuando entramos al segundo cuarto así que me di la vuelta para ver porque. Cuando al fin pude verte de frente, tus ojos se movían de un lado a otro y te empezó a sangrar la nariz.... ¿Te sientes bien? - dijo cautelosamente

-No...No sé- contestó Ryley, aún claramente confundido.

- Será mejor que volvamos. James tiene que revisarte inmediatamente- dijo Quinn. Rápidamente tomando los controles que hasta ahora, solo Ryley había manejado, mientras que este se quedó ahí, aún demasiado desorientado para decir o hacer nada.

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