Capítulo 143: Recuento de daños

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- Oh, cielos. Tienes fiebre otra vez... Pero vas a estar bien, cielo. ¿Si?

Él no se movió de la cama. Ni siquiera se movió para asentir, lo que delataba lo mal que estaba, lo débil y enfermo que se sentía. La persona que le tomó la temperatura salió corriendo del... ¿Cuarto? ¿Cubierta? y no volvió en lo que le parecieron... Unos 10 años. Cuando lo hizo, venía en compañía de otros, dos hombres jóvenes con casacas azules y miradas preocupadas y otro mucho mayor de traje con aspecto severo.

-¿Llamar a los servicios de emergencia? Estás exagerando. Solo debías seguir las instrucciones del doctor

- ¡No me digas que exageré! ¡Lleva con esa fiebre más de 4 horas!- la primera figura alegó.

A él no le gustaba que pelearán, era de las cosas que más triste le ponían, especialmente si era por su culpa. También le daba miedo. Tanto miedo que se ponía a temblar.

No, no era miedo lo que lo hacía temblar. Pero no podía detenerse a si mismo, lo que alarmó a las figuras de azul y a las otras dos de detrás. La de traje parecía particularmente horrorizada.

-¿Qué le pasa? ¿¡Qué es lo que tiene mi hijo!?- gritó la figura de traje.

-Está teniendo un ataque febril- dijo uno de los hombres azules. Hay que trasladarlo inmediatamente a un hospital.

El hombre de traje se encogió. Su rabia desvanecida y un nuevo y gran miedo presente. La otra figura lloró de la misma preocupación, y el hombre la abrazó, arrepentido, mientras los hombres de azul se lo llevaban lejos.

- ¡Mi niño! ¡Mi niño!- lloró la primera figura.

-Tranquila, Misheel.- dijo el hombre de traje. -El estará...

Pero ya no pudo escucharlos, se quedaron atrás en ese pasillo que se volvía más y más oscuro. ¿Cuándo se volvió en el abismo del mar? Ya no estaban los hombres de azul tampoco. Solo el en la eternidad del inmenso mar... Y esa enorme sombra con sus cuatro ojos azules. Esta no dijo nada, pero produjo un sonido imposiblemente sonoro, profundo y melodioso. Siempre había pensado que ese sonido era un canto, pero no podía dejar de pensar en su propia madre desesperada cuando lo oía. ¿Era un llanto y no un canto?

Cuando volvió a tener consciencia de si mismo, lo primero que notó fue que le costaba respirar

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Cuando volvió a tener consciencia de si mismo, lo primero que notó fue que le costaba respirar. No estaba seguro si era porque sentía las costillas como si lo hubiera pisoteado un elefante o porque en el interior, sus pulmones se sentían como una maraca mojada, llenos de agua, vidrio y piedras. También sentia la garganta ardiendo, como si le hubieran metido un carbón ardiendo a la fuerza y la boca seca, seca como una lija de madera.

-*Cof cof* Ugh, carajo.

Su voz salió rasposa y débil. Abrió los ojos con dificultad. Los párpados le pesaban como pocas veces lo habían hecho en su vida. Todo le pesaba. ¡Demonios!, todo le dolía, la cabeza, vendada, lo estaba matando, y por alguna razón tenía mucho frío. En la piel de sus pectorales, sentía heridas abiertas, quemando y a la vez mojando por el horrible verde brillante que supuraban. Incluso con varias compresas de bioplasma encima, aún sentía Y eso era lo que podía percibir de si mismo, en sus alrededores, el ambiente no le pareció desconocido, era el interior del Cyclops despues de todo, y estaba acostado en ,la única cama del lugar. Lo que si le era desconocido era como había llegado ahí. Solo recordaba que estaba en el Behemoth y esa última terrible pregunta que cierto ingeniero le hizo.

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