Capitulo 150: Madre

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-¿Crees que estén bien?

Preguntaba Bart a Keen en el Cyclops. Ya que Avery no estaba, Keen estaba sentado en el asiento del Capitán por si acaso al dragón o a algo peor se le ocurría aparecer. Bart era el hombre de las cámaras en ese momento. Aunque la verdad no estaba poniendo toda la atención que quiziera. No solo era la preocupación por Ryley... Y Avery, claro. Le costaba respirar y por ende, le costaba pensar. Había resistido diez años, pero ahora no sabía si resistiría otros diez días.

-Seguro que están bien. Ambos son muy capaces -trató de confortarlo Keen, aunque el mismo estaba al borde del colapso mental. No ayudaba la fiebre o el dolor que sentía de por si. Quería decirse a si mismo que la explosión había dolido más, quemado más, y probablemente era cierto. Pero de la explosión había sanado, de esto ...

-John.

-Dime.

-¿Crees que de verdad encontremos la cura?

John calló por un segundo, dejando expectante al de los Estados Mongoles. Finalmente, suspiró con fuerza y al fin respondió con un...

-Quiero creer que si.

Y es que si no creían en eso, ¿en que más podían creer? Una muerte segura no era algo muy alentador. Bart ya no sabía si creerlo pero antes de que cualquiera de los dos pudiera decir algo más, empezaron a escuchar un ruido particularmente sonoro.

-¿Qué es eso? ¿No es el dragón o si?- dijo Bart en alarma.

-No se oye como el dragón- respondió Keen con el ceño enjuto tratando de discernir. Se oye más bien como...

¡Cómo algo taladrándoles los tímpanos! Así se oía. John intento taparse los oídos para callar el estruendo pero le tomo segundos darse cuenta de que el sonido parecía estar dentro de su cabeza. Lo mismo pasaba con Bart que pensaba que estaba a punto de desmayarse pues su vista se hizo borrosa y se llenó de luces. Aunque había algo claro entre todo eso... Misheel Torgal. Abrazó a Bart por la cabeza, como si quisiera quitarle todo el dolor a su niño, pero eso solo le hizo sentir el sonido con más fuerza.

-¡Aghhhh! ¡Espera....! ¡John!

Pero John no pudo ayudarlo, porque sus ojos ahora llenos de lágrimas estaban llenos de la visión de su propia madre. La mujer rubia le miró con algo que jamás le vio en vida: remordimiento. ¿Era su deseo inconsciente de que su madre lo hubiera amado de alguna forma? ¿O acaso su fantasma buscaba expiación ahora? La ignoró, incluso si se arrepentía, ella no merecía su atención, pero una vez más, ya no era ella, era Yu, aferrando su vientre con fuerza.

-¿Yu?

La bella y radiante Yu. Ella en lugar de remordimiento le miró con anhelo, uno que lo hizo sentir culpable. Quizá todo ese despliegue de imágenes si que era parte de sus más profundos deseos. Dio igual pues pronto ni Yu, ni Misheel ni la temible Marissa Keen estaban ahí. En su lugar, silueta negra y ojos azules fijos en ellos.

 En su lugar, silueta negra y ojos azules fijos en ellos

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