Capitulo 132: La mujer de mis sueños

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Para cuando Keen abrió los ojos, el rostro de Yu estaba a centímetros del suyo

Sintió el impulso de gritar, más no lo hizo. No quería despertarla de nuevo, así que solo se hecho para atrás en un intento rápido de ganar distancia. Aunque, ya más calmado, no pudo evitar admirarla. Se veía tan hermosa, aunque se dio cuenta de que su piel estaba pálida como un gis. Maldita enfermedad, pensó. Pero fue entonces que lo sintió. El líquido en las piernas, en las manos, en toda la extensión de la cama.

-Esto es... ¡Sangre! ¡Yu!

Ahora entendía la palidez extrema. Se desangraba, el rojo la abandonaba. Llamó su nombre pero esta hizo caso omiso. La agitó levemente por el hombro para intentar hacerla reaccionar, encontrandola no solo aterradoramente fría al tacto. Estaba dura, rígida como una tabla. ¿Acaso ella estaba... estaba...?

-¡Yu! ¡Por favor, despierta!

Pero por más que la agitaba, por más que gritaba por ella, Yu no se movió ni un centímetro.

-¡Ayuda! ¡Alguien ayúdeme!

Escuchando sus plegarias, de inmediato pudo escuchar la marcha rápida de quién corre en un piso de metal, Ryley y Avery entraron en un instante, arrodillandose a su lado.

-¡Robinson! ¡Quinn!- ¿Por qué los llamó por su apellido otra vez? ¿No ya se hablaban de tú?-

-¡Yu! ¡Creo que Yu está...!

Pero al voltear a mirarla, ella ya no estaba ahí. Ni estaban en la cama, aunque la sangre aún estaba ahí.

-¡Keen, maldita sea! ¡No me oyes! ¡Tienes que hacer presión!- le gritó Avery, dándose cuenta de que sus manos temblorosas estaban en la pierna de Danby, la mitad de ella rebanada como la morcilla de una carnicería.

-¿Qué? ¡Ahhh!

-Tranquilo, Danby- oyó decir a Robinson, vas a estar bien.

-¡Gaaaaaaagh! ¡Gaaaaaaahh!

Pero los gritos eran insoportables. Y no solo los del hombre desmembrado, había otros, tanto de dolor como de desesperación. Pero se iban callando, poco a poco.

-T...tranquilo, ¿Si?- le dijo al hombre en el suelo- Vas...vas a salir de esta

Pero ese hombre ya no era Danby, era un muchachito castaño de piel blanca cuya vida se le iba de las manos. Y no le faltaba una pierna sino un brazo. No lo había visto en muchos años. ¿Qué estaba haciendo en 4546B?

-Keen... Dile a Kasinski que... Ya no podré pagarle esos 300 créditos. Y dile a Marina Langley de navegación que... Se veía linda en ese vestido.

-¡Le dirás tu mismo, Baker! ¡Resiste!

Alguien lo empujó fuera del camino, y pudo ver cómo el joven Baker se disolvía en su propia sangre. Las figuras luego desaparecieron, siendo reemplazadas por una que le era odiosamente familiar.

-Les fallaste, Jonathan.- espetó una voz con rabia. Arrastraba las palabras, como si hubiera sido expuesta en demasía al alcohol.

-¿Mamá?

-Pero no es como que sea una sorpresa. Eres un fracasado, igual que tu padre.

La mujer le arrojó una botella, como tantas veces había hecho. John alzó las manos sobre si mismo y cerró los ojos para protegerse, pero el golpe nunca llegó. Acto seguido, el vacío negro se convirtió en el temible océano de 4546B. La luz se filtraba azulada de la superficie. Solo era él y el agua, por el momento. ¿Cuánto tardaría en encontrarlo un leviatán? ¿Un Curvador? ¿Cuánto tardaría en encontrarlo la muerte sin su traje de buzo ni su tanque de oxígeno. Apenas y podía ver la superficie. ¿Moriría en soledad? Su madre tenía razón. Pero entonces, parpadeó y ya no estaba solo, pero no era su madre quien lo acompañaba, era otra madre.

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