Ryley Robinson es el famoso único sobreviviente de la Aurora tras estrellarse en el lejano planeta 4546B. Pero, ¿y si el no hubiera sido el único? ¿ Y si algún otro hubiera sobrevivido? ¿Habrían colaborado para hacer más sencillas las cosas o todo h...
Hubo dos últimas cosas que hicieron antes de bajar al último abismo.
-Menos mal que minaste toda esa cianita. - dijo Bart.
-Y menos mal que la sacamos antes de que él Behemoth se fuera al carajo- contesto Ryley.
La primera fue hacer un duplicado de aquella tableta azul que habían encontrado en la planta térmica. Y de paso otra morada y una naranja. Tenían el presentimiento de que harían falta.
La otra fue, inesperadamente, esperar. Pues en ese momento, la vista que tanto querían evitar se manifestó ante ellos... Por duplicado.
-¡Dragones! ¡Dragones!- Ryley gritó a susurros.
No estaba tan cerca está vez, apenas y se distinguía su monstruosa silueta a la distancia. Bueno, siluetas. Dos gigantescos reptiles alien nadando en círculos. Las flamas que disparaban guardadas aún en su interior, brillando a través de los huecos en sus costillas. Estaban odiosamente cerca de la salida por la que habían escapado aquella vez. ¿Estarían buscándolos aún?
-No hagan ruido- susurro Avery también
Todos se quedaron quietos y en silencio. O bueno, casi todos. Bart una vez más estaba temblando incontrolablemente, su respiración agitada y de por si dolorosa desencadenando un ataque de tos.
-Bart, tranquilo. Estoy aquí.
Ryley le tomó por los hombros, instandole a qué respirara. Pero aún si estaba ayudándolo a calmarse, Bart podía respirar cada vez menos.
Lo peor es que no era el único, no había pasado desapercibido para ellos lo sudorosa que estaba la piel de Avery, y lo fuerte que respiraba y apretaba los dientes.
-Avery, ¿Estás bien?- le pregunto John.
-Si, estoy bien...- quizá decir el Andromedano pero incluso sentado su fuerza flaqueo y acabo depositando todo su asiento contra el respaldo de su silla. Alarmado, Keen se acercó a él con la mano descubierta y la puso en su mejilla, pero sintió la piel igual de caliente que la suya. Sabiendo que el mismo tenía fiebre, tomó entonces su escáner de mano y lo disparo hacia la frente de su compañero.
- Advertencia: Temperatura corporal superando los 38 grados.- informó la PDA, dejando a Keen preocupado. Quizas Avery había enfermado semanas después, pero eso no le quitaba que estaba igualmente enfermo y probablemente la temperatura del agua y la tensión de las visiones llevaban a su cuerpo al punto que todos los demás ya habían atravesado.
-Avery...
-No importa. No es como que tengamos otro plan.- fijo aguantando el insoportable dolor de cabeza.
-Necesitamos esa cura ya, no podemos detenernos más- dijo Ryley, aún alarmado por su amado, al que no había soltado en un intento de calmar su respiración.
-No lo haremos- dijo Avery. - John, ¿a cuántos metros estimas que están?
-Trescientos, cuatrocientos tal vez.
Todos miraron hacia los leviatanes. Seguían nadando en círculos, tan cerca uno del otro que sus tentáculos se enredaban de cuando en cuando. ¿Alguna danza de apareamiento? ¿Machos compitiendo por territorio, comida o alguna hembra que esperaban no ver jamás? No sabían, pero parecían muy ocupados con ellos mismos, quizá no les pondrían atención.
-Aprovechemos ahora que podemos-dijo Avery. John, modo silencioso.
John asintió. Aunque no le gustaba la idea. Iban a ir a por él último trecho en ese instante, con o sin dragones. El motor se encendió, todos se pusieron en sus lugares y con todo el sigilo posible, giraron alrededor del castillo de lava hasta encontrar aquello que la planta térmica les había prometido, una entrada a aguas incluso más profundas.
Lo que no esperaban es que literalmente era un puto abismo de lava ahí.
Las cascadas fluían con toda la fuerza del corazón del planeta. Un manto vivo, los nutrientes que habían causado que el planeta albergase vida en primer lugar estaban ahí, fundidos. Lagos enormes de lava burbujeaban con la roca derretida, hirviendo el agua más cercana y causando columnas de burbujas ardientes.
-Hace... Hace calor, ¿no?- dijo Avery en voz baja, intentando maniobrar. John, trabajando a marchas forzadas con la cámara de rotor, listo para avisar si estaban a punto de sumergirse en magma.
Al diablo lo que habían dicho antes, la cueva anterior no era el infierno. Esto si lo era. A Ryley y Bart les recordaba a un libro de unos cuatro siglos de edad sobre un anillo diabólico forjado en lava. ¿Cómo sobrevivían animales ahí? Los malditos Curvadores quizá estaban construidos para resistir cocinarse pero las mismas rayas carmesí de arriba, los Magmarans... Había lagartos nadando en la puta lava otra vez mientras ellos se fundían en su propio sudor solo de mirar. ¿Cómo es que resistían eso? La evolución era algo increíble.
La cueva se abrió más, revelando que ese definitivamente era el último trayecto. A distancia visible, un edificio del mismo gris y verde se alzaba magnífico frente al mayor de los lagos de lava, como uno de los grandes palacios de la antigua Tierra. Frente a ella, varios cubos del mismo metal extraño se alzaban con cables desde la lava, emitiendo un sonido horrido, probablemente alguna clase de disuasorio sónico.
¿Esa era? Debía ser, tenía que ser.
La Instalación de Contención Primaria.
-Lo logramos, llegamos- dijo Ryley en una leve celebración para si mismo.
Pero entonces pasaron dos cosas que ninguno estaba esperando. La primera, sus sentidos fueron nuevamente asaltados por el canto profundo y la silueta de ojos azules.
-¡Aghhhh! No otra vez- se quejó Keen.
Pero no estaban esperando lo que está les diría está vez.
-Yo soy lo que buscan... Quiero... Ayudarlos.
Eso añadía más confusión a toda la situación ¿Yo soy lo que buscan? No era como que la cura pudiera hablar así que quien los había estado llamando todo el tiempo era, tal vez, ¿uno de los aliens? Quizás un investigador que aún seguía por ahí. Sabían que habían pasado mil años pero si estaban hablando de aliens, quizá eso no era un factor a considerar.
Al menos, no habían visto imágenes adicionales de sus madres ni de nadie más que no estaba ahí, por lo que no tenían que lidiar con dolor emocional adicional. Pero, apenas estaban recuperándose de la experiencia otra vez cuando la segunda cosa se les presentó.
-¡Tiene que ser una puta broma!- gritó Ryley en desesperación.
Frente a ellos, un tercer leviatán Dragón se manifestaba desde el otro lado de la caverna. Y para colmo, el color negro del Fantasma ahora resaltaba en el naranja brillante como un grano en la frente de un predicador.
-¿Creen que nos *cof cof* haya visto? - preguntó Bart con cautela. Y la respuesta les quedó muy clara al ver qué la bestia no solo les rugía, iba a ellos a toda velocidad.
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Gracias por leer.
A nuestros supervivientes les queda un último obstáculo. Y luego, ya veremos cómo termina esto.
Espero que les haya gustado, nos vemos a la próxima.