Cap. 36

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𝐀𝐥𝐚𝐧𝐚

Después de una larga ducha intentando quitarme toda la mugre que Gabriel me había echado en la cara bajé con los demás. Seguían en el garaje intentando arreglar el estropicio que Nathan había hecho, aunque Gabi fuese todo un profesional mi primo a veces era muy torpe. Y eso que los coches eran su especialidad. Intuí que al estar Mía se había puesto nervioso y habría tocado lo que no debía así que no le dije nada y me senté junto con ellos para ver como Gabi terminaba el trabajo. Sentía los ojos de Darío en mi nuca e intenté no mirar hacia él. Lo que pasó el día anterior por la noche había sido un error, mi primo me había advertido sobre él y seguramente a él sobre mí. Pero ninguno de los dos pensó en las consecuencias en ese momento, obviamente no solamente él tiene la culpa pero sí que me incitó a seguirle el beso. Sus labios estaban jodidamente suaves a pesar de ser un tío. Su piel áspera tendría que haberme producido rechazo pero con ese frenesí no era consciente de cómo estaba o no estaba. Mía no dejaban de observarme y cuando fui a la cocina a por algo de beber para Gabi me abordó.

-¿Porqué evitas mirar a Darío?

- Tan intuitiva como siempre. No sé, nos hemos vuelto a pelear -Dije sin darle más importancia.

-¿Otra vez? Alana estoy ya es preocupante, si seguís así acabará habiendo un asesinato aquí.

-No exageres, solo son pequeñas broncas entre compañeros de piso.

-Lo dices porque no lo ves desde fuera, pareces un matrimonio mayor que se molesta por la mínima tontería. ¿No puede ser que pase algo más aparte de odio? -Me miró con cara de intentar deducir mis gestos, pero intenté que no notase nada.

-Imposible.

Evitando cualquier otro tipo de preguntas salí de la cocina y ella me siguió. Le dije que no hablase de este tema delante de mi primo ya que a él le podría molestar y solo eran tonterías. Mia me caía bien, pero no lo suficiente como para contarle mis problemas. La conocía de poco y no sabía si se iría de la lengua con mi primo o no. Podría contarle todo lo que había pasado y para lo poco que me quedaba aquí no quería que todos saltara por los aires.

La tarde se me hizo tranquila, Gabi se quedó casi todo el día con nosotros y aunque veía que Darío solo podía mirarlo mal no hizo nada para que se fuese. Estuvimos hablando sobre las futuras carreras, los contrincantes nuevos y cómo cambiaríamos de carretera cada poco tiempo. Porque al ser ilegales... Tampoco queríamos que nos pillasen. Darío y Mía estuvieron casi toda la conversación en silencio, ninguno sabía muy bien nada sobre este mundo así que no podían intentar meterse en la conversación. Al ver eso intenté cambiar de tema para que todos pudiéramos hablar. Estuvimos casi toda la tarde en el salón. Luego Gabi se fue porque tenía que trabajar se despidió de todos dándoles la mano pero a mí me dio un beso en la frente. Era algo que solía hacer cuando estábamos juntos, pero que ahora aunque no tuviese mucho sentido seguía repitiendo de vez en cuando. No me desagradaba, lo veía como un gesto cariñoso que en su momento fue nuestro pero que ahora simbolizaba la amistad que nos unía. Aunque no sabía si él me seguía viendo como una amiga. Tampoco me preocupaba mucho eso, estaba más concentrada en que pasaba con Darío. A la hora de cenar pedimos comida rápida y mía y yo nos pasamos la noche hablando de películas y de por qué había dejado el trabajo.

Siempre fuimos nosotros Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora