Alana
Dudaba mucho que Darío tuviese una moto para la carrera y menos aún que estuviese a punto. Pero me sorprendió cuando vino con una moto de motocross nuevecita. Claro, un chico con dinero, era obvio que la conseguiría como fuera solo para joderme. Aunque en cierta forma me estaba salvando la carrera y la reputación.
-¿De donde la has sacado? -Sonreí desde el marco de la puerta del garaje. Estábamos solos en toda la casa, Nathan y Mía se habían ido a comprar cosas para la casa porque a ella le había salido un tik tok de trastos inútiles que ella decía que eran el mejor invento del mundo. Y mi primo, con tal de verla contenta fue a acompañarla. Eran muy monos.
-Ya te lo dije.
-Se que eres hijo único Darío. Y que hasta hace poco no sabías ni qué diferencia había de una moto a otra así que no me mientas. Si no esto no va a funcionar.
-Pues que sepas que la he estado cuidando y arrancando para cuando... -Lo dijo justo después de que yo comentase lo último y conforme lo decía se dió cuenta de lo que dije.
Al salir de mi boca, lo que acababa de decir me estalló en la cara. Tenía que aprender a saber que decir y que no pero la reacción de él no me disgusto nada. Se puso tenso y se dio la vuelta para mirarme con los ojos bien abiertos.
Si, me había escuchado.
Estuve a punto de rectificar pero ya era tarde y lo que acaba de decir no era ninguna mentira, me gustaba. Ambos nos quedamos mirándonos sin saber que decir.
-¿Me estás proponiendo tener algo? -Sonrió de forma pícara. Parecía otro cuando estábamos solos.
-No he querido decir eso... Pero puede que haya una posibilidad.
-Ya de por si.. -Dijo mientras se acercaba a mi. -Lo de besarnos a escondidas no está bien, menos si tu primo se entera. -Agaché la cabeza al sentir que me rechazada. -Aunque no negaré que me gusta. -Me dió un vuelco el estómago. -Si se llega a enterar de que además de besos estamos intentando tener algo... Estamos muertos. -Pasó su dedo por detrás de mi oreja quitando un mechón rebelde que se escapó de mi trenza.
-Se enfadará pero lo conozco de sobra para saber que no sería capaz de hacernos nada, además Mía está de nuestra parte.
El ambiente se relajó un poco y pude por fin sonreír de forma ligera. Sonrisa que él me devolvió sin pensar, me gustaba verle enfadado pero tenía que admitir que tenía una sonrisa muy bonita. Nos pasamos parte de la mañana hablando, mirando la moto, dando una vuelta... Y besándonos. Parecía no ser tan capullo como la primera vez que lo conocí, hasta me parecía agradable pasar tiempo con él.
Cuando llegamos a casa después de nuestro largo paseo, vi el coche de Gabi parado en la puerta. Seguramente habría aparecido por casa al ver que no le había dicho nada acerca de la moto. Nos bajamos y tanto Darío como yo fuimos directamente a la entrada. Al abrir la puerta y mirar hacia el salón vi a mi primo preocupado, con las manos entrelazadas y mirando al suelo. Mía estaba a su lado izquierdo y Gabi al derecho. Cuando Darío cerró la puerta la mirada de la rubia se encontró con la mía. Nathan miró en nuestra dirección y cuando nos vio se levantó y fue hacia nosotros. Pensaba que estaba triste pero ahora mismo parecía furioso.
-¿Dónde mierda estabais? Lleváis sin aparecer desde esta mañana.
-Estábamos dando una vuelta. -Dijo Darío. Cuando vivimos se acercó su postura fue distinta, me inclinó ligeramente sin que nadie lo viese hacia un lado y se puso el frente a mi primo. Era una forma clara de intentar protegerme, pero esta vez no me pareció un idiota que solamente quería parecer el más fuerte, sino más bien una forma de cuidarme. Habíamos estado durante tanto tiempo en una relación de amor odio que no había sido consciente de que ya no existía lo segundo. Mía llevaba razón, los dos éramos tan cabezotas que no queríamos ceder ni decir que ya estaba empezando a haber atracción.
-No habeis contestado mis mensajes, ni siquiera las llamadas. ¿Y qué mierda hacíais los dos juntos durante todo el día?
No supimos que contestarle. Desde que estuve hablando con él sobre la moto esta mañana no había vuelto a mirar el móvil ni siquiera me acordaba de que lo seguía llevando en el bolsillo de la chaqueta. Y a él le había pasado lo mismo. Mía intentó meterse en medio pero era obvio que mi primo ya sospechaba más de lo que todos habíamos pensado, y no solo él. Gabi nos miraba algo molesto, seguramente también tendría llamadas perdidas de él. La diferencia es que Gabi si sabía en los líos en los que estaba metido y su preocupación era comprensible. Podía haberme pasado cualquier cosa.
-Nathan relájate. -Fue lo único que dijo Darío al respecto, no se movió, no alzó la voz. Parecía una estatua.
Nathan lo miró firme, apretaba las manos tanto que sus nudillos estaban completamente blancos y la mandíbula seguía estando tensa. Miré a Mía en busca de ayuda pero parecía que también había sido la primera vez que lo veía así. Mi primo en un pasado tuvo problemas con la ira por culpa de malas decisiones que tomó, más concretamente de drogas que tomó. Según me contaron sus padres y él mismo, un amigo muy cercano a él lo había estado ayudando desde que notaron que había caído en la adicción. Estuve eternamente agradecida a ese chico durante muchos años, pero ahora no podía creerme que fuese él.
La respiración de Nathan me sacó de este bucle de recuerdos infernales. Respiró hondo y le dijo a Darío que lo siguiera al garaje. Parecía más una orden a una frase normal. Darío odiaba que le diesen órdenes pero cedió y lo acompañó con las manos en los bolsillos como si fuese consciente de que no sería capaz de hacer nada. Yo me quedé ahí, sin saber siquiera que decir. El tiempo que estuve viviendo con mi madre estuve muy distanciada de él. En esa época conoció a Darío y tomó la peor decisión del mundo. No había estado para él y me sentía horriblemente mal por eso pero ahora sí estaba. Le pregunté a mi querida amiga y a Gabi qué había pasado, si había sido algún brote o algo por el estilo pero ambos me lo negaron.
-Llevas todo el día fuera de casa, sin contestar a nadie y Darío tampoco estaba. Tu primo ha empezado a preocuparse pero al llamar a Gabi y decir que no sabía nada de ti se ha vuelto loco. Es normal que te vayas y luego al tiempo aparezcas... Pero no lo es no contestarnos siquiera. Todo eso sumado a que Darío tan poco parecía por ningún lado... Alana se ha dado cuenta.
Mía se quedó callada de repente. Desde que mi primo y Darío habían entrado en el sótano se habían escuchado gritos por parte del primero pero ahora todo estaba en silencio. Tardar un poco tiempo en salir, mi primo no volvió a hablar sobre ese tema en todo el día. Ni siquiera nos habló, solo a su novia. Ya era de noche cuando pillé a Darío yendo hacia su habitación.
-¿Qué has hablado con él?
-No te preocupes. Le he dicho que ha surgido sin que ambos lo planeásemos, esas cosas pasan. Estaba asustado por si pasase algo entre ambos y los dos decidiésemos ir por caminos separados. Me ha dicho que se ha acostumbrado a vernos a los dos y no quiere estar sin ninguno... -Me miró a los ojos y supe que sabía lo que estaba pensando. -Tranquila, somos adultos. Y sale mal sabremos cómo llevar la situación. No es muy distinto a un matrimonio divorciado con un hijo en medio. -Sonrió.
No sabía por qué pero sus palabras hicieron que me calmase un poco.
-¿Y... Le has dicho algo de... Las veces...?
-No, no sabe nada. Eso sólo nos pertenece a nosotros. -Sonrió, agarró mi barbilla y midió un beso sutil.
-Ahora descansa. Mañana es tu gran día
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Siempre fuimos nosotros
Fiksyen RemajaUn libro donde el mundo del motor y el boxeo se unen. Todo el mundo tiene secretos pero... ¿Todo el mundo está preparado para saber los de su pareja? Bueno, o casi pareja... Darío llega a una carrera ilegal a la que lo invitó su mejor amigo, allí c...
