Cap. 35

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𝐃𝐚𝐫𝐢𝐨

Esa noche no pude dormir, la tensión del momento seguía como si todavía la tuviera delante. Intenté resistirme, aunque para que engañarme, volvería a arriesgarme solo por rozar de nuevo su piel con mis manos. Tenía algo que me hacía perder la cabeza y aunque nunca le hiciera mucho caso a Nathan esta vez era distinto, algo en ella me hacía no querer alejarme aunque supiera que acabaría destrozado. Como un drogadicto que ha arruinado su vida pero sigue consumiendo. Cansado de no poder dormir y de dar vueltas en la cama bajé a entrenar un poco.

Mire su parte del garaje inconscientemente, pensando que a lo mejor ella habría bajado también. Nos recordé encima de la moto, con la tensión tan intensa como hacía unas horas... Tenía que parar.

Me puse de espaldas al taller improvisado y empecé a hacer abdominales. Intenté con todas mis fuerzas no recordar más ese escenario para no acabar teniendo más erecciones, o acabaría con dolor de huevos literalmente. Me centré tanto que ya no sabía que parte del cuerpo hacia, solo que me movía. Subí a la habitación bañado en sudor y me duché con agua fría,  ya era por la mañana pero intuí que seguían durmiendo así que me tomé mi tiempo para relajarme y pensar en todo lo que tenía que hacer esa semana. Abrí la puerta del baño, fui a mi habitación y me puse ropa cómoda. Al salir escuché la puerta de la habitación de Alana abrirse pero no la escuché salir. Le había dicho mil veces que no fuera descalza por la casa pero me hacía caso omiso. Esperé un momento y asomé la cabeza por la puerta pero solo vi su silueta bajando las escaleras. Luego la puerta de la habitación se cerró. Volví a mi habitación y miré por la ventana, iba con el uniforme de la cafetería.

¿Ya habían terminado sus vacaciones?

Fui a la habitación de Nathan y lo levanté quitando la cortina que le tapaba la luz mañanera.

-Venga, tenemos que ir a la revisión del coche, levántate.

Mi mejor amigo gruñó y de tapó la cara con la mano. Si quería tirarse todo el día durmiendo estaba equivocado.

¿Cómo podía Mia dejarlo dormir tanto?¿No quería pasar tiempo con él? Que pareja más rara.

-Ve tú, estoy cansado. -Me dijo y me dió la espalda. Lo alcé agarrándolo de los hombros, cosa que él no esperaba y lo hizo ponerse en tensión.

-No he dormido en toda la noche, yo si que estoy cansado.

-Ya veo, vaya ojeras llevas. -Me miró con detenimiento. -¿Por qué no has dormido? ¿Otra vez lo de tu padre?

Se me tenso el cuerpo, lo eché sobre la cama y le gruñí que se vistiera cerrando su puerta de golpe. Agradecía que me soportase pero a veces se ganaba mi mal humor.

Estábamos dentro del coche, esperando a que nos dijeran que todo estaba bien, miraba mi móvil sin parar esperando algún mensaje de Alana. No habíamos vuelto a hablar después de lo que pasó y pensé que haría como si no pasara nada. Pensé bien. Nathan me miraba sin disimulo, intentando saber que me pasaba por la cabeza. Estaría preocupado si no supiera que habiéndose despertado hacía una hora no sería capaz de saber ni cuántos años tenía. El mecánico nos dijo que todo estaba bien, el ruido que hacía el coche no era preocupante y como Nathan insistió en qué podía arreglarlo nos fuimos como volvimos. Lo dejé en casa y fui a hacer algunos recados sin pensar que cuando volviera tendría un intruso en mi casa.

Gabriel estaba bajo el coche mientas Nathan hablaba con Mía. Entré por el garaje y los miré. Nathan no sabía que Gabriel no me agradaba pero era obvio que no quería que estuviese en mi casa. Mía me miró y sonrió.

-Hola Darío¿Qué tal?

-Bien gracias.

Gabriel salió de debajo del coche, llevaba una camiseta de tirantes sucia y la cara manchada de negro. Me miró, seguido hizo un gesto en forma de saludo que no le devolví. No diría que lo odiaba...pero no me gustaba. Ví a la rubia levantarse e ir detrás de mi asi que deducí que Alana había llegado. Al girarme la vi abrazada a ella, pero estaba distinta, más seria de lo normal. Nos saludó a todos pero cuando llegó a Gabriel él la abrazó manchando su cara también. Pensé que lo golpearía pero no pasó. Se rió y lo miró sonriente.

-¿Qué haces aquí Gabi?

-Tu primo intentó arreglar un ruido en el motor y ha terminado jodiendo una válvula. -Ella rio y después dijo que iría a cambiarse y limpiarse la cara.

Siempre fuimos nosotros Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora