Darío
Miré la hora en mi móvil, las tres y media de la mañana. Ni rastro de Alana ni de Mía. Estaban poniéndome nervioso, desde que se fueron no paraba de mirar el reloj, tanto que hasta Nathan se dio cuenta. A veces me parecía idiota, no era consciente de que su novia y prima no estaban pero si de qué miraba el móvil cada dos minutos. Increíble.
Antes de que fuese consciente de lo que estaba haciendo mis pies ya me estaban llevando a la habitación de mi mejor amigo y mis dedos golpearon la madera de la puerta de su habitación. Tardó tres llamadas en abrirme la puerta, parecía cansado pero no por haberse despertado si no porque no había dormido desde que había discutido con Mía, lo que me parecía raro porque a él NADA le quitaba el sueño.
-Ponte la ropa, hay que irse.
Me miró extrañado y serio.
-¿Porqué?¿A donde?¿Te has vuelto a meter en líos por tu padre? Darío se que es tu padre pero...
Ese no era ni el momento ni la situación para hablarlo.
-Alana y Mia no están, se han ido solas.
Su cara cambió al escuchar mi frase y su cuerpo pasó de estar tranquilo a tenso y duró como una piedra.
-¿Cómo te has...?
-Alana me lo dijo antes, necesitaban distraerse, me pidió que me quedase tranquilo y contigo, pero cada vez es más tarde y no contesta mis mensajes ni llamadas.
-¿Eres idiota? -Dijo cabreado.- Osea que te dicen que se van solas de noche y te fías de ellas. -Suspiró y llamó por teléfono a alguien.
-Alana me dijo que sabe cuidarse sola. Confío en ella.
Un atisbo de algo que no era enfado apareció en la cara de mi amigo, seguramente por escucharme decir que confiaba en ella cuando no lo hacía en nadie.
-Alana sabe cuidarse sola, pero a los sitios a los que va no es precisamente el mejor para que lleve a Mia. Alana no se parece en nada a ella. -Escuché un pitido que salía de su móvil. -No lo cogen, estupendo. -Gruñó. -¿Te dijo dónde pueden estar?
-No, no me dijo donde pero no creo que muy lejos. Podemos ir a sitios hasta dar con ellas.
-Si Alana no quiere que la encontremos no lo haremos. A menos que vaya más borracha que una cuba, en ese caso es como siempre pero más torpe. Tú eres el que se la tira, sabrás dónde puede haber ido.
Esa frase me colmó. Ya era suficiente, era mi mejor amigo y su primo pero estaba harto de aguantar sus enfados de crío cuando no venían al caso. Me apoyé sobre las puerta mientras lo miraba coger su chaqueta, al girarse me miró con desdén.
-Me da igual que seas mi mejor amigo, estás actuando como un gilipollas. No me tiro a tu prima, no la he tocado nunca Nathan. Me gusta, me gusta desde que la vi aunque a veces parezca odiarla. Estás tan encabezado en qué te hemos traicionado que no te has dado cuenta que ella se ha empezado a alejar de ti por miedo a que le eches en cara cada paso que da. Sé cómo crees que somos, y que solo es atracción física pero ¿Te has parado a pensar en todo lo que he hecho a lo largo de este tiempo?¿O lo que ha hecho ella? Esas cenas o comidas que hago porque se que le gustan, las tardes en el garaje, cada uno a su bola pero en el mismo espacio y ese pique siempre de tira y afloja. Nathan, esto no es por puro calentón, estoy seguro de que empiezo a sentir cosas muy fuertes por tu prima.
Se había quedado parado mientras empezaba el discurso pero ahora estaba tan inmóvil que pensé que se había quedado tieso. Tardó unos minutos en gesticular, agachó la cabeza metiendo las manos en sus bolsillos, miró uno de sus muebles cerca de la puerta con una foto de Mia y él. Luego me miró directamente a mí, aún frío pero con compasión.
-No hos hagáis daño.
-Es lo último que quiero hacerle.
-Vale pues... ¿Nos vamos? No podrán andar lejos.
Asentí. Bajamos lo más rápido que pudimos y agarré las llaves del coche antes de salir por la puerta en dirección al él.
Nos recorrimos toda la ciudad en busca de ellas, mientras conducía, Nathan las llamaba sin parar pero nada. Empezaba a preocuparme y a echarme la culpa por haberlas ayudado hasta que las vimos salir de un bar de copas. Pegué un frenazo tan rápido que Nathan casi se come la guantera, me miró mal pero al señalarle a las chicas salió del coche rápido, conmigo detrás.
Íbamos detrás de ellas y no sé daban ni cuenta, que irresponsable. Cuando agarré el brazo de Alana ella me miró como si ya supiera que era yo, pero Mia...
-¡Déjala es mi novia!
Ambos nos quedamos en silencio sin encontrarle el sentido a lo que acababa de soltar la rubia.
-¿Qué? -Dijo su verdadero novio.
-Ah, sois vosotros.
-¿Cómo nos habéis encontrado? -Dijo Alana mirándome. No me había pedido que la soltara, eso era nuevo, pero al ver sus pupilas dilatadas me di cuenta. Iba borracha.
-Nos hemos recorrido toda la ciudad, tarde o temprano os encontraríamos, era cuestión de tiempo. -Dije sin dejar de mirarla.
-Nos teníais preocupados, no contestabais.
-No vimos los mensajes ni las llamadas. -Dijo Alana.
-No seas mentirosa, si los hemos estado ignorando toda la noche. -Le susurró Mia lo suficientemente alto para que no fuera un susurro.
-Os hemos oído.
Alana la miró molesta y añadió.
-Es la última vez que te hago caso en un plan. -Luego me miró a mí. -Estoy cansada ¿Podemos irnos?
Asentí.
Las llevamos hasta el coche y todo el camino se la pasaron calladas, medio dormidas.
-Parece que se lo han pasado bien. -Me dijo mi amigo.
-Y están sanas y salvas, aunque borrachas como una cuba. -Me reí mirándolas.
Al llegar a casa, Nathan subió a Mia a la habitación. Estaba completamente dormida. Yo me quedé en el salón con Alana.
-Asi que novias. -Ella se río.
-Se le ocurrió a Mía porque los chicos que había estaban muy pesados. -Se tocó la sien como si le doliera. -Creo que me he dado más besos con ella hoy que en toda mi vida con nadie.
Ambos nos reímos y la observé. Estaba preciosa. Ella me miró al darse cuenta de lo que hacía y me sonrió.
-¿Estás celoso o que?
-Un poco.
-Eso se arregla fácil.
Se subió encima de mi y me besó poniendo sus manos en mi cuello. Inconscientemente puse las mias en sus caderas y la pegué a mí haciendo que nos rozáramos. Juraría haber oído un pequeño gemido salir de sus labios, solo un segundo, pero había bastado para hacerme sonreír. Seguimos con el beso y el roce hasta que escuchamos toser.
Nathan estaba en la puerta y nos miraba avergonzado pero divertido.
-¿Cortaos un poco no? -Sonrió.
Y noté como nuestros cuerpos se relajaban ante esa señal clara de validación.
-Siento interrumpir el momento romántico pero... Alana necesito que me ayudes a desmaquillar a Mia, no sé con qué quitarle el maquillaje.
Ella se rió, se bajó de encima de mi y fue hacia su primo mientras yo intentaba disimular la erección. Pasó por su lado y salió del salón. Nathan me miró y se rió.
-Esta bien. -Eso me tranquilizó. -Solo no te la tires en el salón o donde os vea o escuche.
Ambos nos reímos y fuimos en busca de las chicas para aprender yo también. Por si algún día me tocaba hacérselo a Alana. No sirvió de mucho porque aunque ella lo estaba haciendo bien, según creíamos, no paraban de reírse y hacer bromas. Me gustaba esta Alana.
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Siempre fuimos nosotros
Teen FictionUn libro donde el mundo del motor y el boxeo se unen. Todo el mundo tiene secretos pero... ¿Todo el mundo está preparado para saber los de su pareja? Bueno, o casi pareja... Darío llega a una carrera ilegal a la que lo invitó su mejor amigo, allí c...
