Cap. 53

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Alana

Llevaba meses yendo a escondidas durante la noche al Refugio. Un bar clandestino donde algunos miembros de una banda callejera nos reuníamos. Entré en esa banda con 14 años, me hice miembro y llegué a ser muy importante allí. Pero ahora solo iba de vez en cuando para arreglar asuntos o que me ayudasen a buscar a mi padre. Llevaba desde hacía dos años sin saber nada de él, se separó de mi madre hace cuatro. Al separarse estuve una temporada con ella, luego mi padre se quedó con la custodia y de la noche a la mañana desapareció dejando a mi madre con toda la custodia de mí. Llevaba años intentando ir tras él, buscando cualquier pista que me llevase a donde él estaba. Este año había estado tan cerca que hasta había viajado por el mundo en busca de él.

El edificio parecía estar en ruinas pero gracias a nosotros al estar dentro te sentías completamente en casa. Las paredes selladas, calefacción y muchas luces. Aunque fuese un bar lo utilizábamos de punto de encuentro y solamente los miembros podían entrar. Cuando pasé las puertas rojas de hierro el calor me invadió las mejillas. Gabi estaba ya esperando en la barra y cuando me vio hizo un gesto para que me acercase hacia donde estaba. Sin quitarme la chaqueta me apresuré a llegar a su lado mientras escuchaba como la gente murmuraba al verme pasar. No era nada nuevo así que no les presté atención. Desde que mi padre se había ido de la banda mucha gente pensaba que había sido culpa mía, pero no sabían que yo también me había quedado sin padre. El infierno de vivir con mi madre me hizo independizarme incluso cuando no tenía donde caerme muerta pero no me importaba. La gente siempre critica, tengan razón o no.

-Por fin apareces, -me dió una copa. -¿Porqué no apareciste ayer?

-Mía me necesitaba. No dije que viniera. -Él me miró rápido.

Antes de que pudiera decir nada, Shane entró y se sentó con nosotros. Pelo negro como la noche, mirada cansada y piel pálida como un muerto. Aún así seguía robando miradas de todas las chicas que había cerca.

-Ayer Asher te estuvo buscando.

Al escuchar eso me tensé, Asher era ahora mismo el que mandaba en la banda. No se hacía nada sin que él lo aprobara primero, o eso nos decía porque yo era la única que le daba problemas al no hacerlo. Desde que mi padre se fue él ocupó su espacio. No fue por votación. No fue porque mi padre se lo dijo. Solo llegó y ocupó sitio en la banda. Nunca nos habíamos llevado bien, ni desde pequeños. Tenía cuatro años más que yo, el pelo rubio rapado y los ojos de un azul que helaba la sangre. Cuando él entraba todo el mundo se callaba y lo obedecía, su presencia imponía tanto que hasta miembros más antiguos de la banda lo respetaban sin haber siquiera hablado con él.

-No me interesa. -Dije dándole el primer trago a mi bebida. El alcohol bajó por mi garganta haciendo que me ardiese el estómago.

-Alana, te ha ayudado con lo de tu padre. No es culpa de él que no lo encontrases. -Lo que Gabi dijo me hizo gruñir más que el alcohol.

En ese momento Asher abrió las puertas de par en par. De repente hacía frío y todo el mundo se había callado. Me buscó con la mirada hasta que me encontró, avanzo dejando atrás las puertas y pasó por mi lado sin mirarme. Esa era mi señal para acompañarlo. Muy a mi pesar agarré la copa y fui tras él. Se sentó en una mesa al final del establecimiento, solo había dos sillas así que me tuve que sentar en la que estaba libre frente a él. Cuando me senté levantó la mirada clavando sus ojos en mí.

-¿Lo has encontrado? -Negué con la cabeza. -Eres una inútil.

-Y tú un capullo.

Me crucé de brazos recostándome en el espaldar de la silla. Otra persona no le hubiera hablado así, pero yo no le tenía miedo y él lo sabía. Apretó sus puños sobre la mesa y gruñó. Sabía que era la hija del jefe, así que podría tener inmunidad hasta cierto punto. Esa había sido nuestra relación desde siempre, aunque ahora que no estaba mi padre tendría que ir de forma sutil. Cuando entré a la banda él ya llevaba varios años aquí, se había hecho un pequeño hueco pero tras mi inminente llegada él paso a segundo plano. Supongo que era algo que todavía no había sido capaz de superar.

-¿Eres consciente de lo que nos hemos gastado en esto?

-Si, ¿Tú lo eres de a quien estamos buscando?

Hubo un silencio por parte de ambos. Y ahí me di cuenta de que todo el bar estaba en silencio, intentando escuchar nuestra conversación. Nuestra rivalidad no había sido desapercibida desde nunca. Así que cada vez que hablábamos el resto del bar se callaba por completo. Estuvo unos minutos más intentando castigarme por haberles hecho perder el tiempo hasta que se dio cuenta de que había dejado de prestarle atención desde hacía más de diez minutos. Amenazó con echarme de la banda y al ser consciente de que no podía se levantó furioso y se retiró. Shane y Gabi no tardaron en llegar hasta mí pero antes de que pudieran preguntarme, un chico alto que custodiaba la entrada llegó hasta nosotros diciendo que un hombre preguntaba por mí fuera. Los tres nos miramos entre nosotros y sin hablar decidimos que me iban a acompañar hasta fuera, como si fuesen mis guardaespaldas. Sabían de sobra que podía defenderme yo sola pero nunca estaba de más un poco de ayuda, y más aún si no sabíamos quién era ese individuo. Me terminé la copa de un trago que me hizo tener ganas de vomitar, de normal no sabía tolerar muy bien el alcohol pero en estos momentos era importante tener autocontrol. Y solía tenerlo más estando ebria que sobria. Cruce todo el bar con ambos a mis espaldas, uno a cada lado. Empujé la puerta y al salir.... Darío.

Estaba apoyado sobre una de las motos que había fuera, con los brazos cruzados y una expresión que me hizo tragar saliva. Me había encontrado.

Siempre fuimos nosotros Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora