cap 50

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Darío

Después de despedirme de Alana, entre a mi habitación. Mía ya estaba esperándome.

-¿Ya se ha dormido?

-Después de todo el cabreo se le han bajado las pulsaciones y se ha quedado frito en la cama. ¿Qué ha pasado en el garaje?

-Nada de lo que tengas que preocuparte. -Intenté tranquilizarla. -No es agresivo, solo se enfada muy fuerte como su prima. Ha pegado un par de gritos, me ha insultado un par de veces y ya.

-¿Cómo sabes siempre que hay que hacer?

-No lo sé, desde pequeño me han enseñado que ante cualquier situación lo mejor es mantener la calma y que no se te note el miedo. Después es ir improvisando. Solo lo he tranquilizado y he hecho que entienda que no vamos a dejarlo solo pase lo que pase ni su prima ni yo.

-Yo tampoco. -Gruñó.

-Ya, pero en este momento lo que le molestaba éramos nosotros. Entiendo su frustración, más de una vez he tenido pataletas así. Por eso pensé que sería el mejor para ayudarlo.

-Alana me ha contado porqué empezó a vivir contigo... ¿También pasaste por eso? No te pega nada.

-¿Y a tu novio si? -Mía hizo una mueca que claramente decía que sí así que reí un poco. -Yo no, pero gente de mi alrededor sí.

Charlamos un poco más y se fue a su habitación. Me quité la ropa y miré hacia el techo, había sido un día intenso. Tanto que ni la persona más chismosa que había conocido nunca me había preguntado acerca de qué había pasado con Alana.

Al día siguiente me desperté temprano e hice desayuno para todos. Comimos corriendo y nos preparamos lo más rápido posible porque íbamos a llegar tarde. Justo el día en el que Alana tenía que despertarse temprano no lo hacía, había dormido casi tanto como sus primos y ahora estábamos yendo a toda velocidad hacia la playa. Nathan iba de copiloto conmigo y seguía aún muy callado, nunca pensaría que echase de menos que hablase tanto siempre. El no hacerlo ahora significaba que seguía enfadado con nosotros, aunque se le pasó un poco al ver su desayuno favorito en la encimera de la cocina.
Cuando llegamos al sitio solamente faltaba Alana. Se preparó lo más rápido que pudo y habló de lo último antes de la carrera con su primo y Gabi. Me acerqué a ella y le di un beso, primo ya se había ido pero Gabi seguía allí. Aunque no fue el que peor nos miró, a su lado había un tío más o menos de mi edad, rapado, con el pelo castaño claro o casi rubio y los ojos penetrando tanto en mí como en Alana. Decidí ignorarlo por esta vez, y ha disfrutado mucho viendo la cara de enfado de Gabi. Por fin había podido darle donde más le dolía. Pensaba que podía hacerse con ella... Pero yo siempre gano.
Durante la carrera estuvimos completamente estresados. Esta vez el circuito se veía desde cualquier punto de la playa pero aún así no era como verlas por la tele, al final me había aficionado por culpa de ella, y no me disgustaba nada. Era el único momento del día en el que podíamos estar uno al lado del otro sin hablar y sin que pareciese raro. Hablando con ella me di cuenta de que ambos lo hacíamos para estar un poquito más cerca del otro sin que se nos notase que lo hacíamos por eso.

-¿La quieres? -Nathan estaba a mi lado, observando la carrera pero hablándome a mí.

-Sabes como soy. -Dije desviando mi mirada hacia él.

-Por eso. -Nunca lo había visto tan serio, seguramente estaría teniendo un debate interno para saber qué hacer y que no.

-Nathan... Puede que al principio no pudiesen ni verla, y te aseguro que hacerle el favor de que viniese a la casa no iba con ninguna intención.

-¿Pero?

-Pero ninguno lo ha podido evitar. Realmente esto ha pasado sin que ninguno lo hubiera planeado. Ambos hemos intentado hacer como si no pasase nada, pero es muy complicado. Imagínate que no pudieses expresar todo lo que sientes hacia tu novia, que no pudieras tocarla, que no pudieses ni darle un mísero beso, o ver que otros se acercan a ella y no poder hacer nada para impedirlo.

-Que asco, deja de decir que quieres tocar a mi prima. -Una pequeña sonrisa salió de mis labios. -¿Estás comparando lo que yo siento con mi novia a lo que sientes tú con mi prima? -Sonó con un poco de prepotencia y algo de malestar pero era evidente que debería de estar así, yo lo estaría.

-Se que no puedo hacer que de repente te parezca bien. Tampoco quiere intentarlo. Tú tienes tu pensamiento y yo el mío pero te aseguro que aunque no sepa a ciencia cierta que te pasa a ti con Mía... Porque tampoco me lo has contado. Sé exactamente lo que a mí me pasa con tu prima y no me ha pasado nunca. Es la única persona que de verdad creo que me gustaría conocer el resto de mi vida. Suena intenso ya lo sé y una cursilada pero creo que es la mejor forma de describirlo.

Hubo un silencio sepulcral, sabía que tanto Gaby como Mía nos estaban escuchando. Me daba igual. Lo único que quería era que mi mejor amigo estuviera tranquilo. Que volviese a confiar en mí. Lo observé después de decir la última palabra y su expresión se calmó.

Tuve el corazón encogido durante toda la carrera hasta que era la última recta. Había muchos hoyos y obstáculos pero Alana lo defendió sin duda. Acabó ganando la carrera a pocos segundos del segundo piloto. Pensé que solamente nosotros cuatro habíamos ido a verla pero en cuanto pasó la línea de meta una multitud corrió hacia donde estaba. Antes de que pudiese llegar la vi quitarse el casco y sonreír mientras abrazaba a algunas personas que estaban cerca de ella, seguramente serían amigos o compañeros que habían ido a apoyarla. Se escuchaban gritos diciendo que Alana había vuelto y gente chiflaba mientras ella se reía y nos buscaba con la mirada. El primer abrazo fue para su primo, y esta vez fue un abrazo de verdad, nada forzado como el que le había dado antes de empezar la carrera, luego siguieron Mía y Gabi. Justo cuando estaba a punto de dárselo yo el chico que nos había estado mirando antes pasó por su lado. Le susurró algo que yo no pude entender pero la cara de Alana cambio.

-¿Qué pasa?

-Nada, no es nadie. -Me sonrió. Pero yo sabía perfectamente que algo pasaba.

Siempre fuimos nosotros Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora