Cap. 40

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Alana

Entré en la cocina y me serví un vaso de agua. Había estado durmiendo durante todo el viaje y tenía muchísima sed.

-Menos mal que tenías tiritas eh. -Me reí.

-Se ha puesto tan nervioso al saber que estabas aquí que se ha despistado y se ha hecho un pequeño corte. Nada preocupante.

Me quedé sin aliento. Casi escupo el agua que me había tragado.

-¿Qué?

-Alana, no te hagas la tonta.

Suspiré dejando el vaso sobre la mesa y la miré mientras cocinaba.

-¿Cómo ha estado?

- Pués... Cuando se enteró de que te fuiste subió a tu habitación corriendo y estuvo como una hora arriba. Tu primo se dio cuenta pero le dije que solo estaba cabreado porque no le habías dicho nada. Al día siguiente, se levantó temprano y fue a correr. Empezó a entrenar como un loco, le dio trabajo a tu primo y no ha perdido ningún combate desde entonces.

-¿Y ... Algo más? -Ella sonrió.

-Ha estado saliendo con bastantes chicas, pero al día siguiente ya pasaba de ellas. Supongo que se ha enfocado tanto en el que no quería centrarse en nadie más.

-Ya, está distinto.

-Física y mentalmente lo está. Han pasado muchas cosas desde que no estás. Aunque claro, durante todo este año supongo que en la tuya también.

Me encogí de hombros, a ella le había dicho que necesitaba un descanso de esta vida y que me iría en principio unos meses de vacaciones. El único que sabía lo que verdaderamente había hecho era mi primo y todo esto se lo acababa de contar. Sabía que no estaría muy de acuerdo con lo que haría así que me asegure de que no supiese nada hasta que volviera. No quería preocuparlo, aunque, en verdad, no era para tanto. Digamos que solamente necesitaba un poco de tiempo para mí... O más bien para arreglar unos asuntos. Pero al no conseguir gran cosa decidí volver. Hasta ahora solo lo sabían ellos tres. Pero mi primo ya se había encargado de mandar un mensaje al grupo de nuestros amigos para decirles que había vuelto.
Así que me intuí que no tardarían mucho en aparecer en casa para celebrarlo. Por eso Mía había organizado todo esto, poniéndole la excusa a Darío de que se acercaba Navidad y tenía que hacer recetas nuevas para probarlas por si no estaban comestibles.

Durante todo este tiempo, empecé a confiar un poco más en ella. Y al verla ahora tan unida a Darío me di cuenta de que hice bien. Hablábamos casi todos los días y siempre me preguntaba que estaba haciendo o cómo me lo estaba pasando, casi siempre le mentía. Le decía que había ido a darme un paseo por la playa o que estaba en un sitio para comer con unos cócteles que te emborracharían solo de olerlos. Y bueno, estuve. Pero este no era mi día a día.

Escuché el ruido del timbre así que me asomé por la puerta de la cocina y fui hacia la entrada para abrir pero mi primo se adelantó. Al abrir la puerta vi a todos irrumpir en la casa pegando saltos y gritos como si hubiesen ganado la lotería.
Eric y Gabi fueron directos hacia mí y ambos me abrazaron.

-Que cambio has pegado. -Dijo Eric. -Parece que estás hasta más buena. -Gabi le pegó un puñetazo en el hombro y yo me reí.

-Que bocazas estás hecho. -Me miró Gabi y sonrió. -Estas preciosa Alana.

-Gracias. -Sonreí.

Me pidieron que los pusiese al día así que me inventé muchas historias que ya traía de casa sobre "mis vacaciones". Se me daba bien mentir. Mi primo me miraba al otro lado de la mesa con cara de preocupación pero decidí fobiarlo y hablar con él después de la cena. Cuando todos se fueron subí a la habitación de mi primo. Mía estaba fregando los platos porque le había pedido que me dejara a solas con él. Llamé a la puerta y entre cuando me dio permiso. Me senté a su lado en la cama y tuve un flashback del día antes de que me fuera. Pero decidí respirar hondo y centrarme en la conversación que tendría con él.

-¿Porque lo hiciste? Podía haberte pasado algo. Algo grave Alana.

-Lo sé, pero necesito respuestas. Necesito un porqué.

-Pero ¿por ahora?

-Porque no puedo vivir pensando en lo que puede que haya sido. Entiendo que no me entiendas, tus padres siempre han sido un apoyo para ti... Y bueno para mí también. Pero no son los míos.

Se miró las manos y asintió en silencio. Sabía que no era capaz de entenderlo pero si de apoyarme así que no le pedí nada más.

-¿Te volverás a ir?

En ese momento no supe que contestarle. Me había tirado meses fuera y había conseguido muy poco así que lo más razonable era dejarlo a un lado e intentar seguir con mi vida pero no podía. No quería dejar esto así.
-

Siempre fuimos nosotros Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora