Darío
Me quedé en silencio al lado de la pared de la habitación de Nathan. Lo que Alana le estaba contando a él no tenía nada que ver con lo que nos había contado durante conversación en la mesa. ¿Que era tan peligroso?¿De que necesitaba respuestas?¿Qué tenían que ver sus padres en eso?
La cabeza me daba vueltas intentando entender la situación hasta que escuché los muelles de la cama de mi mejor amigo. Alana se estaba despidiendo de él así que sin que me viese bajé unos escalones de las escaleras e hice como si estuviera de nuevo. Al salir nos cruzamos y me miró.
-Hola. -Dije mirándola a los ojos. Aunque estuviésemos casi a oscuras los sabía distinguir a la perfección. Había estado tanto tiempo sin verlos en persona que tenía la sensación de que solamente era un bonito espejismo. Al no contestarme dudé por un segundo si verdaderamente la estaba viendo o era un sueño.
-Hola. -Me mantuvo la mirada, mirando también los míos y una leve sonrisa salió de sus labios. Nos quedamos en silencio hasta que ella lo rompió con un. -Bueno, buenas noches.
Y me dejó allí, en mitad del pasillo sin saber que hacer. Podía haberla seguido, haberle pedido explicaciones, pero después de escuchar la conversación que tuvo con su primo decidí que lo mejor era dejarla descansar. Esos meses habían sido de todo menos unas vacaciones. Llegué a mi habitación y mientras me duchaba iba pensando en que podía haber pasado. ¿A donde había ido?¿Como se había pagado ella el viaje con el poco sueldo que tenía?¿Se habría quedado a dormir en casa de alguna persona?¿De sus padres tal vez? Pero nunca me habló lo suficiente de ellos. Creo que casi nada, así que no tendría muy buena relación. La mayoría de veces tanto su primo como ella solo hablaban de los padres de él. Y por lo que dejaban caer, ella se había criado con ellos. ¿Les pasó algo a sus padres cuando ella nació?¿Se habrían desentendido de ella?
Tantas preguntas solo daban vueltas en mi cabeza y sabía que a menos de que ella me las quisiese aclarar nunca sabría su respuesta. Estuve dando vueltas en la cama hasta las cuatro de la mañana. Volvía a tener la sensación de que no podía dormir pero esta vez sí me gustaba porque no era por estar mal, si no por estar nervioso de volver a tenerla cerca. Había intentado durante todos estos meses tener algo con alguien pero ninguna me parecía lo suficiente. Desde que se fue volví a estar en la casilla de salida. Nadie me llenaba lo suficiente, pero esta vez ni aunque fuesen completamente iguales que ella porque en lo mínimo no se parecían. Siempre había un pequeño fallo, siempre había un
Pero no es ella.
Estar así no me hacía bien pero la sensación esta vez si me gustaba. Me giré mirando el techo de mi habitación y sonreí. Me gustaba su cambio aunque tanto morena como rubia me atraía igual, bueno, a estas alturas de la película supongo que más que atraer me gusta.
¡JODER ME GUSTA!
Intenté recordar paso a paso todo el día desde que la vi hasta que cerré la puerta de mi habitación. Cada detalle de cada momento se quedó guardado en mi memoria. Como el tiempo se detuvo el mismo instante en el que la vi. En la cara con la que la novia de mi mejor amigo me miraba después de quedarme embobado mirando a Alana. La impotencia que me dio cuando Eric y Gabi la abrazaron con todas sus fuerzas mientras que yo lo único que hice fue mirarla. No me salían las palabras cuando la tenía delante y no sabía si eso era preocupante... Pero me daba igual. Estaba aquí. Estaba en mi casa. Estaba en la habitación al otro lado del pasillo.
Tenía ganas de abrir la puerta, ir hacia su habitación y abrazarla, quería besarla. Echaba de menos sus labios. Ninguno de los otros que había besado se parecían a los suyos. Y joder, estaba deseando de que fuese mañana para volver a verla pero no quería que se acabase el día por si al despertarme me diese cuenta de que solo era un sueño. Como muchos otros que había tenido desde que se fue.
Al día siguiente abrí la puerta de mi habitación muy temprano y me sorprendí al ver una melena rubia cruzando el pasillo. En este poco tiempo que había pasado con Mía viviendo en mi casa había sido consciente de que dormía casi lo mismo que su novio así que era muy raro encontrarla despierta a estas horas. Me acerqué a ella y conforme lo hacía me daba cuenta de que su silueta no era la misma. Si no hubiese sido porque tenía memorizado cada parte de su cuerpo la habría confundido con Mía.
-Buenos días Alana.
Ella se giró y me miró. Aunque fuese principios de diciembre en la casa la calefacción se ponía alta así que yo iba sin camiseta. De normal no lo hacía, pero había estado entrenando muy duro para volver a mi cuerpo de antes y sabía que Alana se despertaba temprano así que había altas probabilidades de que nos cruzásemos por la mañana... Y tenía que desplegar mis encantos. Mientras ella me observaba yo me tomé mi tiempo para hacerlo también. Llevaba el pelo suelto y desordenado. Un pijama bastante fino de tirantes y pantalón corto. Verdaderamente estaba más morena, así que intuí que había estado en un sitio de playa. Por lo menos eso si era verdad. Cuando volvió a mirarme yo todavía la estaba mirando así que carraspeó un poco y se cruzó de brazos.
-Hazme el desayuno¿no?
Frunció el ceño. Y no lo evite, estábamos solos. No pasaría nada. Así que la rodeé poniendo mi brazo en su cintura y la pegué a mí, mientras que al mismo tiempo agarraba su mejilla con mi mano de forma firme y la besaba de una forma tranquila pero con pasión. Ella se quedó impactada pero me siguió el beso un poco insegura. Al quedarnos sin respiración nos separamos unos centímetros y posee mi frente sobre la suya.
-Me alegra que hayas vuelto. -Con eso me despegue de ella y bajé a hacerle el desayuno. Dejandole tiempo para asimilarlo todo.
ESTÁS LEYENDO
Siempre fuimos nosotros
Teen FictionUn libro donde el mundo del motor y el boxeo se unen. Todo el mundo tiene secretos pero... ¿Todo el mundo está preparado para saber los de su pareja? Bueno, o casi pareja... Darío llega a una carrera ilegal a la que lo invitó su mejor amigo, allí c...
