Capítulo 47

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Alana

Me levanté tarde. Apenas dormí y estaba cansada. Bajé las escaleras y me dirigí hacia la cocina. Cogí lo primero que vi en la encimera. Un bollito de chocolate, le quité el plástico y empecé a masticarlo aún en mis pensamientos. Mi cabeza no descansaba ni cuando mi cuerpo lo hacía. Estuve toda la noche pensando en porque Darío llegó a mi habitación a pedir perdón, en como insiste tanto Mía y el para que les cuente que pasó con mi pelo, en la supuesta escapada de desconexión... Mis ojos volaron a la puerta del garaje abierta. Se escuchaban golpes secos y cadenas golpeándose entre si. Darío estaba despierto y estaba allí.

Terminé el trozo de bizcocho que tenía en la boca y seguí el ruido hasta abrir por completo la puerta. Allí estaba, tan increíble como siempre. Mi Zontes 703rr. Preciosa. La pintura de la carrocería negra que había pintado con mi primo y mi tío porque no tenía dinero para comprarme la Yamaha que quería e intentamos que se pareciera, el tubo de escape que me regaló Gabi cuando el mío se rompió... y la marca de esa carrera en la que me caí y estuve meses con el fémur roto. Estaba tan absorta en todo lo que pasaba que desde que llegué que no le había prestado atención. Llevaba un año entero sin cogerla, seguramente tendría que llamar a Gabi para que me ayudara a ponerla a punto y...

-¿Por qué te gusta tanto esa moto?

La voz de Darío retumbó por toda la sala y me hizo pegar un pequeño brinco. Se me había olvidado que estaba allí, menuda idiota. Estaba recostado en la pared, limpiándose el sudor y mirándome.

-Es bonita.

-Eso ya lo sé Alana. Pero no creo que solo sea por eso. Antes te daba igual romperla y ahora la miras como si se fuera de cristal y se rompiera en cualquier momento.

-Nunca me ha dado igual romperla. -Lo miré, estaba casi a mi lado, muy seguro de si mismo. -Hace mucho tiempo que no la tomo en cuenta. Casi se me había olvidado por completo que estaba aquí.

-Eso es nuevo. -Sonrió. -¿Porqué no la coges un rato? Así despierto a los dormilones.

-¿Siguen durmiendo? -Asintió y me dedicó una leve sonrisa. -Ojala, pero llevo un tiempo sin tocarla, puede que algo se haya jodido por no arrancar de vez en cuando. -Me crucé de brazos. -Llamaré a Gabi para que venga a mirarla está tarde.

Hubo un silencio que casi no se notó, pero yo lo noté y él se dio cuenta.

-Está bien, yo voy a ducharme y luego iré a unas reuniones. No vendré a comer.

-Siempre estás ocupado con reuniones, ¿Por eso estás tan amargado?

-Me gustaría decir que es solo tu culpa pero sí, eso también influye. Odio los negocios familiares.

Gruñó y salió por la misma puerta que hacía unos minutos había entrado yo. ¿Negocios familiares? Nunca me había mencionado nada de sus padres. Aunque para ser justos yo a él tampoco. Y por mí parte prefería que siguiera así.

Siempre fuimos nosotros Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora