Cap.48

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Darío

Cuando llegué de la reunión estaba cansado, sentía un pequeño dolor punzante en la sien, cosa que me pasaba muy a menudo después de estas sesiones. La ausencia intermitente de mi padre hacía que todo fuese más difícil de lo que ya era. Pensé que al llegar a casa podría descansar un poco y luego bajar en busca de mis otros tres compañeros de piso, o de casa. Pero la idea se esfumó rápido en mi cabeza cuando vi a Gabi en el porche. Estaba con los demás mirando la moto de Alana. Ella pensaba que estaría jodida después de casi un año y dos meses sin cogerla, pero lo que no sabía es que yo me había informado de cómo arrancarla y lo había estado haciendo en su ausencia, obviamente a espaldas de su primo.
Bajé del coche frente a ellos y miré al chico de arriba a abajo. Nathan estaba hablando con él mientras que Gabi miraba con cuidado la parte de abajo de la moto. Mía y Alana llegaron con bebida para el y Gabi, después de dar las gracias le dio un breve beso en la mejilla a Alana. Apreté mis puños y me dirigí hacia ellos para cortar el momento lo más rápido posible.

-Hola. -Dije seco.

-Hola Darío. -Me sonrió Mía, mientras que Alana se limitó a mirarme y mover la cabeza en forma de saludo. Siempre que estaba alguien cerca nos volvíamos más fríos.

-¿Entonces que? -Dijo ella.

-Todo en orden, no le falta aceite, las marchas están bien... Es como si el tiempo se hubiese detenido desde que te fuiste, o como si alguien la hubiese estado usando.

Alana nos dedicó una breve mirada a todos, Mía y yo nos librábamos porque según ella, o eso pensaba, no teníamos ni idea de cualquier cosa que tuviera un motor. Se paró un poco más en su primo, pero dedujo que él nunca tocaría su moto sin el permiso de ella ya que no se fiaba mucho de él. Se hizo un silencio profundo mientras todos nos mirábamos a todos. Nadie sabía nada, nadie había oído o visto nada, así que no se sabía que había pasado. Yo me había encargado de eso.
Finalmente no dijo nada más y la conversación se quedó ahí. Una parte de mí pensó que podía haber pensado que era por mí pero...

-Genial, entonces estará lista para mañana.

-¿Mañana? -La pregunta salió de mi boca sin que pudiera hacer nada para evitarlo.

-Sí, mañana es el gran regreso de Alana. -Sonrió Gabi. Odiaba esa sonrisa. -Hay una carrera en la playa y nuestra campeona se ha apuntado.

-Me has apuntado, que es distinto. -Parecia algo molesta.

-Te vendrá bien, tienes mucho estrés y necesitas desconectar.

Algo no me cuadraba, nadie sabíamos nada de que pasaba con Alana ni de sus salidas en mitad de la noche. ¿Estaba con él? ¿Por eso se iba sin avisar? ¿Porqué Gabi si sabía que pasaba y nosotros no?¿En que la había metido?

-¿En la playa?¿Con la arena? -Intenté volver a la conversación alzando una ceja para que no se dieran cuenta de que estaba pensando demasiado. -Bueno, eso es más fácil ¿no? Si te caes supongo que te harás menos daño.

-Pero hay más probabilidad de caerse, no es un terreno llano y la moto de Alana es demasiado grande... Y tampoco tiene neumáticos para eso. -Dijo Gabi. -Puedo pedir prestada alguna si te hace falta...

-Yo tengo una. -Todos menos Gabi se giraron para mirarme como si acabase de decir la barbaridad más grande que habían escuchado nunca. Sin embargo él, me miraba con una sonrisa burlona, sabía que no tenía ninguna moto para ofrecerle a Alana. Y era verdad, no la tenía. Pero sabía que podría conseguirla a cualquier precio, y mi intención no era quedar por debajo de él.

-¿Tú? Si hasta hace poco no sabías ni pilotar un coche. -Se burló Alana. -Además, aparte de tu equipo de boxeo no había nada más aquí hasta que llegué yo.

-No la tengo aquí, está en el garaje de mis padres, mi hermano la usaba para ir por el campo de mis abuelos. Supongo que es más o menos lo mismo. -Antes de que mi querido mejor amigo pusiera en duda que yo tuviese un hermano, el cual me había inventado, lo miré desafiante para que no dijese nada. Pensé que no colaría pero...

-Nos puede servir¿No? -Miró Alana a Gabi.

-Podría, cuando la traiga mándame una foto de los neumáticos y revisa por si tengo que darle una apaño antes de la carrera.

Alana asintió y sonrió, una sonrisa que me hizo sentir algo extraño a parte de querer hundirle la cabeza a Gabi. Se despidió de nosotros unos pocos minutos después, a Alana le dio un abrazo que para mí fue eterno. Cuando vamos para la cocina Mía me paró.

-No tienes moto ¿No?

-No, ¿Tanto se nota que lo he dicho para que no se me adelantase Gabi? -Ella rió.

-Hasta Nathan se ha dado cuenta, creo que por la mirada que te ha echado tampoco tienes hermano. -Negue.

-Soy hijo único.

-Solo te digo que intentes no ir tan a saco, porque ya canta mucho.

Siempre fuimos nosotros Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora