Capítulo 14 - Los determinantes de matemáticas

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No son muchos días los que pasan hasta que he de cambiarme de instituto. Una zona nueva, rodeada de personas non gratas para mí. Ajusto mi bolso a mi hombro y con la cabeza alta atravieso, sin mirar a mi alrededor, el patio principal. Escucho el murmuro de diferentes grupos al verme pasar, siguiéndome con la mirada, como si fuese un animal de un circo. Trago saliva antes de cruzar la puerta principal, esperando encontrarme con lo peor. Pero para mi sorpresa, no es así, a pesar de la vestimenta de todos ellos. ¿Dónde han quedado las marcas en este lugar? Miro mis zapatos, impolutos, relucientes y los comparo con los demás. Algunos sucios, otros agujereados, y otros podría clasificarlos como decentes aunque no sepa de dónde son.

Me dirijo hacia secretaria, mirando atenta todos los grupos que se van formando en el pasillo a medida que la hora siguiente se acerca. Las chicas, vulgares, mal pintadas y vestidas, intentan seducir constantemente al grupo de chicos que se les acerca. Por otro lado, los chicos. Intentan demostrar lo machotes que son con su actitud chulesca y en realidad, se le nota en la mirada nerviosa que ni siquiera tienen el control de la situación. Por ambos lados, solo hay un único objetivo, acabar en la cama esa noche. Todo ésto es nefasto.

Giro la esquina antes de llegar, y entonces me encuentro con lo peor. Ellos no podían faltar. Cuatro de los Blacks esperando en la puerta del director, supongo que al único que falta. Sigo mi camino, sin dirigirles ni una mirada de desprecio. Camino a paso firme y seguro, fijando mi mirada en la puerta de secretaria, que era mi destino.

- ¡Eh! - grita uno de ellos. - La chica del bolso blanco.

¿¡BLANCO?! ¿Cómo puede despreciar mi bolso Louis Vuitton color Camel? Aprieto mi mano al asa del bolso, conteniéndome.

- ¡Eh chica! - grita de nuevo. Escucho su voz más cerca de mí. Se está acercando. Aligero el paso para llegar, pero antes de poder abrir la puerta de secretaria, éste pone una mano sobre mi hombro. - Te estaba llamando. - dice el reconocible Seth.

- ¿Qué quieres? - respondo secamente.

- Yo a ti te conozco.

Veo a sus espaldas como el grupo murmura entre ellos, contemplando la situación.

- Claro que me conoces. - digo incrédula por como no podía acordarse de tal acto - Tú fuiste el que me drogaste. Pero tranquilo, ya me las pagaras por esto.

- ¿Yo te drogué? - hace una pausa, con su ceño fruncido mientras toca ligeramente su barbilla.

Me giro sobre mis talones e intento, de nuevo, abrir la puerta. Pero vuelve a pararme.

- Yo no he drogado a nadie. - dice poniendo su mano sobre mi hombro, como antes. Ejerce fuerza en su agarre, presionándome para que me gire a mirarle. Lo hago. No quiero quejarme y mostrarme débil.

- Tío, es la amiga de la pelirroja que me tiré. - dice Levi tras su espalda.

Me hiere. El desprecio en sus palabras al hablar de mi amiga, hace que lo haga.

- ¿Qué pelirroja tío? - pregunta Seth sin apartar su mano de mi hombro.

- Tío la que era virgen. - contesta Levi - La última de mi lista. - aclara.

Noto una punzada en mi corazón. Desprecio es lo único que puedo sentir por ellos. ¿Cómo son capaces de infravalorar tanto a las mujeres y cómo puede ser posible que éstas se dejen menospreciar? Aparto de un gesto brusco con mi hombro su agarre.

- Mejor no te acerques a mí, ni ninguna de ellas. - le amenazo mirando directamente a Levi a los ojos.

- ¡Me está retando tío! - dice Levi incrédulo.

John HowellHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora