Capítulo 58 - Querido, tienes los papeles del divorcio en tu mesa

1K 64 3
                                        

— Creo que es mejor que bajemos... — propongo.

— Espera John. – dice Lena antes de que me disponga a bajar. Le miro sin hacer gesto alguno. – Prométeme que no te iras con otra. – continua mirando sus manos.

— Sabes que no puedo prometerte eso... — digo apenado — delante de la gente tengo que seguir siendo como soy. – continuo viendo como Lena muestra la máxima desilusión en su rostro. Mis puños se cierran, tengo ganas de golpearme mi propia cara. Siempre me había considerado un chico justo, y por ello, tenía que seguir con la faceta que le había vendido a la gente. No podía fallar a mi grupo, a pesar de que eso comportara mi infelicidad.

— John... — retoma ella mi atención antes de que baje. – Lo siento, pero no te esperaré. – completa ella limpiando sus lágrimas.

— Lo entiendo. – sentencio y salto de la rama donde nos encontramos. Mis tobillos se resentien ante la caída, pero no me importa, el dolor físico esconde el dolor psicológico en estos momentos.

Entro a la cabaña, sin volver a mirarla, sin volver a hacerme más daño. Seth está sentado en su silla y me mira con una sonrisa cómplice en su cara.

— Querido, tienes los papeles del divorcio en tu mesa. – bromea él. Pero su rostro cambia cuando nota que yo no sonrío como de costumbre ante sus tonterías. – Ey, Howell. – dice consiguiendo que vuelva a mirarle. — ¿Todo bien? – pregunta poniéndose en pie.

— ¿Una birra? – propongo cabizbajo.

Seth enseguida asiente y preocupado va hacia la cocina a coger dos botellines.

— Te espero arriba. – sentencio.

Salgo de la cabaña de nuevo, y me dirijo a la parte de atrás. De reojo, miro si Lena sigue allí, y sí, lo hace mientras mira pensativa el cielo. Subo por la parte de atrás de la cabaña, hacia el tejado, agarrándome en el canalón de éste y subiendo a la fuerza todo mi cuerpo. Después me siento allí, mirando en la distancia a Lena, quien no dirige ni una mirada hacia mí.

— John agarra esto. – dice Seth lanzándome las birras. Las agarro sin problema y espero que mi rubiales suba. – A ver, esta es la consulta del doctor Miller – bromea el rubio.

— Calla Seth. – rio. – Las cosas ya están... solucionadas. – me atrevo a decirle.

— ¿Señor Howell abriéndose? – se impresiona Seth.

— Necesito contárselo a alguien. – confieso.

— Sabes que cualquiera de nosotros estaríamos dispuestos a escucharte.

— Ya tío, y sé que tendría que hablar con todos. Pero ya sabes que yo las cosas no las hablo.

— Lo sé. – dice Seth pegándole un sorbo a su cerveza. — ¿No ha salido bien, no? – pregunta el rubio mirando el cielo.

— No puede salir bien. – respondo mirando a Lena en la distancia. – Ella no pertenece a nosotros y yo no puedo fallaros.

— John, todos hemos roto alguna norma alguna vez, podríamos crear otra donde solo se considerase ser un Black si rompes alguna de las normas principales. – bromea el rubio.

Golpeo su hombro con mi mano.

— No digas tonterías. – sonrío. Solo él y sus bromas consiguen despistarme de los asuntos que realmente me hieren.

— John, en las buenas y en las malas. – me recuerda él.

— Desde que nos conocimos hasta el último de nuestros días, hermano. – elevo mi botellín para brindar. Seth choca haciendo sonar el vidrio.

— Bueno, entonces tengo rienda suelta para ligármela ¿no? – pregunta haciéndome rabiar.

Le miro desafiante y enseguida rompe a carcajadas.

— Tranquilo, tu muchachita estará a salvo conmigo. – continua Seth.

— Solo espero que no lo pase mal. – susurro.

— Bueno ambas partes estarán jodidas. – comenta el rubio mientras con su mano derecha frota su barbilla, pensativo. – Creo que también debería hablar con ella.

— Yo creo que debería de hablar con sus amigas.

— ¿¡Y yo que soy?! – pregunta Seth indignado. – Nadie como yo para una sesión de...

— ¿Manicura? – le interrumpo.

— Iba a decir peluquería. Mis uñas no se tocan, mi pelo... aceptaría algún masaje capilar.

— Marica... — le acuso bromeando.

Seth alza una ceja y me mira con indiferencia.

— Jamás entenderás que son unas puntas hidratadas.

— ¿Y tú sí? No te vengas de peluquero, ambos sabemos que en realidad tu pelo te la suda.

— Lo sé, ya sabes que lo mantengo así por mi hermana.

— ¿Cómo esta Fani? – le pregunto interesándome verdaderamente por ella.

— Bien... como siempre. Tirándose a todo lo que se mueve. – dice cabizbajo.

— Todos hemos pasado esa época. – digo antes de pegarle un sorbo a mi botellín. – Es más, nosotros aun la estamos viviendo. – sonrío.

— Ya tío, pero a mí no me meten nada. ¡Es mi hermana sabes! Me la están desflorando. – contesta Seth algo alterado.

Río y tras analizar mi rostro, a Seth se le contagian mis carcajadas.

****

¡Yessss!

Puente = Muchos trabajos de universidad; Sorry por la tardanza.

Capítulo nuevo, espero que os guste:)

John HowellHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora