— Creo que es mejor que bajemos... — propongo.
— Espera John. – dice Lena antes de que me disponga a bajar. Le miro sin hacer gesto alguno. – Prométeme que no te iras con otra. – continua mirando sus manos.
— Sabes que no puedo prometerte eso... — digo apenado — delante de la gente tengo que seguir siendo como soy. – continuo viendo como Lena muestra la máxima desilusión en su rostro. Mis puños se cierran, tengo ganas de golpearme mi propia cara. Siempre me había considerado un chico justo, y por ello, tenía que seguir con la faceta que le había vendido a la gente. No podía fallar a mi grupo, a pesar de que eso comportara mi infelicidad.
— John... — retoma ella mi atención antes de que baje. – Lo siento, pero no te esperaré. – completa ella limpiando sus lágrimas.
— Lo entiendo. – sentencio y salto de la rama donde nos encontramos. Mis tobillos se resentien ante la caída, pero no me importa, el dolor físico esconde el dolor psicológico en estos momentos.
Entro a la cabaña, sin volver a mirarla, sin volver a hacerme más daño. Seth está sentado en su silla y me mira con una sonrisa cómplice en su cara.
— Querido, tienes los papeles del divorcio en tu mesa. – bromea él. Pero su rostro cambia cuando nota que yo no sonrío como de costumbre ante sus tonterías. – Ey, Howell. – dice consiguiendo que vuelva a mirarle. — ¿Todo bien? – pregunta poniéndose en pie.
— ¿Una birra? – propongo cabizbajo.
Seth enseguida asiente y preocupado va hacia la cocina a coger dos botellines.
— Te espero arriba. – sentencio.
Salgo de la cabaña de nuevo, y me dirijo a la parte de atrás. De reojo, miro si Lena sigue allí, y sí, lo hace mientras mira pensativa el cielo. Subo por la parte de atrás de la cabaña, hacia el tejado, agarrándome en el canalón de éste y subiendo a la fuerza todo mi cuerpo. Después me siento allí, mirando en la distancia a Lena, quien no dirige ni una mirada hacia mí.
— John agarra esto. – dice Seth lanzándome las birras. Las agarro sin problema y espero que mi rubiales suba. – A ver, esta es la consulta del doctor Miller – bromea el rubio.
— Calla Seth. – rio. – Las cosas ya están... solucionadas. – me atrevo a decirle.
— ¿Señor Howell abriéndose? – se impresiona Seth.
— Necesito contárselo a alguien. – confieso.
— Sabes que cualquiera de nosotros estaríamos dispuestos a escucharte.
— Ya tío, y sé que tendría que hablar con todos. Pero ya sabes que yo las cosas no las hablo.
— Lo sé. – dice Seth pegándole un sorbo a su cerveza. — ¿No ha salido bien, no? – pregunta el rubio mirando el cielo.
— No puede salir bien. – respondo mirando a Lena en la distancia. – Ella no pertenece a nosotros y yo no puedo fallaros.
— John, todos hemos roto alguna norma alguna vez, podríamos crear otra donde solo se considerase ser un Black si rompes alguna de las normas principales. – bromea el rubio.
Golpeo su hombro con mi mano.
— No digas tonterías. – sonrío. Solo él y sus bromas consiguen despistarme de los asuntos que realmente me hieren.
— John, en las buenas y en las malas. – me recuerda él.
— Desde que nos conocimos hasta el último de nuestros días, hermano. – elevo mi botellín para brindar. Seth choca haciendo sonar el vidrio.
— Bueno, entonces tengo rienda suelta para ligármela ¿no? – pregunta haciéndome rabiar.
Le miro desafiante y enseguida rompe a carcajadas.
— Tranquilo, tu muchachita estará a salvo conmigo. – continua Seth.
— Solo espero que no lo pase mal. – susurro.
— Bueno ambas partes estarán jodidas. – comenta el rubio mientras con su mano derecha frota su barbilla, pensativo. – Creo que también debería hablar con ella.
— Yo creo que debería de hablar con sus amigas.
— ¿¡Y yo que soy?! – pregunta Seth indignado. – Nadie como yo para una sesión de...
— ¿Manicura? – le interrumpo.
— Iba a decir peluquería. Mis uñas no se tocan, mi pelo... aceptaría algún masaje capilar.
— Marica... — le acuso bromeando.
Seth alza una ceja y me mira con indiferencia.
— Jamás entenderás que son unas puntas hidratadas.
— ¿Y tú sí? No te vengas de peluquero, ambos sabemos que en realidad tu pelo te la suda.
— Lo sé, ya sabes que lo mantengo así por mi hermana.
— ¿Cómo esta Fani? – le pregunto interesándome verdaderamente por ella.
— Bien... como siempre. Tirándose a todo lo que se mueve. – dice cabizbajo.
— Todos hemos pasado esa época. – digo antes de pegarle un sorbo a mi botellín. – Es más, nosotros aun la estamos viviendo. – sonrío.
— Ya tío, pero a mí no me meten nada. ¡Es mi hermana sabes! Me la están desflorando. – contesta Seth algo alterado.
Río y tras analizar mi rostro, a Seth se le contagian mis carcajadas.
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¡Yessss!
Puente = Muchos trabajos de universidad; Sorry por la tardanza.
Capítulo nuevo, espero que os guste:)
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John Howell
Novela JuvenilEn Monte Azul, se encuentran las familias más prestigiosas del país, entre ellas, la familia Bennett. Lena Bennett, la hija de la familia, jamás ha tenido algún tipo de contacto con la clase baja y por ello, no está acostumbrada al comportamiento de...
