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Capítulo 36 - El tiempo juega en mi contra, pero John en la tuya.

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Escucho un coche a gran velocidad pasar por enfrente de mi casa, pero tampoco para. Ya son siete los coches que he contado desde que el reloj ha marcado las doce. Apoyo mi cabeza en el cristal de mi ventana, observando la oscuridad de la noche. Nerviosa, sí, no puedo negarlo, la conversación que me espera no creo que sea de mi agrado.

Me aparto bruscamente, un auto-reflejo tras la pequeña piedrecita que ha impactado en el cristal de mi ventana donde estaba apoyada. Miro el jardín dándome cuenta de que ha sido Seth, llamando mi atención, quien la ha lanzado.

Le hago un gesto con la mano, indicándole que me espere allí. Cojo mi chaqueta, y tras ponerme los zapatos, bajo sin hacer ruido hacia la puerta principal. Cierro con llave tras de mí, intentando que la puerta no pegue un portazo. Una vez fuera, tras haber superado la tensión del sigilo por no despertar a nadie, consigo respirar con normalidad, notando el frio aire golpeando sobre mi cuerpo y el húmedo césped bajo mis pies.

- Ya era hora... casi me congelo aquí esperándote. – dice Seth.

- Calla – susurro. – podrían oírte. Vayamos a otro sitio. – contesto caminando hacia la carretera.

Seth me sigue a mi espalda, mirando con hastío su móvil.

- Venga... - le digo animándole a caminar más cerca de mí.

Seth asiente y finalmente aligera el paso, recortando los metros que nos separan.

- ¿Dónde quieres ir? – pregunta.

- ¿Qué tal el parque que hay a dos manzanas de aquí? – propongo. Se encoje de hombros, indicándome que en realidad, no le importa el lugar.

Después de escasos diez minutos caminando, llegamos al parque. Ambos tomamos asiento en unos bancos que hay cerca de la entrada. Seth saca una de sus regalices y mientras ingiere un trozo de una, se acomoda en el humedecido banco de madera.

- Empecemos. – dice él. No pensé que iría tan al grano... - ¿Querías saber por qué John me pidió información sobre ti, no?

- Sí. – respondo con firmeza.

- Bien, simplemente quería saberlo porque me contó vuestro incidente en el baño. – responde mirando el cielo.

Son pocos los segundos que tardo en recordarlo. El baño... el momento en que le pille metiéndose cocaína. Asiento.

- Segunda pregunta. – digo dándole paso, entendiendo el motivo y zanjando el tema.

Seth toca su barbilla, parece estar pensativo.

- No recuerdo la segunda pregunta. – confiesa.

Golpeo mi frente levemente. Maldito rubio... ¿Cómo no puede acordarse si ha venido a hablar de ello?

- Por qué John conoce a mi padre. – le refresco la escasa memoria que me había demostrado tener.

- Eso... eso son cosas que tienes que hablar con él.

- No me sirve. – digo enfurecida. Noto el calor en mis mejillas y mis manos empiezan a sudar. Me estoy cabreando, lo estoy haciendo y mucho. Le miro desafiante y tras ver su indiferencia, decido que es el momento de irme. Me levanto del banco, y sin darle ni una simple explicación y sin dirigirle ni una mísera palabra más, me largo.

- ¡Espera! – grita cuando ya me he alejado cinco metros de él. – Intentaré llevarte con él. – dice retomando mi atención ante su interesante propuesta. Vuelvo a mi puesto anterior en el banco, pero sin llegar a sentarme, manteniéndome de pie. – Pero hoy no, dale tiempo. – acaba finalizando.

- El tiempo juega en tu contra. – le recuerdo, cruzando mis brazos y mirándole fijamente.

- El tiempo juega en mi contra, pero John en la tuya. – dice Seth poniéndose en pie frente a mí.

Me estaba desafiando, me estaba intimidando, y lo estaba consiguiendo. Descruzo mis brazos, relajando mi rostro, mostrando mi preocupación y mi temor ante John. Era un insignificante yonki para mí, pero tenía que admitir que cualquiera sentiría pavor ante él. Todo el mundo podía hacerse una idea del gran poder que tenía ante la sociedad, y todos los trapos sucios que ocultaba y manejaba, pero todo eran eso, ideas. Realmente ¿Quién sabía con certeza cuanto podía llegar a controlar?

- Bien. – me digno a aceptar su propuesta - ¿Cuándo me llevaras?

- En dos días pasare a buscarte, espero que ya esté preparado.



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¡Capítulo cortito, mañana más!

John HowellHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora