Maratón 2/5
Las coordenadas no daban con ningún lugar en la Tierra. Bueno, sí que daban, en mitad del océano pacífico. En concreto en el mar más profundo del pacífico.
Yo ya no sabía qué hacer, se me ocurrió preguntarle a Eric, pero cuando se pasaba por la sala común era para recoger a Avril, que estaba contentísima de estar con él, y salir a otro lugar...
O también le podría preguntar a Lise.
Bueno, mejor no. Una vez tuve suerte, a la próxima no salgo de esa.
Sólo me quedaba una baza, y esa era escribirle a mi "tío" Harry y preguntarle su opinión sobre la prueba, él había estado en mi lugar y podría saber qué significaba está cosa.
Cuando tuve un borrador que me convencía y lo pasé a limpio llegué a la lechuceria a por Athenea. Ya estaba algo mayor, la veía algo cansada, pero aún así no dudó en salir a volar sin importarle la nevada que amenazaba por caer.
De camino de vuelta me equivoqué de pasadizo y acabé en el aula de Astronomía. No había nadie, pero me encantaban las vistas, si no tuviera que ganar el Torneo me quedaría por allí cada dos por tres para relajarme.
Desde arriba no se veía la horrible tormenta perenne que me daba dolor de cabeza con solo verla, sino se veía el pueblo al otro lado de un montaña y una estación de tren tras la otra.
No me quedé mucho tiempo, como este año tenía también exámenes que superar, pues tenía que estudiar, pero cuando estaba bajando Fred me acorraló.
- Se acabó. Tenemos que ser más maduros y hablar de esto como dos personas razonables.- me dijo cogiendo mi túnica.
- Suéltame sino quieres visitar la enfermería Frederic.- le dije apretando mis dientes.
No quería hablar con él. Si le veía todavía se me encongía el corazón y me dolía. Peor sería hablar con él.
Así una no puede desenamorarse.
- Me da igual si voy si así me escuchas.- funcí el ceño.- Veo que no va a ser fácil. Así que te soltaré si prometes escucharme.
- No quiero escucharte. ¿Todavía no lo has entendido? Has herido mis sentimientos una y otra vez. Ya no queda nada, ¿qué más quieres destruir, Fred?
- Quiero reconstruir lo que he roto.
- No estoy rota. No soy un juguete. No soy TU juguete.- sí, estaba muy a la defensiva, pero no quería dejar que me dañara de nuevo. No ahora, en dos días tenía la segunda prueba y todavía no sabía para qué me tendría que preparar.
- Nunca he pensado que fueras eso.- dijo sin soltarme. Suspiré. Si había alguien más cabezota que los Digou en el mundo, ese era Fred.
- ¿Por qué lo hiciste?
- ¿El qué?
- Todo.- él abrió mucho los ojos.- Si quieras hablar, hablemos.
Me senté a mitad de la escalera y él ya me soltó y se sentó a mi lado. Le miré, estaba esperando su respuesta.
- Porque soy el alumno más cobarde que Hogwarts jamás haya acogido.- le miré alzando una ceja. ¿A dónde quería él ir a parar?- Ojalá pudiera volver a ese día 24 de diciembre del año pasado y besarte bajo el muérdago como debí haber hecho. Ojalá no hubiera sido tan pensado. Ojalá me perdonaras algún día por pedirte que me dieras mi primer beso. Ojalá repetirlo una y otra vez hasta que el recuerdo se desgastase. Ojalá... Ojalá me perdones.
No sabía que decirle. Ni siquiera le estaba mirando. Le dejé de mirar tras lo del muérdago. Me estaba mordiendo el labio, ahora tenía muchas ganas de besarle por culpa de mis estúpidas hormonas. Pero tenía que resistir la tentación.
- Ahora no puedo pensar en nadie más que en mi misma. No estoy en mi mejor momento y la segunda prueba es en dos días... Yo sólo quiero...- se me rompió la voz. Genial.- Sólo quiero recuperar a mis hermanos... No cabe otra cosa en mi cabeza, Freddie.- me levanté para irme. No lloraría delante suya, me abrazaría y acabarían ganando las hormonas.- Te veo en la cena.
Salí hacia la biblioteca pero no paraba de llorar. Así que me desvié al baño. Me encerré en un cubículo y lloré intentando no hacer ruido o hacer el menos posible. De pronto entraron unas chicas, yo me subí sobre la taza y dejé de sollozar para que no me escuchasen. Ya estaba harta de llorar en público.
- No lo va a conseguir. Va a ser la vergüenza de este colegio.- dijo una voz que no me sonaba de nada.
- Yo confío en Emma. Somos... Éramos amigas desde pequeñas. Sé que encontrará a...- Ella también estaba a punto de llorar. Era Manon, pero no sabía quién venía con ella.
- Por mi se puede morir.- a ella sí que la identifiqué. Mi mejor amiga Giselle estaba con ellas.
Con rabia salí del cubículo. Me lavé las manos y antes de irme la miré.
- No pagues tus resentimientos conmigo, Lakes. Saldrás perdiendo.- le dije muy seria y salí hacia la biblioteca, allí sólo me centraría en estudiar.
Al día siguiente no hubo carta de respuesta de Harry. Fred intentaba hablar conmigo de nuevo, pero cada vez que lo intentaba recordaba nuestra conversación en las escaleras y me volvía a doler el pecho...
¿Sabéis lo que duele morir lentamente?
Mucho.
Cara y Rox me intentaron animar para ir a ver una película al cuarto de Cara, pero no tenía ánimo para nada. Me dediqué a intentar dormir, sin mucho éxito, desde que escribí mi carta a Harry no era capaz de dormir más de media hora seguida, pesadillas que incluían a mis hermanos me atacaban. O bien me veía a mí misma morir en alguna estúpida prueba del torneo.
Me despertaba chillando y sudando, tanto molestaba que mis compañeras de habitación se fueron a otras habitaciones para no tener que aguantarme. Y estoy segura de que Giselle también se fue porque me tenía miedo.
Esta noche sí que no he dormido nada. Literalmente nada. Cada vez que cerraba mis ojos veía los rostros de mis hermanos sin color y con muchas heridas. Sin vida.
Lo peor de todo es que la carta de Harry no había llegado y la próxima prueba empezaba a las 9.
Cuando llegaron las 8 me vestí y bajé a desayunar. Llegué la primera a la sala donde siempre nos citaban, donde me dieron una nueva ropa. Era así como de aventurero de la jungla.
Estaba temblando de miedo. Miedo por fracasar. Por dejar a mis hermanos a su merced. Llevaban un mes desaparecidos y nadie me había dicho cómo iba la búsqueda. McGonagall y Longbottom evitaban la conversación a tosa costa.
Si yo fallaba, ellos no tendrían ninguna oportunidad. Y si yo les perdía, mi última oportunidad se iría.
Sabía que no tenía que tener miedo, pero hasta me castañeaban los dientes y me tenía que limpiar las manos en los pantalones hortera que me habían dado por el sudor.
Nos vendaron los ojos y nos aparecieron en otro lugar.
Besos de azúcar,
Andrea 💕
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Conociendo Hogwarts
FanficEmma es una persona normal. Bueno, normal en el sentido muggle de la palabra. Ella es hija mestiza, su padre es muggle y su madre bruja. Cuando Emma cumple 11 años llega una carta a su casa, pero no una carta cualquiera, no, es una aceptación en el...
