Donde YoonGi con 18 años entra en celo siendo violado a la fuerza por un poderoso Alpha mujeriego, quedando embazado, iniciando con una difícil vida para un Omega que sin marca empieza a serse responsable de su único amor, su pequeño hijo de 3 años...
Eran las 3 de la mañana y aun no podía conciliar el maldito sueño, si bien hace poco habría salido del trabajo.
Aquella gran porquería no debería llamarse trabajo, pero lamentablemente eso era para mí, el solo volver a pensar en las miradas de todo esos malditos Alphas en mí, y sobre todo en mi cuerpo. Me hacía repulsión...
Si bien solo estaba a cargo de atender en las mesas, para mi jefe, el gran pedazo de bastardo, me habría puesto a cargo de los pedidos, ya que era un novato en todo esto, así que solo me encargaba de gente que solo se dirigía al local a tomar, pero eso no quitaba que algunos hijos de perra toquetearan de mi trasero al pasar.
Aunque solo una cosa rondaba por mi cabeza, haciendo que todo el sueño se esfumara, y era que no me podía sacar de la cabeza las facciones de aquel Alpha, habrían muchas facciones iguales a las de mi cachorro, combinadas con las mías.
El cual se encontraba en su octavo sueño durmiendo a mi lado, haciendo que todo esto se me hiciera incluso más difícil de asumir.
Ahora entendía a que se dedicaba, y lo que estuve a punto de meterme si hubiera sabido de antes. Quizás ya habría muerto, o peor siendo su esclavo, podía sentir como mis pelos se erizaban de solo imaginarlo.
Claramente jamás pero jamás "Park Jimin" sabría de la existencia de su hijo, nunca me lo permitiría que sus sucias manos tocaran a mi angelito.
Él no tenía la culpa de que su padre fuera un bastardo, que sin piedad me habría abusado, quitando mi virginidad entre medio de mi primer celo en conjunto a un Alpha.
Nuevamente mi conciencia me hacía ver en lo que me estaba metiendo, tenía mucha rabia, de ver su sonrisa cínica en sus labios al dirigirse así ante mí.
El coraje se me habría subido a la cabeza también la adrenalina, aceptando en esta porquería, manchando mis papeles laborales.
Aun podía recordar su siniestra mirada de satisfacción al verme firmar en el papel que dictaba que ya me encontraba trabajando en "Lustrum". Y esa palmada en mi trasero, solo me hizo recordar cuando sus grandes manos apretaban mis caderas mientras me penetraba.
Ese trauma me marcaría toda la vida, así fue como se creó mi pequeño hijo.
Solo quería sacar todo esto de mi mente y hacerme dormir, y cuando menos lo espere ya me encontraba abrazando a mi cachorro cayendo lentamente a las manos de morfeo.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—¿No se cómo te puedes acostumbrar a esta mierda, Seok Jin? —Preguntaba mientras volvía a acomodarme las malditas prendas que me hacían ocupar casi por obligación.
Haciendo que solo una risa amarga contestara de mi pregunta, no quería incomodar a Seok Jin, pero la rabia volvía a consumirme. Era estúpido pero trabajaba solo para vengarme de lo que habría hecho aquel bastardo Alpha el padre de mi hijo, y de lo monetario.
Quizás lo hacía para limpiar mi honor, aquel que se habría llevado aquel día.
— Es mejor que nos apuremos YoonGi, el jefe nos puede castigar. —Susurraba Jin, saliendo de mi auto con su bolso, solo haciendo que apretara mis labios siguiéndole el paso de inmediato.
Entrando a la mansión seguido de los demás chicos que trabajaban aquí, sus vestimentas los delataban y nosotros como trabajamos en esto llegábamos más temprano mucho más que los jefes, reglas que habrían puesto los jefes sin cerebro.
— Bueno yo me tengo que ir, soy Sugar Babby, quizás por esa razón la otra noche me tuve que ir sin avisar. —Se despedía Seok Jin, mientras se iba con un grupo de chicos al segundo piso. Haciendo que solo suspirara, en lo que me habría metido sin pensar.
Me senté en una de las mesadas, posando mi cabeza en la mesa, no quería pensar más, solo quería terminar esto lo antes posibles e ir a buscar a mi hijo y dormir.
Pero parecía que todo esto lo veía bien lejano, al empezar a notar como la gente llenaba el lugar de apoco. Rostros felices, gente de trajes costosos, hombres apuestos que solo buscaban como liberar sus vidas laborales y estrés, o alguna que otra compañía.
Trate de mantener una sonrisa, y empezar atender a los clientes, tratando de evitar el hecho que me trocaran de más, que hablaran de mi figura y de lo bueno que me encontraba.
— Preciosa, ¿Por qué no me muestras como se deben mover las caderas? — Preguntaba un Alpha al posarse atrás de mis caderas, restregando su asquerosa intimidad entre las diminutas bragas que traía puestas.
Haciendo que solo apretara mis labios, odiaba estas situaciones en donde mi cuerpo se congelaba y mi lado Omega salia a la vista.
— Me temo que esta dulzura me pertenece. —La potente voz de mando se hizo notar, haciendo que mi débil cuerpo temblara y aquel Alpha se alejara con un chasquido de lengua.
— Min, debes tener cuidado, por que no vienes a mi oficina. — Sabría quién era el que hablaba, Park idiota Jimin. Solo cerré mis ojos y le seguí el paso, notando de inmediato el ambiente del segundo piso, donde el aroma a sexo me hacía fastidiar.
— ¿No te encanta escuchar esos dulces sonidos? — Preguntaba el Alpha, dirigiéndose a los gemidos que se escuchaban atrás de las puertas, haciendo que solo tragara en seco ante el miedo. Pues claro que no me gustaba, sino más bien me asqueaba.
— ¡Vamos lindura, tengo algo pendiente contigo que no te había comentado! — Hablaba el Alpha entrando a su oficina, esperándome. Así que obediente, dejando atrás mi orgullo entre a su asquerosa oficina.
— ¿Qué quieres? — Escupí sin rodeos, ya me quería ir de esta gran mierda.
— Me gusta esa actitud lindura. — Comentaba mientras relamía de sus labios, para dirigirme un papel, tomándolo de enseguida leyéndolo todo sin saltarme alguna letra, si se trataba de sus sucias manos todo tendría que ser leído con cuidado.
Hasta leer la parte que decía, "Sugar Babby".
— ¿Sugar Babby? — Pregunté, recibiendo una risa de su parte.
— Un juguete sexual, mira YoonGi te estado observando y serias perfecto para este trabajo. — Su voz raposa solo me hacía enfurecer.
¿¡Juguete sexual!?, sino me abalanzaba a matarle con mis propias manos, era por que temía por mi vida al hacerlo.
— ¡No firmare esta porquería! — Gruñí cruzándome de brazos, posando la mirada más afilada. Ni de coña sería un juguete sexual, menos vendería mi cuerpo.
— Vamos lindura, la paga para los Sugar Babby varia de los que te querrían comprar. —Seguía tratando de convencerme, pero nunca lo conseguiría.
Pero todo acabo cuando note como sus mejillas empezaban a encenderse, haciendo que se sentara de bruces a su silla, tapando su mirada con sus manos, extrañándome mucho más.
Y cuando un exótico aroma llego a mis fosas nasales, supe que tendría que huir lo antes posibles.