Renra se quedó estupefacta observando al príncipe y lo analizó con la mirada. No asociaba que el hombre frente a ella era aquel debilucho de hace más de un año.
-¿Qué estás haciendo aquí? -preguntó Arthur, luego de unos largos e incómodos segundos de silencio.
-Yo debería preguntar eso... -fue su respuesta, al mismo tiempo que Roselius se asomó por la carpa también-. ¿Quién te ha permitido entrar a la aldea?
-¿Eso importa? -preguntó Arthur, acercándose a ella-. Renra, yo...
-Lárgate. No quiero verte -le interrumpió la muchacha, frunciendo levemente el ceño.
-¿Con qué cara me pides que me vaya? -preguntó Arthur, algo indignado-. Mi sobrino está en esta aldea...
-Eh... Oye, mejor vamos a jugar afuera -dijo Roselius, sacando a Tim de la carpa. Comprendiendo que la situación se estaba poniendo algo tensa.
-¿Por qué me evitas? -preguntó Arthur en tono desafiante-. Yo no pienso irme sin una explicación.
-¿Explicación? ¿De qué hablas? -reclamó Renra-. Creí dejarte las cosas claras la última vez.
-Pues no, nada me ha quedado claro -negó Arthur-. ¿Qué tiene de malo que sea príncipe de Mazeriver? Porque eso fue lo que te ha molestado, ¿verdad?
-No, el problema fue que me evitabas... Leila y tú me ocultaban todo. Fue desagradable ir por la vida sin saber a qué tipo de personas ayudaba, por eso me cansé... ¡Estoy cansada de ti y de tus mentiras!
-Sabes que es un tema complicado, además no era el momento de explicarte -justificó Arthur-. Ya me he disculpado... ¿Qué más quieres, Renra?
-Nada, no quiero nada de ti -respondió ella, quedando frente a Arthur-. Vete y no vuelvas nunca, odio a la gente mentirosa.
Al oír la respuesta de Renra, Arthur sonrió burlón. Dejando confundida a la elfa.
-¿Me estás diciendo mentiroso? -le interrogó Arthur, casi expulsando humo por las orejas-. Admito que me he equivocado. Lo tengo sumamente claro, pero tú no tienes derecho a llamarme de esa forma. Eres la menos indicada para ello.
-¿Disculpa? -dijo Renra alzando una ceja.
-Explicame esto -dijo Arthur, levantando el mechón de pelo que cubría el ojo derecho de Renra, dejando a la vista un enorme tatuaje de varias curvas, que atravesaban gran parte de su lado derecho.
-¡Animal, nunca vuelvas a hacer eso en tu vida! -gritó Renra, volviendo a acomodarse el mechón sobre el ojo derecho-. ¡Eres un...!
-Explica eso... Si es que eres tan honesta -aclaró Arthur, mientras el rostro de Renra cada vez se mostraba más sombrío y rojo.
-Soy hija del líder de la aldea, pero eso no implica nada importante -se defendió Renra-. Además no debí mentirles sobre mí por una misión, no lo dije porque no era necesario. Es distinto a ser un heredero del reino más grande del continente. Si ustedes me pidieron ayuda, debió ser porque confiaban en mí... O eso se suponía, pero obviamente no fue el caso.
-No era necesario tampoco... -reclamó Arthur-. Pero tú, a pesar de todo, tampoco fuiste capaz de contarnos aquello. Debes admitir que te pasaste con nosotros... O al menos conmigo.
-No pienso admitir algo así... -reclamó Renra, dando unos cuantos pasos hacia atrás, para alejarse de Arthur, en caso de que intentara levantarle el pelo nuevamente-. Y menos viniendo de ti... ¡Si lo tocabas, te juro que te iba a...!
-¿De qué estás hablando? -le interrumpió Arthur, pero Renra, cansada de escuchar las palabras del príncipe, señaló la entrada de la carpa.
-Lárgate -insistió ella.
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Los nueve descendientes II
FantasiaSegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
