Pasaron un par de semanas, en las cuales todo parecía estar bien en Tunderriver. Yamir estaba de turno en la entrada principal del palacio, bastante aburrido como siempre. Nada pasaba, y lo único que tenía que hacer era abrir la puerta a las visitas de los reyes, que generalmente venían por asuntos de negocios y otras cosas. Magnus se estaba tomando realmente en serio sus labores, y el reino por ello poco a poco iba tomando mayor importancia y buena fama. Pero ese día en particular la paz se había esfumado por una situación en particular, o mas bien, por la llegada de cierta persona al reino...
Yamir estaba de pie en la entrada junto a otros dos guardias, vigilando la gran puerta, cuando repentinamente un carruaje se detuvo frente a las rejas del palacio. Lo que llamó la atención de los uniformados, a los cuales no se les avisó ninguna visita para ese día.
-¿Y eso? -preguntó uno de los guardias, mirando a Yamir-. ¿Sabías de esto?
-No... -negó Yamir, entrecerrando los ojos para observar mejor la carroza, la cual tenía un león marcado en una de las puertas: Era el símbolo de Glazerunner-. Oh no...
-¿Qué ocurre, Yamir? -le preguntó su otro compañero, provocando que el escolta de Karine ladeara la cabeza, intentando calmarse. Mientras que unos guardias en la entrada abrían las rejas para que el carruaje ingresara al palacio.
-Debe ser Tristán de Avelion -aseguró Yamir, recordando las órdenes de su superior-. ¡No debemos permitirle entrar al castillo!
-¿Eh? -preguntó su compañero, en tanto el carruaje ingresaba al patio del reino.
-Su alteza me ha pedido exclusivamente que no le deje entrar -se apresuró Yamir, corriendo hacia el carruaje.
En el momento en el que el escolta de Karine quedó frente a la carroza, una de las puertas de esta se abrió, de la cual descendió Tristán, con una expresión seria y de falsa tranquilidad.
-Disculpe, Tristán de Avelion -le nombró Yamir-, pero usted debe retirarse del castillo. Tiene prohibido entrar... Órdenes de su majestad.
-Viajé en barco y carruaje hasta aquí para hablar con Karine, y no me iré sin haber aclarado las cosas -dijo Tristán, caminando hacia la entrada-. Es un tema grave, así que les ruego que le avisen a ella que he venido a verle.
Unos guardias obedecieron, abriendo la entrada para ir en búsqueda de la mujer, en tanto Tristán se quedó frente a la puerta abierta, sin poder entrar debido a que Yamir y otro guardia le bloquearon el paso.
El rubio miraba con impaciencia al interior del castillo, en la espera de que su antigua prometida apareciera, pero por más que intentara espiar al interior del castillo, no divisaba a la muchacha...
Tras unos minutos, Tristán pudo reconocer a una hermosa mujer de largo cabello bajar por las escaleras, ella llevaba un vestido verde claro, muy ajustado en la zona de la cintura. Sin duda era Karine Cavelier.
-¡Karine! -le llamó Tristán, intentando llegar hacia ella, pero ambos guardias le sujetaban de los brazos-. ¡Tenemos que hablar, por favor, déjame entrar!
-Tristán -le nombró Karine, sin poder creerlo-. No puedo creer que viniste otra vez.
-Karine... -le nombró el rubio, apartando con brusquedad a ambos guardias. Para correr de inmediato hacia ella.
Yamir y el otro hombre siguieron a Tristán, pero este, actuando de manera rápida, ya había llegado hacia la chica, a la cual rodeaba desesperadamente con sus brazos.
-T-Tristán... ¿Qué haces aquí? -preguntó Karine, intentando apartarle, pero el rubio no la soltaba-. ¿Cómo te atreves a volver ahora?
-¿Estás bien, Karine? -le preguntó el rubio-. ¿No te han hecho daño?
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Los nueve descendientes II
ФэнтезиSegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
