-Estoy agotado... -se quejaba Iskander, mientras que Albel se lanzaba aire con la mano.
-Yo también... -respondió este, con un inmenso dolor de pies debido a la larga caminata.
Albel e Iskander junto a un grupo de hombres llevaban mucho tiempo intentando dar con el paradero de Niara Windlander, pero debido a que ella tenía el anillo de la precognición en su poder, les era muy difícil atraparla. Aunque por su parte, Albel no se sentía muy frustrado con esto, ya que el hecho de que no tuviera que dañar a la chica le "tranquilizaba" un poco. Él solamente agradecía la posibilidad de tener un poco más de libertad, aunque tuviera que ir a lugares contra su voluntad.
El líder de aquel ejército era Urasías, el cual tenía la misión por parte de Zerk de llevar a los hombres por el camino más peligroso que pudiera. Ya que en realidad Magnus les envió al bosque con el simple objetivo de que no interfirieran en su camino, pues el noviazgo de Leila y Albel en realidad no le interesaba, y no pensaba arruinarlo, a menos que fuera necesario.
-Bien, iremos por este camino -les aseguró Urasías, mientras caminaba frente al grupo-. Si nos apresuramos, lograremos atrapar a la chica.
-¿Cuánto tiempo tardaremos? -preguntó uno de los hombres.
-Probablemente unas dos semanas -calculó el albino.
Iskander y Albel se miraron rendidos. Ellos odiaban a Urasías y la actitud que este tenía con la tropa en general, pero no podían hacer nada bajo su amenaza. Muchas veces ambos amigos pensaron en fugarse por la noche, pero Urasías siempre se les adelantaba un paso...
Cada noche, cuando los hombres instalaban las carpas para dormir, Urasías se colocaba frente a ellas, sentándose en el césped, puesto que desde allí solía vigilar a los soldados por la noche, para evitar que intentaran huir. Claramente ningún uniformado intentaba escapar ante la presencia del demonio a las afueras de sus carpas, y mucho menos cuando se trataba de Urasías... Ya que él vigilaba la carpa con las manos desnudas, y entre los guardias, todos tenían claro que si el albino les tocaba, jamás volverían a ver la luz del Sol.
-Caminen. No tengo todo el día -decía Urasías, mientras los hombres le seguían agotados.
-¿Eres estúpido? ¿No ves que necesitamos descansar? -preguntó uno de los hombres, y Urasías le miró en silencio-. ¡Estamos agotados! Yo no pienso continuar trabajando bajo tu mandato. Yo me voy... Renuncio.
Al oír sus palabras, el albino se quitó el guante y tocó rápidamente el hombro del soldado, el cual se quedó en shock unos segundos, sin poder creerlo.
Todos sus compañeros se quedaron atónitos, incluyendo a Iskander y Albel, que no asociaban que uno de sus compañeros estaba por morir...
El hombre primero comenzó a retorcerse en el lugar, como si se estuviera ahogando, y tras unos breves segundos su cuerpo se desplomó en el suelo, formando un pequeño charco de sangre.
-¿Alguno desea acompañarlo? -preguntó Urasías, mirando a los demás. Todos negaron con la cabeza, y el demonio hizo un ademán para que le siguieran.
Tras decir eso, Urasías se detuvo unos segundos ante el cadáver del hombre, y lo movió bruscamente con una de sus piernas, tirándolo hacia un lado como si fuera una piedra en su camino.
Albel sintió mucha rabia ante la situación, por lo que inconscientemente apretó los puños con la intención de golpear al demonio. Iskander al verle, le hizo un gesto para que se calmara. Y Albel se contuvo... Él sabía que debía obedecer las órdenes de Urasías, pero tenía claro que su paciencia no duraría para siempre...
[...]
Arthur apenas sentía las piernas, llevaba cerca de tres horas caminando sin parar, y el frío le estaba empezando a inquietar.
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Los nueve descendientes II
FantasySegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
