-¿Ya llegó? ¿Ya llegó? -repetía Alan con su aire impaciente. Él calzaba unos zapatos negros recién lustrados, los cuales hacía rechinar en el piso mientras daba saltos.
-No, debes ser paciente -le respondió Leila, disimulando la molestia que le provocaban los ruidosos zapatos de su hermano-. Ya queda poco... cuando Nani salga significa que podemos entrar -La rubia estaba tan acostumbrada a este proceso que ya lo decía de memoria-. Solo basta esperar, ¿bueno?
-Eh... ¡Ya quiero verlo! -Alan hizo un puchero. Provocando que Zen, el cual estaba silenciosamente sentado junto a la rubia, soltara un agotado suspiro.
-Madura, ¿quieres? -le reprimió el inexpresivo príncipe, mirando a Alan con los brazos cruzados.
Alan miró algo aburrido a Leila, Colin, Magnus y Zen, que estaban sentados en una banca contra la pared de un decorado tapiz del castillo. Bianca en tanto estaba sentada sobre las piernas de Leila mientras tiraba suavemente de su pelo ondulado. A pesar de tener solo 2 años parecía analizar detenidamente como al jalarlo este quedaba liso y al soltarlo regresaba a la normalidad. Algo increíble de pensar durante la infancia.
Niara y Adelina estaban sentadas sobre una elegante alfombra con bordados de colores. Ambas vestían unos incómodos y aparatosos vestidos, intentando hacer tiempo con un juego donde chocaban las palmas una y otra vez, en el momento en el que cantaban una melodiosa canción. Zen no se quejaba, pues creía que era mejor escuchar cantar a sus hermanas que los chillones zapatos de Alan.
-¿Hasta que número tenemos que contar para que llegue Nani? -preguntó Adelina mirando a Magnus.
-No puedo asegurarte alguno -se limitó a decir el mayor, inclinándose para acariciar la cabeza de su hermana-. Pero mientras menos lo pienses, más rápido llegará.
-En vez de preguntar tonterías podrían hacer algo productivo -aseveró Zen.
-¿Qué es productivo? -preguntó Niara ladeando la cabeza.
-Leer como Colin -señaló Leila a su pequeño hermanito de cuatro años, el cual había pasado realmente desapercibido hasta ahora. El muchachito tenía sus ojos verdes fijos en un viejo y pesado libro que tenía sobre el regazo. Este al oír su nombre se sobresaltó como si hubiera sentido una flecha pasar a su espalda. Pensó que quizás iban a regañarle por algo. O tal vez le llamarían la atención por no compartir con la familia. Así que para confirmarlo lo primero que hizo fue mirar a su hermano mayor, en busca de algún indicio que le dijera que no había hecho nada malo. Y este en respuesta soltó una leve risa.
-No me mires de esa forma, Colin -se rio Magnus, dando una suave palmada a su flacucho hermano-. No hiciste nada, solo te estábamos usando de ejemplo.
-¿E-ejemplo? -dudó el pequeño.
-Sí, pensamos que es increíble que puedas leer tan fluidamente. Te felicito -le sonrió Magnus, y Colin sintió un cosquilleo. Estaba feliz de que su hermano mayor le dijera eso-. Cuando sea rey podrías ayudarme a contar leyendas a los niños de Mazeriver, ¿qué opinas?
Las mejillas de Colin se tornaron rosadas y con torpeza movió su cabeza de arriba a abajo, para luego bajar la vista hacia los escritos en aquel libro gordo y de tapa dura. Y en medio del silencio oyeron unos llantos de un bebé.
-Debemos ir -afirmó Alan, pero Magnus le detuvo.
-Esperemos a Nani, puede que estén limpiándolo -se adelantó Magnus a cualquier movimiento anticipado.
Todos estuvieron de acuerdo.
Un breve silencio se apoderó de la sala. Los ocho príncipes estaban quedándose dormidos en el lugar. Cuando de pronto un crujido les hizo sobresaltarse, y la noticia que tanto esperaban había llegado:
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Los nueve descendientes II
FantasySegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
