Capítulo 52: "Dulce venganza"

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La muchacha no veía nada en la oscuridad de esa habitación completamente desconocida. No sabía nada del dueño de aquel lugar, su nombre, su edad, sus deseos, nada. Solamente que tenía el dinero para pagarle, y eso en realidad era lo único que le importaba.

Soltó un suspiro y bajó la mirada para ver bajo las mantas: su cuerpo desnudo que estaba en pleno desarrollo, cubierto en una capa de sudor bajo aquellas sucias sábanas que cubrían sus partes importantes. Y al mirar a su lado, vio a aquel joven desnudo de cuerpo robusto y muy peludo que, a simple vista, superaba la edad de la chica en más de seis años.

-¿Qué te pasa, perra? ¿Acaso te enamoraste de mí? -se burló el muchacho entre unas carcajadas.

-Quiero el dinero -exigió la mujer, cubriéndose un poco más al ver que su cliente le miraba con picardía.

-Vamos... ¿En serio vas a cobrarme a mí? Esto de seguro fue un regalo para ti. Si quieres podemos divertirnos un poco más.

-Quiero el dinero -repitió la chica, ignorando los comentarios del jovenzuelo.

Lisette escuchó que la cama crujió un poco. Era el hombre, que en un intento por tratar de que la chica no escapara, se subió encima de esta, colocando las manos a los costados de su cabeza.

-Ya puedes apreciar que no soy solo una cara bonita, no querrás irte ahora... ¿verdad? -preguntó este, inclinándose para quedar recostado sobre Lisette, pensó que se resistiría, pero hizo todo lo contrario.

-¿Sabes? Me estás convenciendo... -sonrió Lisette, toqueteando un poco el tonificado torso del hombre.

-¿Sí? -El joven respondió en un susurro en la oreja de la chica.

-Claro... Me estás convenciendo de que eres un completo imbécil -Lisette bajó sus manos hacia la parte íntima del hombre, y como si su vida dependiera de ello, la apretó con fuerza.

El muchacho se retorció en la cama, y Lisette rodó por el viejo colchón, hasta salir de este. Aprovechando el dolor de su despiadado cliente, la jovencita se puso su harapiento vestido que estaba tirado en una de las esquinas del cuarto.

-¡Te las verás conmigo, put*!- El hombre se incorporó, y se acercó a la chica, acorralándola antes de que fuera capaz de huir por la puerta-. Para que aprendas a comportarte, mal nacida -Al decir eso, él le tiró del cabello.

-¡Suéltame! -Lisette chilló desesperada, intentando buscar algo para salvarse de aquel malhechor.

-Nadie me desobedece, jamás -Él bufó y empezó a arrastrar a la chica por su largo pelo de vuelta a la cama. Lisette nunca se había sentido tan inútil en toda su vida, que por lo demás era corta. Tenía que salvarse de alguna forma, pero entre las lágrimas apenas podía ver bien lo que tenía alrededor.

Después de que el hombre le llevara de regreso a la cama, las cosas se volvieron más confusas en la oscuridad. La sensación de asco de aquellas manos recorriendo su cuerpo nunca iba a desaparecer, su imagen de ella misma suplicando al hombre que se detuviera, sus propios gritos, las marcas que quedaron sobre sus muñecas nunca desaparecerían. Era una pesadilla, con la diferencia de que de esta ella no podía despertar...

Estuvo encerrada en la habitación de aquel abusador cerca de una semana, amarrada a la cama y sufriendo acosos cada noche cuando el hombre regresaba de su trabajo: guardia de Derfin, el pueblo natal de la adolescente. Ella notó esto, pues cada día por la mañana él se colocaba el uniforme y partía hacia el reino que luchaba por ser independiente, y que estaba al mando de varios hombres que, estaban a la espera de algún hombre que fuera digno de manejar el reino siendo el primer rey de Derfin, el cual nunca fue elegido por problemas de diálogo.

Los nueve descendientes IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora