-Mi señora, el rey Magnus ha regresado -le avisó un guardia a la reina, la cual se encontraba sentada en su trono.
-¿De verdad? Tengo que ir a verlo... -dijo ella, levantándose de su asiento, pero el guardia le detuvo.
-El rey me ha pedido que no le permitira verle inmediatamente -explicó el soldado.
-¿Y eso por qué?
-No lo tengo muy claro, pero se ve muy herido, parece que lo atacaron de camino a su objetivo.
-No puede ser cierto... entonces por eso desapareció tanto tiempo -murmuró ella, levantándose del trono-. Esto no puedo permitirlo, lo siento, pero tengo que ir a hablar con él.
Karine caminó rápidamente hacia la salida, y cuando llegó a las escaleras las subió rápidamente, ignorando la ayuda de unos soldados que estaban a ambos lados de la escalera.
-¡Magnus! -exclamó aterrada, golpeando la puerta de la habitación matrimonial, pero al mínimo tacto esta se abrió, dejando a la vista a Magnus, que se estaba quitando una camisa completamente rota que cubría su torso-. Santo cielo... no puedo creerlo, mi amor.
-Karine... lamento no haberte ido a ver primero, no quería que me vieras en estas condiciones -se disculpó, en el instante en el que Karine le abrazó con ternura.
-Necesitaba verte -dijo ella-. Te extrañé tanto... supe que te atacaron, ¿cómo fue?
Magnus suspiró y comenzó a explicar una historia que había inventado de camino, donde básicamente mencionó que el carruaje en el que iba fue atacado por unos ladrones, y que tuvo que vivir en un pueblo un par de semanas.
-Qué fuerte... -suspiró ella-. Bueno, al menos estás bien, y eso es lo importante.
-No te preocupes, si se me encarga algún viaje me aseguraré de llevarte conmigo -prometió él, rodeando a su esposa con lentitud-. No quiero volver a sentir ese miedo de perderte, Karine... -le susurró en el oído, provocándole un leve escalofrío.
-Yo tampoco, Magnus... -mencionó ella, besando con suavidad los labios de su marido-. Realmente lo eres todo para mí.
-Espero que siempre sea así -dijo este, mientras Karine se acercaba nuevamente al rostro de Magnus, buscando desesperadamente sus labios. Y al encontrarlos, su enamorado respondió rodeándola lentamente con sus brazos, intensificando el beso.
-M-Magnus, yo...
-¿Qué pasa? -preguntó este.
-N-No sé si sea apropiado decírtelo -murmuró Karine apenas sus rostros se alejaron. Sin poder evitar bajar la vista.
-Karine, sabes que puedes decirme lo que quieras -le respondió, levantando la mirada de su mujer desde el mentón.
-Bueno, sé que vienes llegando, pero... me lo he guardado desde que te fuiste.
-¿Qué cosa, Karine?
Al decir eso, Magnus colocó sus manos en las mejillas de su mujer, y esta, como si quisiera que las acciones hablaran por sí mismas, acomodó las manos de su esposo sobre su vientre.
-Magnus, creo que lo logramos -sonrió ella, pero el rey de Tunderriver no pudo hacer la misma expresión, no inmediatamente-. No estoy totalmente segura, pero... todo apunta a que sí.
El rey debió sacudir un poco la cabeza ante la sorpresa, y luego, como si fuera la mejor noticia del mundo, le enseñó por primera vez a Karine una sonrisa honesta.
-No sabes lo feliz que estoy por ello, Karine -celebró Magnus, abrazando a la reina, la cual soltó una pequeña risa-. Esperemos que sea cierto.
-Sí, me empecé a sentir muy mareada y débil -explicó-. Estaba asustada, pero las sirvientas se encargaron de cuidarme bien en tu ausencia.
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Los nueve descendientes II
FantasySegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
