Capítulo 38: "Planificaciones finales"

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Magnus se había adentrado en un callejón perdiéndose en la oscuridad de este. Llevaba una capucha sobre su cuerpo y cabeza para no llamar la atención de la civilización de Tunderriver, que es a donde se había teletransportado tras volver del viaje en el tiempo. Su cuerpo apenas pudo soportar ese gasto energético, pero Magnus lo hizo de todas formas. Debía mantener su secreto oculto del resto.

Sin aguantarlo golpeó la pared de piedra, rasmillando un poco su puño. Sus piernas temblaban, y tanto de sus axilas como de su frente él sentía el cálido sudor. Gotas empezaron a caer lentamente desde su sien, y de pronto se halló de rodillas en el suelo: débil y solo, justo como se sintió cuando se enteró de toda la desgracia que amenazaba su vida.

Bajó la vista muy tenso. Sus dedos se tambaleaban en el suelo, mientras que sus párpados se hacían cada vez más pesados. Realmente fue un golpe bajo para él...

Y de repente una sombra muy potente le cubrió por sobre la luz lunar. Magnus supo de inmediato de quien se trataba.

-Eres patético -Sintió que le dijeron. Era Urasías, el cual levantó a Zerk desde el cuello de su ropa con el brazo derecho, dándole una fuerte patada en el estómago.

Urasías volvió a patear a su compañero con furia. Magnus ni siquiera se resistía. Ahora escupía chorros de sangre mezclados con saliva, mientras el albino seguía dándole fuertes golpes con las piernas a falta de su otra mano.

-¿Lo hiciste? -se interesó Magnus, en tanto Abrahela apareció frente a ambos demonios.

-Urasías, Zerk -les nombró, pero el albino no estaba dispuesto a soltar a su líder.

-¿Lo hiciste? -repitió Magnus con seriedad, apretando el brazo que Urasías utilizaba para mantenerle alejado del piso.

-Sí -el albino dijo esto sin alguna carga en su voz.

Zerk sintió que se le salió el alma al oír la respuesta. Y por alguna razón quiso llorar. No sabía si era por la muerte de su hermano, o simplemente de lo patético que él mismo había sido al no asumir su misión por miedo. Sí, miedo. Miedo de asociar que él ya no era un Windlander. Era diferente.

-Y eso no es todo... -Urasías habló nuevamente al no escuchar respuesta alguna de su compañero, y levantó el brazo izquierdo, mostrando la falta de su mano al final de la extremidad. Ahora en su lugar había un muñón vendado.

Abrahela no demostró asombro alguno ante la falta de la mano de su camarada, después de todo ella lo había curado. Pero Zerk sí. No se imaginaba lo que pasó para que Urasías perdiera su mano. No veía capaz a Colin de hacerle daño a su compañero, menos después de lo que le había dicho.

-¿Qué te ha pasado? -preguntó Zerk sin poder ocultar la sorpresa, con voz ronca por el agarre de Urasías-. ¿Quién te hizo eso?

-La orejona que anda con el príncipe Arthur -explicó furioso-. Te juro que la próxima vez que la vea le sacaré las orejas a cuchillazos... No puedes dejarme de esta forma, Zerk. De verdad no puedes. Estás llegando demasiado lejos -dijo él tras tomar aire-. Por tu miedo fui yo quien tuvo que correr el riesgo de matarle en la realidad, siendo mucho más fácil asesinarle en el mismo pasado, donde nadie sabría quien le ha asesinado. Su cuerpo quedaría inerte en la realidad. Era más sencillo. Pero no, tenías que arrepentirte a último minuto y arruinar el plan. Perdí la mano... ¡Por tu culpa!

-Suéltame... -Le pidió Magnus.

Urasías se mostró más molesto ante la despreocupada respuesta, y no obedeció.

-¡Suéltame, Urasías! -le repitió Magnus, apretando con fuerza el brazo que el demonio tenía en alto para sujetarle. De immediato la ropa de Urasías se empezó a doblar, mientras que bajo las prendas mágicas su brazo enrojeció por la fuerza de su compañero, el cual no tardó en darle una fuerte patada en el estómago, que terminó por dejarle en libertad.

Los nueve descendientes IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora