Capítulo 25: "Comienza la travesía"

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-Quédate quieto, Tristán, ya falta poco -decía Adelina, mientras dibujaba con sumo cuidado al rubio, que llevaba más de una hora sentado en una silla en la habitación de la dibujante, en espera de ver el retrato que esta le estaba haciendo con una hoja de papel y un lápiz.

-¿De verdad? Porque ya no siento mi brazo... -se quejó el rubio.

-Aguanta un poco... ¡ya está! -le avisó Adelina, mientras analizaba al príncipe, que ya sentía las piernas acalambradas.

-¿Puedo moverme? -se aseguró Tristán, y Adelina asintió, provocando que el rubio se levantara de la silla, estirándose un poco.

-¿Qué tal? -le preguntó Adelina, mientras le enseñaba el dibujo.

Tristán tomó asiento junto a Adelina en la cama, y miró el dibujo un par de segundos, realmente emocionado.

-Me gusta, me veo bastante bien -confesó Tristán, y Adelina sonrió-. Dibujas hermoso... ¿quién te enseñó?

-Un tutor en Mazeriver, pero solo lo básico -explicó Adelina-. Luego seguí por cuenta propia.

-¿Y qué te gusta dibujar?

Adelina pensó un poco la pregunta, y suspiró con nostalgia.

-Bueno... Hace años que no dibujaba algo en serio, así que no sabría decirlo -respondió ella-. Antes de que naciera Tim, yo solía dibujar muchos pájaros y animales en general. Mi hermana Niara los llamaba y ellos posaban para mí, por decirlo así -se rió-, pero después de lo de Mazeriver, creo que solo he dibujado un par de veces en algún pedazo de papel.

-¿Y eso por qué? -preguntó Tristán-. ¿El trauma?

-No sé si esa sea la palabra correcta -empezó diciendo ella-. Simplemente no tenía tiempo. Entre el trabajo en el hostal y los cuidados que Tim necesitaba... No podía darme el tiempo. Dibujar no es algo rápido, y lo sabes.

-Sí, lo noté -aseguró él-. Tener un hijo tan joven no debió ser sencillo.

-Es cierto -admitió ella-, pero aunque no lo creas, Tim no me detuvo la vida. Al contrario, siento que me hizo madurar. Créeme que tener un hijo es algo hermoso.

-No logro imaginarlo -confesó el muchacho-. Yo soy hijo único, y tenía poca relación con los otros reinos y niños en general. Yo no conocía a Karine, y menos a ustedes los Windlander.

-Hubiera sido extraño conocerte cuando eras niño -admitió Adelina entre risas-, aunque me hubiera gustado verte en ese tiempo.

-A mí no a ustedes -declaró el chico, y Adelina pareció extrañarse-. Probablemente si tú y yo nos hubieramos conocido de niños, tú no me agradarías y viceversa.

-¿Por qué?

-Yo era demasiado vanidoso... demasiado... -recalcó la última palabra-. A veces me da vergüenza mi pasado.

-¿De verdad?

-Sí, además... prefiero que las cosas estén así de cierta forma -prosiguió él-, porque en parte todo lo que está pasando me ha ayudado como persona. Ahora soy un hombre nuevo gracias a ustedes. Yo jamás pensé que aprendería a limpiar una casa, cocinar, cepillar animales... Nunca lo creí, y ahora sé hacer todo eso.

Adelina miró al chico en silencio, mientras este continuaba:

-Me he reído mucho con Alan, he aprendido tanto con Colin -decía Tristán-. Leila me ha ayudado a hacer tantas cosas que no conocía... ¿me imaginabas antes limpiando un dragón?

Adelina rió ante la pregunta del chico, y negó con la cabeza.

-Pues yo menos... -aclaró Tristán-. Pero tú me enseñaste algo más importante.

Los nueve descendientes IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora