Abrahela despertó junto a Karine, algo distante para evitar escenas incómodas. Realmente estaba impaciente, sin saber qué día Magnus regresaría a Tunderriver, aunque le importaba más el hecho de que no se hubiera aparecido por ahí, ¿seguirá durmiendo? ¿tan mal está?
-Magnus... -Karine se volteó en la cama, bajando las manos de su "esposo" hasta su vientre-. Me ha despertado. Se mueve mucho.
Abrahela acarició el vientre de la reina con cuidado. Sentía que ese niño o niña sería fuerte. Aún le costaba asumir que se encaminaba un nuevo aliado y que Magnus ya le tiene mucho cariño.
-¿Qué crees que será? -preguntó Karine.
-Niño -soltó Abrahela, obviamente con la apariencia y voz de Magnus-. ¿Qué crees tú?
-Pienso que será niña -opinó ella con una leve sonrisa-. Aunque sea lo que sea, no quitará el hecho de que será mi más preciado tesoro.
-Y el mío -dijo Abrahela, provocando que la reina sonriera un poco más.
-Incluso podrían ser dos... ¿quién sabe? -rio Karine-. Gemelos.
-No descarto esa posibilidad -Abrahela sintió la repentina y fuerte presencia de sus compañeros. No había duda, ellos estaban allí-. ¿Sabes algo? Iré a tomar agua. Vuelvo de inmediato.
Abrahela salió presurosamente del cuarto matrimonial, corriendo entre los pasillos. El olor de sus camaradas seguía ahí, impregnado en su nariz. Urasías y Zerk estaban en el castillo. De eso no tenía duda.
Abrahela se aseguró de que nadie estuviera cerca y se teletransportó a la biblioteca de Tunderriver, que es siempre el lugar de reunión de los demonios, y se quedó allí esperando, impaciente de que sus sentidos le hubieran dicho lo correcto.
-¿Urasías? -le nombró Abrahela-. ¿Zerk?
-Buenos sentidos -sintió que le respondió la profunda voz de Zerk a su espalda.
-Ya lo traje de vuelta, así que eres libre -se limito a agregar Urasías.
Abrahela se dio la vuelta para observarles, sin ser capaz de evitar saltar a los brazos de ambos, rodeándoles en un apretujado abrazo.
-¿Ustedes no saben avisar o qué? -les reprimió sin soltarles-. Par de imbéciles.
-Durmió como tronco, fue imposible despertarle antes -aseguró Urasías librándose de la culpa.
Abrahela le miró fijamente, pegando la vista en el muñón y luego en Zerk, que se veía mucho más animado que la última vez que le había visto.
-¿Se sienten bien? -se interesó ella.
-Sí, todo en orden -respondió Zerk con seguridad y Urasías asintió poco convencido-. Te debo una a ti también, Abrahela. Les debo mucho a Urasías y a ti.
-Bien, mejor así -Abrahela sonrió ante sus palabras y se quitó sin vergüenza el pijama frente a ambos hombres, después de todo no era su cuerpo. Quedando así solo en ropa interior, y con el pecho masculino al descubierto usando la apariencia de Magnus-. Toma tu anillo -le dijo Abrahela a Magnus, mientras dejaba el artefacto sobre la palma de su compañero, provocando que ella volviera a tener su apariencia original y por ello la armadura que ella solía usar volviera a su verdadero cuerpo-. Y debes ponerte este pijama -explicó, señalando las prendas que ahora estaban esparramadas por el suelo-. Karine piensa que fuiste a tomar agua.
-De acuerdo -Magnus tiró la capucha al suelo y fue una esquina de la biblioteca a cambiarse. Urasías se dio la vuelta al ver que Magnus quedó en ropa interior, mientras que Abrahela lo admiraba como si fuera un espectáculo de primera fila.
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Los nueve descendientes II
FantasySegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
