Capítulo 24: "Nuevos planes en mente"

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Arthur soltó un largo y preocupado suspiro. Y Zen y Bianca le miraron en silencio, totalmente inexpresivos.

-¿Podrían explicarme qué ocurre? -preguntó Arthur, de forma casi inaudible.

-Es un poco evidente, ¿no? Magnus te ha usado de juguete... todos lo fuimos -confesó Bianca, y Arthur bajó un poco la mirada. En tanto Zen miraba en silencio a su hermana.

-Bianca, por favor limpia el suelo -le pidió este.

La chica ladeó la cabeza ante la petición, y Arthur se dio cuenta de que Zen le hizo un gesto para que le siguiera fuera de la casa.

-Volveremos en un rato, tú cálmate un poco -le avisó Zen y Bianca frunció el ceño-. Y no hagas tonterías en la cocina mientras no estoy.

Tras decir aquello, Zen salió de la casa seguido de Arthur, y caminó hacia el bosque que rodeaba la solitaria casa, sin vecinos, ni nadie.

-Dime que fue lo que ha pasado -empezó diciendo Zen, tomando asiento junto a Arthur sobre un tronco. Y este tomó aire para comenzar a explicarle a su hermano todo lo ocurrido, le contó desde el día del ataque cuando perdió la visión de uno de sus ojos, la llegada a Lander, cuando "Tobel" les visitó, hasta que Magnus le ayudó a enfrentar a Niara y Petrus en el bosque y le ofreció aliarse con él. Intentó ser lo más detallado posible en esos sucesos, pero fueron tantas cosas las que ocurrieron que olvidó mencionarle varias a su hermano, el cual escuchaba con cierto interés atemorizante.

-Vaya... Estás bastante alejado de la realidad -aclaró Zen, y eso pareció espantar aún más a Arthur-. Si te soy honesto, Magnus es un pésimo rey, pero debo admitir que es bueno en cierto sentido: Es el mejor rey de las mentiras -hizo una pausa y prosiguió-. Incluso podría asegurar que a ti te ha mentido durante la mayoría de tu vida, por no decir toda.

-¿C-Cómo así? ¿Respecto a qué?

-Magnus nunca me ha agradado -mencionó Zen-. Desde siempre nos llevamos mal, al principio era porque simplemente no soportaba su actitud tan irreal, pero cuando él tenía dieciséis años, las cosas cambiaron bastante -le explicó-. Yo empecé a notar comportamientos extraños en él, por ejemplo, en medio de la noche hablaba solo, reía, e incluso gritaba, como si tuviera pesadillas. Y un día lo descubrí en la biblioteca...

Arthur pareció confundirse, y Zen prosiguió:

-Lo vi convirtiéndose en demonio: Tenía los ojos rojos y enormes marcas en el rostro -explicó-. Magnus no me vio, pero yo no dejé las cosas de esa manera. Sabía que era peligroso, así que le avisé a nuestros padres.

-¿Qué dijeron ellos?

-Yo les dije todo lo que hacía Magnus -aseguró-, y obviamente no me creyeron. Papá decía que mi envidia por él se había sobrepasado, y mamá pensó que me estaba volviendo loco. Yo insistí hasta que se tomaron el reino, pero nuestros padres nunca tomaron verdaderas medidas, a pesar de que se percataron de su extraña actitud.

-Qué fuerte... ¿Y cuándo se enteraron?

-El mismo año que yo, un par de meses después -mencionó Zen-. Y respecto a esa misión que dices tú, a Bianca y a mí se nos otorgó otro desafío. "Tobel" nos entregó un mapa -empezó diciendo, recalcando el nombre-, y nos dijo: Entren a la cueva de los cuatro demonios y encuentren el tesoro que liberará Mazeriver. Al principio Bianca y yo dudamos, pero luego fuimos en la búsqueda de esta recompensa que ayudaría al continente, pero cuando llegamos a la isla fuimos atacados por un demonio de cabello blanco. Y casi morimos en el intento. Incluso después de eso se crearon ciertos rumores sobre nosotros... no sé si has oído alguno de ellos.

Arthur hizo memoria, y tras pensarlo un poco, la imagen del bar mágico se le vino a la mente, junto con una conversación que apenas recordaba...

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-Me da curiosidad este tema de las criaturas mágicas -dijo Colin-. Me gusta ver los origenes, dibujos, todo lo relacionado a lo que viene de otros lugares. Lo que es de nuestro pasado es incluso más genial que el presente. Los tesoros de las hadas, el manantial de las sirenas, los peces linterna...

Los nueve descendientes IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora