Lo primero que vio Arthur al despertar fue la figura de Roselius, el cual estaba sentado a su lado. El príncipe se dio cuenta de que estaba en una cama, no reconocía muy bien el lugar, pero aparentemente estaba en una de las carpas. Se sentía sumamente adolorido y le pesaba todo el cuerpo.
-Arthur despertó -dijo Renra en voz alta, al mismo tiempo que Roselius se incorporó de la silla, realmente preocupado. El príncipe se sorprendió al ver a la morena a su lado, la cual se veía aliviada, a pesar de que mantenía su expresión molesta.
-¿Cómo te sientes? -le preguntó su amigo, intentando mostrarse calmado, aunque estaba sumamente nervioso.
Arthur se miró las manos, un tanto aliviado de ver que tenía su anillo mágico, y luego movió la cabeza de lado a lado en la almohada, completamente desesperado.
-¿Dónde está Tim? -preguntó Arthur, sentándose bruscamente en la cama-. Necesito verle.
-No hagas fuerzas -le detuvo Renra, en el instante en el que Arthur se llevó la mano al pecho, soltando un quejido de dolor.
-Tim está con Katia, así que no te preocupes -le explicó el pelirrojo, mientras que Arthur se quitaba las mantas de encima, observando su torso desnudo lleno de vendas.
-No puedo creer esto... -murmuró Arthur, sin poder sacar de su cabeza la imagen de aquella mujer.
-¿Qué fue exactamente lo que pasó? -se interesó Roselius-, porque esas marcas en tu cuerpo solo indican una cosa: Fuiste atacado con armas mágicas.
El príncipe ladeó un poco la cabeza y comenzó a explicarles cada detalle de lo que sucedió ayer, desde que dejó a Tim en la cama, hasta que tiró a la demonia por el abismo.
Constantemente Arthur debía hacer unas pausas, intentando calmarse, y Renra y Roselius escuchaban con atención, sin quitarle los ojos de encima.
-¿Cómo entró a la aldea? -preguntó Roselius-. Todos estabamos reunidos cerca de la entrada, es imposible que ingresara por la cascada.
-No era una humana -supuso Arthur-. Tenía unas alas negras muy grandes y unos cuernos a ambos lados de la cabeza.
-Debe ser un demonio... -dudó Renra--. La mayoría tiene el poder de la teletransportación.
-Incluso yo... tengo su espada... ¿Dónde está? -preguntó Arthur.
Apenas él mencionó aquellas palabras, Renra buscó algo bajo la cama, sacando la espada que la demonia perdió ayer.
-¿Hablas de esta? -preguntó ella. Y Arthur asintió con la cabeza.
-Esa misma -aseguró, y Roselius la analizó unos segundos, entrecerrando sus ojos mientras la observaba.
-No parece tener algún poder, Arthur -replicó el pelirrojo-, pero no me confío de que una demonia no tenga algo bajo la manga... Creo que si pruebo algunas sustancias puedo descubrir algo.
-Ten cuidado -le advirtió Renra-. Los demonios son impredecibles... Quizás es una trampa, puede que tenga algún gas o algo oculto. Lo mejor será que le lleves la espada a Ethan.
-¿Ethan? -preguntó Arthur.
-Es el herrero del pueblo con el que hablé ayer -le explicó Roselius-. Ahora debe estar ocupado con la piedra de Dumah y tu espada, no quiero molestarlo.
-No creo que se moleste, sabes que es muy apasionado por esas cosas -dijo Renra-, o simplemente pregúntale a Katia, sabes mejor que nadie lo mucho que ella maneja las leyendas y cosas de ese estilo. Quizás el arma tiene una historia o algo.
-Sí, puede ser... Le preguntaré -dijo el elfo, agarrando con cuidado la espada negra desde la empuñadura-. Volveré pronto a verte, Arthur, te avisaré cualquier cosa.
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Los nueve descendientes II
FantasySegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
