Cuando Arthur apareció desde la carpa, vio que Roselius gritaba muy animado, observando entre un gran círculo alrededor de un terreno de tierra seca. El príncipe se colocó detrás de su amigo, observando que unos diez niños estaban uno al lado del otro, todos dentro de un respectivo saco de papas. Y entre aquellos pequeños estaba Tim, el cual al divisar a Arthur entre el público le sonrió, saludándole animosamente con la mano, a lo que su tío respondió con una leve sonrisa.
-Arthur, no te había visto... ¿Cómo te fue con Renra? Vi que Katia te llamó -se interesó el pelirrojo.
-Katia me pidió que curara a Renra, y ella se negaba. Ni siquiera me dio las gracias, aunque en realidad no sé qué esperaba de ella -replicó él-, pero mejor olvidemos ese tema...
Roselius asintió y ambos amigos se quedaron en silencio, observando como la carrera de sacos iniciaba. Apenas se dio la partida, Tim empezó a saltar muy rápidamente hacia la meta, pero los niños elfos eran mucho más rápidos, por lo que no tardaron en dejarle atrás.
-¡Ánimo, Tim! -le apoyaba Arthur-. ¡Tú puedes, te queda poco!
Tim asintió ante las palabras del príncipe, y siguió saltando, pero un niño del equipo rojo llegó primero a la meta. El menor había quedado en penúltimo lugar, por lo que se veía muy decepcionado de sí mismo.
-Fuiste muy rápido, Tim -le halagó Roselius, apenas el recién nombrado se les acercó.
-Pero perdí... -musitó el menor, bajando levemente la mirada.
-No te preocupes, hay más competencias -le animó Arthur, dándole una suave palmada en la cabeza.
-¿No vas a participar en algún juego? -le preguntó el pequeño, y Arthur se encogió de hombros.
-Quizás... -fue su respuesta-, aunque lo dudo bastante.
-Oh... Yo quería que jugaras también -confesó Tim, al mismo tiempo que una mano se posó sobre su cabeza. Era la mano de la morena-. ¡Renra! -le nombró, saltando de inmediato a sus brazos.
Renra abrazó a Tim en respuesta mientras miraba a Roselius y Arthur, pero este último desvió inconscientemente la mirada, evitando tener contacto visual con la elfa.
-Estuviste genial en el duelo, ¿Podrías enseñarme a pelear con la espada? -preguntó Tim.
-Claro, cuando seas más grande -respondió ella-. Ahora vamos, Tim, te llevaré a participar en otros juegos para tu edad.
Luego de decir eso, Renra dio media vuelta y se fue lentamente de la vista de ambos amigos, mientras que Tim le siguió con alegría. Arthur creyó ver el tatuaje de la elfa cuando esta se volteó, por lo que no tardó en sentir un cosquilleo por su cuello.
-Por cierto, Arthur, hablé con el herrero del pueblo -le dijo Roselius, cambiando rápidamente de tema-, y le interesó el tema de la piedra.
-¿De verdad? ¡Qué bien! -celebró Arthur-. Me gustaría ver qué tal queda esa arma.
-Sí, yo creo que...
-¡Roselius! -sintió de pronto a sus espaldas. Era un elfo que llevaba una cinta azul amarrada en la cabeza-. ¿Dónde estabas? Comenzará la competencia de lanzamiento de cuchillas. Vamos a ver, el equipo rojo perderá -le explicó el elfo, mientras le apartaba del príncipe-. Si ellos no presentan un segundo competidor, probablemente ganemos esta prueba.
Apenas el elfo se llevó a Roselius, Arthur se quedó estático unos segundos, le daba curiosidad saber qué clase de prueba era aquella, pues si debían suplicarle a los demás que participaran, no se imaginaba nada bueno...
ESTÁS LEYENDO
Los nueve descendientes II
FantasíaSegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
