Capítulo 35: "Fuertes declaraciones"

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Apenas se fueron a dormir Arthur se acomodó en la cama, mientras Zen se quitaba su chaqueta rojo carmín, junto con su camisa blanca que llevaba debajo. El menor analizó el cuerpo de su hermano, y su mirada se posó en una cicatriz que este tenía cerca del mentón. Jamás se había percatado de la marca, pues Zen siempre llevaba un bultoso pañuelo o una bufanda sobre esa zona.

-¿Zen, qué te pasó? -le interrogó el chico de parche.

-El ataque de Mazeriver -se limitó a decir.

Arthur no se atrevió a preguntar más, por miedo de lo que Zen podría decir. Así que optó por bajar la cabeza un poco, pero para su sorpresa, Zen amplió su respuesta.

-La demonia Abrahela me hizo esa marca -aseguró.

-No sabía que Abrahela estaba ese día... -confesó el menor.

-Obviamente lo estaba. Es aliada de Magnus -respondió Zen en cambio, colocándose un camisón grande como pijama. Mientras Arthur, aún acostado, le miraba incómodo con sus precisas respuestas.

Una repentina duda surgió en Arthur tras aquella poco fluida conversación, pensó que preguntarlo sería entrometido, pero después de meditarlo un poco sintió estar en su derecho a decirlo.

-Zen... tú hablaste con Magnus antes del ataque -le mencionó, a pesar de que el mayor lo recordaba perfectamente-. ¿Qué ocurrió para que Magnus desatara su odio ese día?

Zen, que estaba con una pierna apoyada en la cama, se detuvo abruptamente, sin siquiera voltearse a mirar al príncipe tuerto.

-O mejor dicho, ¿hay algo que no sepamos? -le presionó Arthur, casi sin quererlo.

Zen miró a Arthur con el rabillo del ojo. Pero no dijo nada.

-Lo siento -se disculpó el menor-. No quise...

-Magnus decía ser capaz de controlar sus poderes demoníacos -le interrumpió el mayor, hablando con tanta naturalidad que Arthur no sintió mucha presión con sus palabras-, así que el motivo de su odio no creo que sea ese.

-¿Cuál era entonces?

-Nunca lo dijo -admitió Zen, mientras se acomodaba en la cama-. Estuvo a punto de confiarme su secreto, pero la situación no le permitió decirme.

-Hm... suena complicado -Arthur sonó intranquilo, y Zen se limitó a observarle muy callado-. Honestamente ya no sé que pensar, Zen. Cuando Magnus me ofreció aliarme con él, yo acepté sin mas... desconfíe de ti. Y me aterra que a pesar de todo, no pueda dejar de quererle.

Zen pegó la vista al techo y suspiró rendido. Para luego observar a Arthur, que le miraba con su único ojo en busca de consuelo.

-¿Por qué lo quieres, Arthur? ¿Qué te aprisiona a él? -Zen soltó la pregunta sin titubear, y Arthur se llevó las manos al pelo.

-Era mi héroe -empezó diciendo-. Mi imagen a seguir. Siempre fue el más cercano a mí, Zen.

Zen le observó, mientras su hermano tomaba aire para continuar.

-Me cuesta asociar todo lo que dicen de él -admitió dolido-. Porque para mí siempre ha sido un gran hermano. Y aunque esté mal, me niego a creer que es con Magnus contra quien nos enfrentamos. Siento que... hay alguna forma de justificar su actuar, pero no tengo idea de cual.

Zen no dijo nada.

-Me duele pensar que toda mi infancia fue una mentira -agregó con la voz temblorosa-. No quiero seguir sufriendo constantemente, Zen. Estoy cansado de tantas tragedias juntas.

-Bienvenido a la realidad.

-Deja de decir eso todo el tiempo...

-¿Qué quieres que diga? No pienso decir palabras de consuelo que no puedo asegurar que sean ciertas -acotó Zen-. Lo único que puedo decirte es que estoy haciendo lo posible por acabar con este reinado del terror. Y si te sirve de algo saberlo, hablé con Bianca y Tristán. Nos iremos mañana en la mañana. Aprovechando que ya estamos todos reunidos.

Los nueve descendientes IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora