Capítulo 10: "Decisión por una semilla"

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Roselius se encontraba en su pequeño taller, intentando realizar algunas mezclas con unos frascos. Cuando de pronto alguien llamó a la puerta, y él, pensando que se trataba de su querida novia, dejó los recipientes en la mesa y corrió a la puerta para recibirla.

-Hola, Ka... -iba a decir, antes de encontrarse con quién jamás pensó que llamaría a su puerta. Era el líder de la aldea: Egranor.

-Jefe Mingonar -le nombró Roselius, inclinándose ante el padre de Renra-. Buen día, ¿Qué le trae por aquí?

-Vine a preguntarte sobre el gran día -dijo él, provocando que Roselius ladeara la cabeza-. ¿No sabes que día es hoy?

-Lo siento, pero la verdad no -se lamentó él-. Aún me dificulta asimilar qué día es... ¿Sucede algo importante? Oh, ¿El cumpleaños de la señorita Renra?

-Queda mucho para eso -le dijo el hombre.

-Oh, entiendo -murmuró-. Entonces... ¡Ah, las competencias!

-Sí -afirmó el padre de Renra-. ¿Quieres participar este año? Lo digo pensando que llegaste ayer y podrías estar muy agotado.

-Claro que voy a participar -sonrió el pelirrojo-. Esas competencias no me las pierdo por nada.

Egranor asintió con la cabeza, e inconscientemente intentó espiar al interior de la casa de Roselius, y este al notarlo, pensó que quizás el padre de Renra sintió el olor de las mezclas de su taller.

-¿Pasa algo, señor? -se preocupó el pelirrojo.

-¿Los humanos están en casa? -le interrogó el hombre.

-No, le pedí a Arthur si podía ir a buscar una piedra de Muna en la laguna rosa -le explicó él-, y Tim le acompañó. Deberían volver pronto... Si quiere les espera, ¿Desea hablar con ellos?

-No, Roselius, solamente quería advertirte una cosa... -le dijo el hombre-. Ten cuidado con esos chicos, no me gustaría perder a otro de los nuestros... Debes saber bien a qué me refiero, sobre todo cuando te hablo de "ese día".

Apenas el líder dijo aquellas palabras, la imagen de aquel día apareció en la cabeza de Roselius: Él intentando proteger a Katia de las bestias, y luego la figura de aquellos que creía humanos: Una hermosa mujer joven y el hombre más viejo a su lado.

-Lo tengo clarísimo -aseguró Roselius-. Ese día yo... Pensé que esos humanos nos matarían con esas bestias.

-Perdimos a muchos de los nuestros, y no quiero volver a correr el riesgo -argumentó el hombre-. Tú eres de los elfos más fieles de la aldea, y no quiero que por un humano ordinario te rebajes de nivel.

-No, señor -negó el elfo-. Yo estaré bien, no se preocupe. Arthur no me hará daño, es un buen hombre, eso se lo aseguro. Yo estaba muy asustado cuando lo conocí, pero... Luego me di cuenta que no tenía motivos para estarlo.

Mientras el pelirrojo decía aquello, no podía dejar de pensar en Arthur llorando en sus brazos, completamente desesperado.

-Todos estaban felices con él -explicó Roselius-. Además Arthur no tiene claro donde ir, y no pienso dejarle solo.

-¿No tiene familia? -preguntó el moreno-. ¿Y... de dónde dices que viene?

-Él... En realidad... -balbuceó Roselius, justo en el instante en el que unas fuertes risas les interrumpieron.

Roselius se inclinó hacia un lado para ver quienes estaban detrás de su jefe, el cual también se volteó a ver quienes se acercaban: Eran Tim y Arthur, que corrían entre risas hacia la casa del pelirrojo, cada uno con una pequeña cubeta en las manos.

Los nueve descendientes IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora