Tim abrió lentamente los ojos, y lo primero que vio fue el hermoso diseño del techo, junto con unos objetos decorativos en las murallas. Él estaba acostado en una enorme cama de oro, y junto a esta había una repisa llena de libros, con algo de polvo en las esquinas. Él jamás había estado en ese sitio, y tampoco se le hacía familiar.
A pesar de que el chico no sabía leer, se acercó a los libros y comenzó a husmear en estos. No sabía de que hablaban, pero parecían temas de adultos para nada divertidos.
Al no entender el significado de estos libros, Tim se acercó al armario y lo abrió con sumo cuidado. El mueble crujió, y un poco de polvo salió con el movimiento de las puertas, dejando al descubierto un ropero lleno de prendas finas y elegantes. Además de algo que llamó realmente su atención: Dentro del armario habia un cuadro algo gastado, donde estaban dibujadas 9 personas, estando entre estas una chica que se le hizo un poco familiar, aunque no lograba reconocerla muy bien: Era Adelina.
-Qué bueno, despertaste justo a tiempo -escuchó una profunda voz que le hizo desviar la mirada hacia la puerta. Era Magnus, el cual ingresó con su típico y elegante chaquetón negro y pantalones blancos, aconpañados de unas lustrosas botas oscuras.
-¿Q-Quién eres tú? -preguntó Tim, agarrando una silla y usándola como escudo-. ¿Qué es este lugar? Dime dónde está Renra.
-Tranquilo -dijo Magnus, colocándose frente al chiquillo-. Mi nombre es Magnus Windlander, soy el hermano mayor de Adelina, tu madre.
-¿Q-Qué?
-También soy el rey de Mazeriver -prosiguió él y Tim se arrodilló nervioso-. No es necesario... Arthur te dejó aquí, pues es el lugar más seguro para ti.
-¿Y-Y los demás?
-Huyeron por su cuenta -siguió mintiendo-. Bueno, no se han creado buenos rumores acerca de mi mandato, pero... espero que te sientas cómodo en este lugar. Porque a partir de ahora será tu cuarto.
-Espera... ¿cómo dices? -inspeccionó Tim, asombrado de la cantidad de cosas-. ¿Esto es mío ahora?
-Claro, lamento la suciedad, pero no lo uso hace muchísimo tiempo -se disculpó Magnus, y Tim miró los libros nuevamente-. Sí, este era mi cuarto cuando tenía tu edad -respondió, como si hubiera leído la mente de su sobrino.
-Increíble... tienes muchos libros, ¿de qué son?
-Normas de Mazeriver, mapas, información que me podía servir cuando era príncipe -aclaró-. Me sirvieron para mantenerme informado, y me ayudaron a cómo ser un soberano.
-Qué genial... jamás pensé que estaría ante un rey. La realeza es algo tan lejano para mí.
-No tanto, tu madre es una princesa... aunque quizás no te ha hablado de mí, pero de todas maneras, es un placer tenerte como un huésped momentáneo -le sonrió, mientras le ofrecía la mano. Y Tim la aceptó con una leve sonrisa, aunque no entendía muy bien lo que ocurría, ¿realmente su madre era una princesa?-. Si necesitas algo, tienes que pedirlo a cualquier sirviente, sin vergüenza, ¿bueno?
-¿Puedo pedir lo que yo quiera? Espera... Entonces... ¿Yo soy un príncipe?
-Claro, claro -aseguró-. Bueno, ahora debo viajar con urgencia a otro reino, así que si me disculpas...
Magnus dio media vuelta para retirarse de su vieja habitación, pero antes de salir de dicho lugar, unos brazos le rodearon desde el abdomen. Era Tim, el cual abrazó a Magnus por la espalda, con una enorme sonrisa en su rostro.
-Tío Magnus, te lo agradezco muchísimo -le dijo Tim, sorprendiendo al mayor-. Me hace feliz todo esto. Eres una persona muy bondadosa.
Magnus a pesar de estar algo asombrado, solamente optó por sonreír un poco, para luego acariciar la cabeza de su sobrino.
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Los nueve descendientes II
FantasíaSegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
