El pequeño Elián, de tan solo seis años llevaba varias semanas viajando en una embarcación, rodeando el continente de Mazeriver para llegar al norte de este.
Aquellos hombres le llevaban en la parte baja del barco, dejándole encerrado en una pequeña cabina llena de cajas de madera. El niño tenía unas cadenas en sus manos, y los pies afirmados con un cordel, que le dejaron unas notorias y dolorosas marcas en los tobillos durante aquellas semanas, que fueron eternas para el chico.
Él no tenía muy claro por qué estaba en ese barco, pero lo último que recordaba de su hogar era una enorme cantidad de espectadores en el pueblo, que observaban detenidamente a un sujeto que yacía en el suelo a mitad de camino. Su padre, alguien muy serio, peleaba con un hombre que parecía estar regañándolo por la situación, y su madre en tanto, consolaba al menor, mientras este lloraba desconsolado al sentir varias miradas de odio hacia su persona.
La mujer estaba embarazada de una niña, como siempre decía ella, y su marido intentaba llegar a un acuerdo para proteger a su esposa y futura hija. Aunque eso significara tener que dejar a Elián...
-Tranquilo, Elián -le calmaba su madre-. Todo saldrá bien.
Pero el pequeño, por más que estimara a su madre, sabía que no sería así... Pero lo que sí tenía claro, era que su progenitora accedió a que esos hombres se lo llevaran...
Y ahora, tras aquella situación, él se encontraba en aquel barco. Sentía con fuerza el oleaje que golpeaba contra las tablas de madera, y las voces de los hombres que le llevaban hacia su destino. Él estaba confundido, y ya no sabía qué hacer. No era capaz de hacer algo por su vida... ¿O realmente esto era su culpa?, "No, no es mi culpa, yo no decidí esto" decía para sus adentros. Y estaba en lo cierto. Él no había decidido aquello.
Cuando el barco se detuvo, Elián sintió que la puerta se abrió con un crujido algo fuerte, dejando entrar la luz del sol. Él entrecerró los ojos para poder ver quienes habían ingresado a verle: Eran dos hombres, uno robusto de cabello oscuro y marcadas patillas, y el otro un hombre alto y delgado, que tenía una larga y puntiaguda nariz. Ambos miraron al chico como si fuera un adefesio, un monstruo, algo inhumano. Y ni siquiera parecían seguros de acercarse a él, pero tenían que hacerlo.
El más delgado tomó la iniciativa, jalando con fuerza la cadena que amarraba las manos del chico, el cual estaba tan débil que no ponía resistencia.
-Vamos, no tenemos todo el día -le apresuró el robusto sujeto, mientras que Elián se arrastraba por el suelo para llegar a la salida. Las heridas de sus piernas le impedían ir más rápido, pero los hombres estaban perdiendo la paciencia-. ¡Arriba, mocoso! -le apuraba el hombre, tirando de la cadena. Y tras ese brusco movimiento, consiguieron acercar al niño hasta la entrada, en donde le obligaron a incorporarse.
El pequeño de cabello castaño se levantó sin ayuda, pero su cuerpo no respondía correctamente. Sus piernas empezaron a tambalearse, y un escalofrío recorrió su cuello.
Ambos hombres, sin prestar mucha atención a las condiciones del muchacho, empezaron a tirarle con más fuerza, llevándolo por la parte superior del barco, en donde todos los presentes le miraban, sin dudar en apartarse de su camino.
-En un espectáculo sería un buen negocio -comentó el hombre delgado, mientras tiraba del niño, como si estuviera paseando a un perro muy testarudo.
-¿Estás loco? Sería demasiado riesgoso para todos -respondió el otro, mientras descendían cuidadosamente del barco.
Elián sorbía los mocos por la nariz, mientras que su visión se nublaba debido a las lágrimas. Todos le miraban de reojo, y nadie se atrevía a verle a los ojos... Ni siquiera su propio padre, al cual pudo divisar entre los presentes. Él iba caminando junto al hombre delgado, observando a su hijo. El niño estaba sorprendido. No tenía idea de que su padre había viajado todo este tiempo en el mismo barco que él, porque nunca hizo nada por salvarle. Nunca.
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Los nueve descendientes II
FantasieSegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
