Capítulo 39: "El local lleno de misterios"

33 4 2
                                        

Zen tomaba sorbos de agua, mientras que Bianca y Tristán consumían el licor que una de las meseras había dejado en la mesa. Era un líquido muy fuerte, por lo que con la primera copa Bianca ya se estaba sintiendo extraña.

-No quiero más, tómatelo -le pidió la princesa a su hermano, aunque sonó más como una orden.

Zen examinó el líquido unos segundos y se lo tomó. No se veía muy afectado con el alcohol.

-D-Disculpen -se les acercó la muchacha de hace un rato.

-¿Qué pasa? -preguntó Bianca, notando que una leve sonrisa se asomó en el rostro de la mujer.

-Yo... quería darle las gracias al caballero por salvarme -mencionó mirando a Tristán-. Fue muy valiente de su parte.

-No ha sido nada -Tristán fingió quitarse el polvo de la ropa. Y la chica le miró algo burlona.

-Bueno, en agradecimiento yo pensaba darle un premio -sugirió ella-. Me gustaría leer su mano, ¿me dejaría, señor? Lo haré totalmente gratis a los tres si gustan.

-Gracias, pero... honestamente no creo mucho en esas cosas -se disculpó el rubio, pero la mujer ya le había tomado la mano, dejando su palma hacia arriba.

La mujer analizó las líneas de la mano de Tristán, y luego colocó su delicada y femenina mano sobre la del rubio. Pareció sentir una chispa y apartó la suya de la del príncipe, al parecer espantada de lo que vio.

-Tristán de Avelion... ¡Pero si usted es el príncipe de Glazerunner, he oído de su persona! -La muchacha se llevó las manos a la boca, y luego se levantó rápidamente, arrodillándose a los pies del príncipe-. No tenía idea. Dios mío... Su majestad.

-N-No es necesario -Tristán decía esto mientras Zen y Bianca miraban a la mujer, que lucía realmente emocionada.

-He tocado la mano del príncipe de Glazerunner... ¡Por Dios! -La mesera parecía muy excitada, como si estuviera frente a su más grande ídolo.

-Cálmese, da vergüenza -le pidió Bianca, y la muchacha obedeció, sentándose donde antes para analizar la mano del príncipe.

-Lo siento, pero no me lo creo -se disculpó la mujer, pasando sus dedos por sobre las manos del rubio-. Veamos... Ah, pero qué interesante. Usted tendrá una vida muy larga.

-¿De verdad? -se emocionó Tristán.

-Pero la guerra puede cambiar eso -dijo Zen con su peculiar realismo, aunque el rubio fingió no oírle.

-¿Qué más dice? -se interesó el heredero de Glazerunner.

-Hm... En el amor usted no tiene problema alguno -se rio ella-. Tiene buenos lazos amorosos. En especial con una persona especial que llegó a su vida -Tristán se sonrojó un poco y la chica prosiguió-: Vaya... qué vida más envidiable. También puedo ver que su descendencia no está nada mal...

-¿Por qué lo dice? -preguntó con interés el chico de roja armadura.

-Bueno... aquí dice que tendrá una hija -explicó ella, sin dejar de mirar las manos del príncipe-. Oh... y además...

-¿Una hija? -preguntó inclinándose en la mesa-. ¿Además...? ¿Tendré más de una hija?

-Hm... Dejemos eso en suspenso -se rio la mujer-. Mejor que lo sepa después.

Tristán hizo un leve lamento con la cabeza, y la mujer volvió a soltar una risa.

-Hay cosas que es mejor que sean parte del destino -aseguró la sirvienta haciendo un guiño-. Es bueno que de vez en cuando el tiempo nos entregue alguna sorpresa.

Los nueve descendientes IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora