Capítulo 51: "Cerca del final"

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Pasaron semanas enteras visitando el cartel que da inicio al pueblo de Mazeriver, pero por más de un mes Roselius, Bianca, Niara y Arthur tuvieron que ir a ese lugar sin ver a Tristán en la entrada. Cada día las esperanzas crecían en los viajeros, pero al mismo tiempo la preocupación de que hubiera ocurrido algo a las tropas, o que Magnus hubiera hecho de las suyas contra algunos de los suyos.

Los muchachos se quedaron en una casa abandonada en Mazeriver. Estaba hecha de piedras, que fueron unidas de una forma tan uniforme que no resultaba un hogar del todo descuidado. Era un lugar frío, de un piso como todas las viviendas del vulnerable sector, y sin ventanas, lo que lo hacía tenebroso durante las noches. Roselius dormía en el suelo con Arthur, mientras que Niara y Bianca en otra esquina de la pequeña casa.

Un día en el que los chicos fueron hacia la entrada de Mazeriver en sus respectivos caballos, Arthur se veía tenso de solo pensar lo demoroso que estaba resultando todo esto. Sabía que debía ser realista: Magnus podría estar aprovechando este tiempo en matar a alguno de sus compañeros, o haciendo algo que les arruinaría sus planes, como siempre sin mancharse las manos con sangre.

O incluso Abrahela y Urasías... Ellos podrían interponer en sus propios intereses, sus propias venganzas... Como la del albino contra Renra.

-No, no, no -Arthur sacudió la cabeza y balbuceó las palabras para sí mismo. No tenía que preocuparse tanto. Renra era lo suficientemente fuerte como para defenderse por cuenta propia. De eso no había duda, aunque eso no significaba que él no estuviera preocupado específicamente por este caso... Y por ella.

-¿Dijiste algo? -preguntó Niara, tirando de las riendas para que su caballo quedara junto al de Arthur.

-No, no es nada -dijo su hermano, restando importancia a sus preocupaciones constantes.

-¿Seguro? -preguntó el pelirrojo, sin quitar la vista de su amigo-. Te ves pálido.

-Sí, estoy bien -sonrió el príncipe, disimulando su seriedad. Y Bianca al verle soltó un suspiro, como si notara los pensamientos de su hermano en su interior.

-Debemos pensar positivo, nos queda cada vez menos -se unió Niara a las sonrisas de su hermano, señalando hacia adelante-. Pronto Tristán llegará a la entrada, ya lo verán.

-No aceptaría que lo asesinaran en el camino... -opinó Bianca con el ceño fruncido, quizás por el viento, quizás por molestia. Ninguno podía distinguirlo.

-Claro que no, el príncipe es muy... -iba a decir Roselius, pero antes de acabar la frase, cerca de diez ratones de oscuro pelaje atravesaron rápidamente por entre los pies de los caballos.

En tanto esto pasaba, el príncipe luchaba por mantenerse sobre la montura ante la desesperación de Rac, que se quedó parado en sus patas traseras. Los demás caballos empezaron a relinchar, pero sin asustarse hasta ese punto.

-Rac, cálmate -le pidió Arthur a su caballo, acariciándolo por el cuello-. Ya... ya... -El animal poco a poco dejó de hacer fuerzas, volviendo a su postura inicial.

Los muchachos decidieron seguir su camino, restando importancia a los ratones que pasaron por su camino. Quizás estuvieron dos minutos o menos a caballo, sin ver a nadie cerca de ellos. Y justamente a pocos metros del cartel de Mazeriver vieron una casa de madera rodeada de los ratones que antes habían visto.

Al verla se dieron cuenta de que era una casa de madera, que sin duda era más vulnerable que la de la familia Manflare, la que para Arthur era lo más cerca de la pobreza que había visto, hasta ahora.

Alrededor del pequeño hogar, cinco uniformados revisaban alrededor de la madera exterior alguna cosa que estuviera fuera de lugar. La puerta aún estaba cerrada, pero los hombres tenían todas las intenciones de entrar a la casa.

Los nueve descendientes IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora