Al día siguiente de aquella petición las embarcaciones se estaban recién preparando para dar inicio a esta travesía.
Los príncipes junto a Donka se reunieron temprano a ver como los soldados se equipaban para la batalla. Iban tan armados que Tristán no pudo evitar pensar que tenían la victoria asegurada, aunque sabía que no era así.
-Creo que tardarán más de lo esperado -mencionó Tristán entre un suspiro.
-Sí, aunque pensé que serían más -comentó Donka mirando a los soldados que subían a los barcos.
-Son menos de la mitad del total -aseguró Zen algo serio.
-¡Debiste pedirle más a tus padres! -reclamó Bianca-. Con este número de soldados nos harán papilla.
-Ya no vale la pena, puede que nos quiten las tropas si les pedimos más -dijo Zen-. Ellos no quieren dejar su propio reino desprotegido. Es lógico.
-Zen tiene razón -aseguró Tristán pasándose los dedos por la barbilla-. Lo mejor será dejar las cosas así. Creo que los que ya tenemos están capacitados, aunque... creo que exageraron con el número. Esto es para invadir un pueblo pequeño, no el más importante y grande del continente.
-Los soldados están protegidos -agregó Donka-. Hay varios espíritus cuidándolos.
-Ellos no hacen nada -Bianca le hizo "bajarse de la nube"-. No pueden defenderte en una batalla ni nada por el estilo.
-Es algo más de alma -explicó la muchacha-. Ellos les cuidan desde el más allá, y si alguno de los soldados debe morir no lo hará solo, porque los espíritus están ahí para ellos.
Bianca se quedó callada para evitar una pelea innecesaria, y Zen empezó a caminar alrededor de los barcos, como si estuviera examinando la estructura de estos. Tristán se dio la vuelta hacia el otro lado, organizándose con el capitán de uno de los barcos, dejando a Bianca y Donka en un incómodo silencio, cuando la repentina voz de Zen resaltó entre los balbuceos de los soldados.
-Algunas puertas inferiores estaban abiertas, ¿en qué estaban pensando? -dijo Zen en voz alta.
Los capitanes de los barcos se miraron boquiabiertos ante la información planteada por el príncipe Zen. Ellos recordaban perfectamente haberlas cerrado durante la tarde del día anterior.
-Los barcos se hubieran hundido si quedaban de esta forma -aseguró él, mientras que unos soldados se acercaban a cerrar las puertas-. No tengo autoridad oficial alguna para decirlo, pero revisen bien los barcos. No pienso poner en peligro la vida de nadie en el trayecto, este viaje debe ser sumamente seguro. Los necesitamos a todos en una pieza, así que háganlo.
Mientras que la mayoría de los soldados subían a los barcos a través de un puente de madera despegable, unos superiores empezaron a revisar la estructura y las partes de los barcos. Todo lo demás parecía en orden.
-Zen, ¿y ahora qué? -preguntó Bianca acercándose a su hermano-. ¿Qué haremos al llegar a Mazeriver? Porque llevar las tropas al hostal sería estúpido.
-Tú encárgate de viajar en el Curuxa y llegar a Searriver -le explicó su hermano-. Tu misión ahora será explicarle a los demás que deben ir a Mazeriver con sus armas. Allí nos reuniremos para planear el ataque.
-¡¿Qué?! ¿Me mandarás sola? -preguntó Bianca-. ¿Por qué no me avisaste antes?
-Si no quieres ir sola podrías ir con Donka -sugirió Zen-. Yo me aseguraré de informar bien a las tropas con Tristán, así que debo quedarme aquí.
-¿Q-Qué? -dudó Donka mirando a la princesa. Ella prefería quedarse con Tristán, pues él era quien más le comprendía de este particular grupo.
-Ambas llegarán primero que nosotros probablemente, tendrán tiempo para avisarle al resto sobre ir a Mazeriver -aseveró Tristán-. Todos los días iré solo junto al cartel que anuncia la llegada a Mazeriver. Así que espérenme allí. La idea no es tener las tropas a la vista. Es una misión secreta.
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Los nueve descendientes II
FantasíaSegundo libro de "Los nueve descendientes" Tras aquel inesperado encuentro, Arthur deberá buscar las respuestas a todas sus preguntas, aunque para lograrlo, deberá correr ciertos riesgos que podrían o no, arriesgar la vida de las personas que ama. ...
